Vecinos, turistas y demás transeúntes todavía los miran con algo de extrañeza. Apostados en glorietas y en las aceras más anchas de la capital, algunos de los habituales quioscos de prensa lucen una nueva cara. Vinilos, revistas especializadas, ilustraciones, brownies y cookies, café de especialidad y hasta bisutería, que se conjugan con los principales periódicos y revistas impresas, son los productos que potencian la reconversión de un negocio venido a menos en los últimos años. “Para que sea rentable esto hay que echarle muchas horas y trabajar con mucha mercancía”, adelanta el quiosquero Fausto Palmieri. Según los datos de los quioscos que integran la Asociación de Vendedores Profesionales de Prensa de Madrid (AVPPM), en enero de 2016 la capital contaba con 497 puntos de venta. En enero de este 2026, la cifra había descendido a 262. La diferencia es de 235.. Seguir leyendo
La capital se puebla de templetes cerrados mientras nacen otras iniciativas que intentan diversificar y modernizar los productos ante la mirada de los tradicionales vendedores de periódicos y revistas, quienes pugnan por no perder su esencia
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Vecinos, turistas y demás transeúntes todavía los miran con algo de extrañeza. Apostados en glorietas y en las aceras más anchas de la capital, algunos de los habituales quioscos de prensa lucen una nueva cara. Vinilos, revistas especializadas, ilustraciones, brownies y cookies, café de especialidad y hasta bisutería, que se conjugan con los principales periódicos y revistas impresas, son los productos que potencian la reconversión de un negocio venido a menos en los últimos años. “Para que sea rentable esto hay que echarle muchas horas y trabajar con mucha mercancía”, adelanta el quiosquero Fausto Palmieri. Según los datos de los quioscos que integran la Asociación de Vendedores Profesionales de Prensa de Madrid (AVPPM), en enero de 2016 la capital contaba con 497 puntos de venta. En enero de este 2026, la cifra había descendido a 262. La diferencia es de 235.. Palmieri es un venezolano que llegó a España en 2020, justo el año en que cerró el quiosco que ocupa ahora a la altura del número 114 de la calle Alcalá. Tres años después, se encendió una bombilla que no ha dejado de alumbrar ni, en su caso, sonar. Especializado en vinilos, el quiosco Morrison atesora cientos de ellos. “Y también vendemos prensa, café, ilustraciones de artistas locales, camisetas y tocadiscos”, dice cerca de los chicles, mecheros y paraguas que igualmente oferta.. Más información. Este músico amateur tiene 39 años y 25.000 euros más de deuda desde que el banco se los prestó para hacerse con la licencia del quiosco, en el que se mezclan álbumes de Nino Bravo, John Coltrane y Rosalía. Estar a pie de calle ha hecho que vea cómo todavía hay personas que se asombran de que los vinilos tengan su público: “Mi idea es que la gente vuelva a tener un punto en el que conversar y dejarse asesorar”, enfatiza.. Fausto Palmieri, en el Quiosco Morrison en Madrid.Ines Arcones. A 500 metros de él se encuentra Sergio Alonso, propietario de Épico. “Desde que llegamos, es lo más fotografiado de la calle”, comenta. Épico es una cafetería en Malasaña que desde hace tres meses tiene una pequeña réplica en el número 37 de la calle Conde de Peñalver. Alonso y un amigo decidieron apostar por este quiosco cercano al metro de Lista tras abonar 41.000 euros al antiguo dueño. “Montamos una cafetería de especialidad take-away con las ideas que teníamos de cómo utilizar una cafetera sin toma de agua”, detalla este empresario de 36 años.. Al igual que todos los demás puntos de venta de estas características, están obligados a vender la prensa del día. A las cabeceras más conocidas se suman brownies, cookies y zumos embotellados. También hay revistas, algunos vinilos y libros gastronómicos. Abren todos los días de la semana, para disfrute de los parroquianos, que gozan de un quiosco de prensa tradicional al otro lado de la calle. El negocio es rentable, aunque algo cansado, expresa Alonso.. El quiosco Épico, en Madrid.Inés Arcones. Al menos no ha cerrado. Tiffany da Silva es otra de las personas que ha conseguido que la cifra no baje de los 262 que hay ahora. Tras más de una década afincada en la capital, en abril de 2025 decidió reabrir las puertas del