El vino no necesita cambiar de esencia para conectar con los jóvenes, pero sí aprender a hablar su lenguaje. Ese ha sido uno de los mensajes compartidos durante la primera jornada del XV Curso de Verano del Vino, ‘Nuevos jóvenes. Nuevos códigos. ¿Nuevo vino?’, de la Universidad Europea Miguel de Cervantes (UEMC), que ha reunido en Valladolid a bodegueros, comunicadores, sumilleres, periodistas especializados y expertos en turismo, marketing y creación de contenido para reflexionar sobre el futuro del sector vitivinícola ante el cambio generacional. A lo largo de tres mesas redondas, los participantes han coincidido en que el sector afronta un reto que va mucho más allá del producto: comprender cómo han cambiado las formas de ocio, los lenguajes digitales y las experiencias que buscan los nuevos consumidores para volver a conectar con ellos. Del tardeo al sober curious: el ocio cambia y el vino busca su lugar El cambio en las formas de ocio, el auge de un consumo más consciente y el peso creciente de las redes sociales están obligando al sector vitivinícola a replantear cómo comunicar, conectar con los nuevos consumidores y diseñar experiencias relevantes. Esa ha sido una de las principales conclusiones de la mesa inaugural del XV Curso de Verano del Vino de la UEMC, titulada ‘Del tardeo al sober curious: cómo han cambiado los planes’. En la inauguración, el rector de la Universidad Europea Miguel de Cervantes, David García López, recordó que el vino va mucho más allá del producto: representa empleo, economía, turismo y cultura. Por ello defendió que la Universidad sea un espacio para analizar estos cambios «sin sesgos ni prejuicios» y dialogar con quienes conocen de primera mano la realidad del mundo del vino. El crítico y divulgador Santi Rivas dibujó un escenario marcado por dos formas de consumo cada vez más diferenciadas. Quien bebe menos alcohol, explicó, busca mayor calidad y está dispuesto a gastar más porque espera que el vino le aporte una experiencia. El consumo vinculado simplemente al alcohol, en cambio, seguirá descendiendo entre los jóvenes a medida que cambia la percepción social sobre sus efectos. Flor Bonet, gerente del Palacio de Canedo de Prada A Tope, compartió esa lectura, aunque introdujo un matiz: los jóvenes sí consumen vino, pero lo hacen de otra manera. El vino ha perdido parte del tecnicismo y del componente de esnobismo que tradicionalmente lo rodeaban, al tiempo que también han cambiado los hábitos gastronómicos y el poder adquisitivo de muchos consumidores, factores que condicionan sus decisiones de compra. Vicente Ortega, impulsor del encuentro Catarsis, planteó la pregunta de fondo: ¿qué papel quiere ocupar el vino entre las nuevas generaciones? Reconoció que propuestas como el frizzante o el vino sin alcohol forman parte de los productos que hoy consumen muchos jóvenes, un escenario que obliga al sector a reflexionar sobre cómo adaptarse a los nuevos hábitos sin renunc
Expertos, bodegueros, comunicadores y creadores de contenido coinciden en que el sector vitivinícola debe replantear cómo comunicar, conectar con los nuevos consumidores y diseñar experiencias relevantes
El vino no necesita cambiar de esencia para conectar con los jóvenes, pero sí aprender a hablar su lenguaje. Ese ha sido uno de los mensajes compartidos durante la primera jornada del XV Curso de Verano del Vino, ‘Nuevos jóvenes. Nuevos códigos. ¿Nuevo vino?’, de la Universidad Europea Miguel de Cervantes (UEMC), que ha reunido en Valladolid a bodegueros, comunicadores, sumilleres, periodistas especializados y expertos en turismo, marketing y creación de contenido para reflexionar sobre el futuro del sector vitivinícola ante el cambio generacional.A lo largo de tres mesas redondas, los participantes han coincidido en que el sector afronta un reto que va mucho más allá del producto: comprender cómo han cambiado las formas de ocio, los lenguajes digitales y las experiencias que buscan los nuevos consumidores para volver a conectar con ellos.Del tardeo al sober curious: el ocio cambia y el vino busca su lugarEl cambio en las formas de ocio, el auge de un consumo más consciente y el peso creciente de las redes sociales están obligando al sector vitivinícola a replantear cómo comunicar, conectar con los nuevos consumidores y diseñar experiencias relevantes. Esa ha sido una de las principales conclusiones de la mesa inaugural del XV Curso de Verano del Vino de la UEMC, titulada ‘Del tardeo al sober curious: cómo han cambiado los planes’.En la inauguración, el rector de la Universidad Europea Miguel de Cervantes, David García López, recordó que el vino va mucho más allá del producto: representa empleo, economía, turismo y cultura. Por ello defendió que la Universidad sea un espacio para analizar estos cambios «sin sesgos ni prejuicios» y dialogar con quienes conocen de primera mano la realidad del mundo del vino.El crítico y divulgador Santi Rivas dibujó un escenario marcado por dos formas de consumo cada vez más diferenciadas. Quien bebe menos alcohol, explicó, busca mayor calidad y está dispuesto a gastar más porque espera que el vino le aporte una experiencia. El consumo vinculado simplemente al alcohol, en cambio, seguirá descendiendo entre los jóvenes a medida que cambia la percepción social sobre sus efectos.Flor Bonet, gerente del Palacio de Canedo de Prada A Tope, compartió esa lectura, aunque introdujo un matiz: los jóvenes sí consumen vino, pero lo hacen de otra manera. El vino ha perdido parte del tecnicismo y del componente de esnobismo que tradicionalmente lo rodeaban, al tiempo que también han cambiado los hábitos gastronómicos y el poder adquisitivo de muchos consumidores, factores que condicionan sus decisiones de compra.Vicente Ortega, impulsor del encuentro Catarsis, planteó la pregunta de fondo: ¿qué papel quiere ocupar el vino entre las nuevas generaciones? Reconoció que propuestas como el frizzante o el vino sin alcohol forman parte de los productos que hoy consumen muchos jóvenes, un escenario que obliga al sector a reflexionar sobre cómo adaptarse a los nuevos hábitos sin renunciar a l
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