La posibilidad de que la Unión Europea abra canales directos de diálogo con Rusia para intentar impulsar una salida negociada a la guerra en Ucrania ha abierto una de las fracturas más delicadas dentro del bloque comunitario. Mientras algunas capitales consideran inevitable que Europa participe de forma activa en futuras negociaciones con el Kremlin, otras creen que cualquier contacto solo fortalecería al presidente ruso, Vladimir Putin, y pondría en riesgo la unidad occidental que se instauró en 2022.. El debate sobre un posible acercamiento lleva meses sobrevolando Bruselas, pero se intensificó después de que el presidente del Consejo Europeo, António Costa, asegurara al diario «Financial Times» que ya mantiene conversaciones con los líderes de los Veintisiete para coordinar una posición común de cara a una eventual negociación. Este nuevo impulso viene dado principalmente por el malestar de los europeos ante las negociaciones de paz lideradas por el presidente estadounidense, Donald Trump, que no han incluido a ningún representante europeo. Desde el Kremlin, el portavoz Dmitry Peskov aseguró que Putin está dispuesto a negociar “con todos”, también con Europa, aunque insistió en que Moscú no dará el primer paso.. La posición europea, sin embargo, está lejos de ser homogénea, y con cada ataque ruso hacia población ucraniana se hace más difícil justificar un diálogo normal con Moscú. Precisamente este pasado miércoles, tras un ataque masivo a plena luz del día, Rusia bombardeó de nuevo Kiev y otras regiones durante la noche con cientos de drones y misiles, provocando la muerte de siete personas, entre ellas una niña de 12 años. «La presión sobre Moscú debe ser tal que sienta las consecuencias de su terror allí. Es importante que las sanciones globales contra Rusia se mantengan», pidió el presidente ucraniano, Volodímir Zelensky.. Tras conocer la noticia, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, denunció que Rusia “se burla abiertamente de los esfuerzos diplomáticos” y reiteró la importancia de seguir fortaleciendo a Ucrania y de mantener “la presión sobre la economía de guerra rusa”.. La división entre los líderes quedó expuesta esta semana durante la reunión de ministros de Asuntos Exteriores celebrada en Bruselas. Por un lado, el bloque aperturista, liderado por Francia e Italia, urge a recuperar la vía diplomática para evitar que la UE quede marginada frente a las negociaciones de Trump. «Ha llegado el momento de que Europa también dialogue con Rusia», defendió la italiana Giorgia Meloni, advirtiendo que la influencia de la Unión será nula si renuncia a ser un interlocutor directo en el conflicto.. Macron fue incluso más lejos y envió discretamente a su principal asesor diplomático, Emmanuel Bonne, a Moscú el pasado febrero para explorar posibles contactos. La iniciativa, sin embargo, terminó sin resultados y fue calificada por las autoridades rusas como “diplomacia patética”. La falta de avances de esta visita reforzó a los sectores más escépticos dentro de la UE, encabezados por Alemania, Polonia y los países bálticos.. La alta representante para Política Exterior de la UE, Kaja Kallas, llegó a advertir que la Unión no debe “humillarse” rogando conversaciones a Moscú. Aun así, Kallas intenta ahora encontrar un punto de equilibrio entre las distintas sensibilidades nacionales. La jefa de la diplomacia europea ha reiterado que la UE debe definir primero sus condiciones y líneas rojas antes de abrir la comunicación con el Kremlin.. Ese será uno de los puntos de la próxima reunión de ministros de Asuntos Exteriores, que se celebrará a finales de mes en Chipre. Por ahora, el único consenso entre los Veintisiete parece ser la necesidad de que, si llega el momento de negociar, Europa hable con una sola voz. La idea de nombrar un enviado especial europeo gana terreno en Bruselas, aunque todavía no existe acuerdo sobre quién podría asumir ese papel. Entre los nombres que circulan informalmente figuran el presidente finlandés, Alexander Stubb, la excomisaria Margrethe Vestager o el viceprimer ministro de Luxemburgo, Xavier Bettel.. Mientras tanto, la evolución de la guerra continúa condicionando el debate. Los ataques rusos contra infraestructuras civiles dificultan cualquier apertura diplomática. Pero al mismo tiempo, el desgaste económico ruso y el enorme coste financiero asumido por la UE para sostener a Ucrania alimentan entre algunas capitales la idea de que tarde o temprano será inevitable sentarse a negociar con Moscú.. Cuatro años después del inicio de la invasión, la Unión Europea sigue sin resolver una pregunta fundamental: cómo hablar con Rusia sin poner en riesgo ni la unidad europea ni el apoyo a Kiev.