quiosco situado en el número 1 de la calle Luchana. Lo llamó Pídeme un deseo y ya es reconocido por el vecindario como un punto especializado en bisutería tras pagar 50.000 euros a su antiguo propietario. “Podía vender tabaco, pero yo estoy en contra y lo quité”, detalla esta venezolana.. No es a lo único a lo que se dedica esta joven emprendedora de 29 años. A la vez, es la responsable de redes sociales y páginas web de diversos restaurantes y tiendas. “Solo del quiosco ahora mismo no podría mantenerme. He contratado a una persona y este primer año ha sido todo cuesta arriba”, reconoce. Sobre la prensa que vende, Da Silva subraya que apenas hay compradores. “Y es una pena, pero eso ha hecho que se puedan reconvertir y embellecer los quioscos”, valora. El suyo está poblado de espejos, colgantes, pulseras y llaveros, así como algunas revistas de moda.. El quiosco Pídeme un deseo, en Madrid.Inés Arcones. Parecido es lo que piensa Andrei Hillebrand, al frente junto con dos amigos más del quiosco Extra, en el número 41 de la calle Embajadores, que abre viernes por la tarde y sábados y domingos por la mañana. “Cada uno nos aproximamos al proyecto con nuestros intereses particulares, pero con la idea de mantener vivo algo que nos apena que se pierda”, admite este investigador tecnológico. Natural de Tenerife y con 43 años, Hillebrand asegura que uno de sus objetivos es intentar que los pequeños negocios no se vean desplazados en el barrio. Invirtieron 12.000 euros en la compra de la licencia.. Insertado en Lavapiés, casi a la entrada del Mercado de San Fernando, desde su apertura en febrero de 2025, el quiosco Extra se mantiene por la venta de revistas “muy seleccionadas” y libros de diseño e ilustración. “También tenemos algo de papelería vintage y fanzines, porque queremos dejar un espacio para la gente que se autoedita y crea cosas”, añade el mismo Hillebrand delante de la cortinilla que hace de frontera con una suerte de trastienda al fondo del quiosco.. El quiosco Extra, en Madrid.Ines Arcones. Mantener la esencia. Las ventas del quiosco Extra, que sobre todo los domingos beben de los asiduos al Rastro, colman las apetencias de la clientela de toda la vida, mientras que atraen a curiosos. “Agradecen mucho que llegue gente que apuesta por el barrio”, destaca. Todo esto ocurre después de que Aurelio Izquierdo se jubilara de este mismo quiosco, al que acudió por última vez el 3 de diciembre de 2024 y en el que comenzó a trabajar junto a su padre, quien consiguió la licencia en los años 70. “Yo creo que la prensa que venden es hasta con pérdidas”, determina.. Se refiere a que los periódicos que ofrecen en el quiosco son comprados en otros puntos de venta. “Los tienen porque tienen que tenerlos. Un domingo que estuve solo vi unos siete ejemplares de EL PAÍS, cuando yo vendía hasta 90 cuando la cosa ya estaba mal”, ilustra. De todas formas, Izquierdo apunta que le parece bien esta reconversión, sobre todo de cara a que los quioscos no cierren en tres años, cuando caducan las licencias que poseen con el Ayuntamiento de Madrid.. Andrei Hillebrand, en el quiosco Extra.Ines Arcones. Javier Galindo, secretario de la AVPPM y quiosquero en el barrio de Ventas, acepta que “cada uno va buscando su camino y forma de sobrevivir”. Sin embargo, le preocupa que se pierda “la esencia” de estos enclaves, cuyo “fin principal” es la venta de prensa, precisa. “Nos permiten vender café, pero que tenga la mínima manipulación. La ordenanza está pensada para el café de cápsulas”, ejemplifica.. La Asociación mira con cierto recelo este resurgimiento de los quioscos que podría “desvirtuarlos” de su actividad original: “Está claro que de la prensa no podemos vivir, pero tampoco convertir el punto en una cafetería, porque llegará el Ayuntamiento y dirá que para eso pondría un quiosco de cafetería, no de prensa”, se explaya el secretario.. Galindo propone otro tipo de actividades para diversificar la procedencia de las ganancias. Recuerda experiencias como firmas de libros y presentaciones de discos, así como la instalación de lockers y cajeros de banco anexados a los propios quioscos. Por el momento, siguen negociando con el Consistorio de cara a 2029. “Lo que no queremos es convertirnos en algo que no somos”, concluye. Como tantas veces, no solo es reinventarse o morir, sino cómo hacerlo.