La posibilidad de que la Unión Europea abra canales directos de diálogo con Rusia para intentar impulsar una salida negociada a la guerra en Ucrania ha abierto una de las fracturas más delicadas dentro del bloque comunitario. Mientras algunas capitales consideran inevitable que Europa participe de forma activa en futuras negociaciones con el Kremlin, otras creen que cualquier contacto solo fortalecería al presidente ruso, Vladimir Putin, y pondría en riesgo la unidad occidental que se instauró en 2022.. El debate sobre un posible acercamiento lleva meses sobrevolando Bruselas, pero se intensificó después de que el presidente del Consejo Europeo, António Costa, asegurara al diario «Financial Times» que ya mantiene conversaciones con los líderes de los Veintisiete para coordinar una posición común de cara a una eventual negociación. Este nuevo impulso viene dado principalmente por el malestar de los europeos ante las negociaciones de paz lideradas por el presidente estadounidense, Donald Trump, que no han incluido a ningún representante europeo. Desde el Kremlin, el portavoz Dmitry Peskov aseguró que Putin está dispuesto a negociar “con todos”, también con Europa, aunque insistió en que Moscú no dará el primer paso.. La posición europea, sin embargo, está lejos de ser homogénea, y con cada ataque ruso hacia población ucraniana se hace más difícil justificar un diálogo normal con Moscú. Precisamente este pasado miércoles, tras un ataque masivo a plena luz del día, Rusia bombardeó de nuevo Kiev y otras regiones durante la noche con cientos de drones y misiles, provocando la muerte de siete personas, entre ellas una niña de 12 años. «La presión sobre Moscú debe ser tal que sienta las consecuencias de su terror allí. Es importante que las sanciones globales contra Rusia se mantengan», pidió el presidente ucraniano, Volodímir Zelensky.. Tras conocer la noticia, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, denunció que Rusia “se burla abiertamente de los esfuerzos diplomáticos” y reiteró la importancia de seguir fortaleciendo a Ucrania y de mantener “la presión sobre la economía de guerra rusa”.. La división entre los líderes quedó expuesta esta semana durante la reunión de ministros de Asuntos Exteriores celebrada en Bruselas. Por un lado, el bloque aperturista, liderado por Francia e Italia, urge a recuperar la vía diplomática para evitar que la UE quede marginada frente a las negociaciones de Trump. «Ha llegado el momento de que Europa también dialogue con Rusia», defendió la italiana Giorgia Meloni, advirtiendo que la influencia de la Unión será nula si renuncia a ser un interlocutor directo en el conflicto.. Macron fue incluso más lejos y envió discretamente a su principal asesor diplomático, Emmanuel Bonne, a Moscú el pasado febrero para explorar posibles contactos. La iniciativa, sin embargo, terminó sin resultados y fue calificada por las autoridades rusas como “diplomacia patética”. La falta de avances de esta visita reforzó a los sectores más escépticos dentro de la UE, encabezados por Alemania, Polonia y los países bálticos.. La alta representante para Política Exterior de la UE, Kaja Kallas, llegó a advertir que la Unión no debe “humillarse” rogando conversaciones a Moscú. Aun así, Kallas intenta ahora encontrar un punto de equilibrio entre las distintas sensibilidades nacionales. La jefa de la diplomacia europea ha reiterado que la UE debe definir primero sus condiciones y líneas rojas antes de abrir la comunicación con el Kremlin.. Ese será uno de los puntos de la próxima reunión de ministros de Asuntos Exteriores, que se celebrará a finales de mes en Chipre. Por ahora, el único consenso entre los Veintisiete parece ser la necesidad de que, si llega el momento de negociar, Europa hable con una sola voz. La idea de nombrar un enviado especial europeo gana terreno en Bruselas, aunque todavía no existe acuerdo sobre quién podría asumir ese papel. Entre los nombres que circulan informalmente figuran el presidente finlandés, Alexander Stubb, la excomisaria Margrethe Vestager o el viceprimer ministro de Luxemburgo, Xavier Bettel.. Mientras tanto, la evolución de la guerra continúa condicionando el debate. Los ataques rusos contra infraestructuras civiles dificultan cualquier apertura diplomática. Pero al mismo tiempo, el desgaste económico ruso y el enorme coste financiero asumido por la UE para sostener a Ucrania alimentan entre algunas capitales la idea de que tarde o temprano será inevitable sentarse a negociar con Moscú.. Cuatro años después del inicio de la invasión, la Unión Europea sigue sin resolver una pregunta fundamental: cómo hablar con Rusia sin poner en riesgo ni la unidad europea ni el apoyo a Kiev.
La posición europea, sin embargo, está lejos de ser homogénea, y con cada ataque ruso hacia población ucraniana se hace más difícil justificar un diálogo normal con Moscú
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