Tener dos niñas pequeñas y pasar el invierno entre catarros, congestiones y noches sin dormir acabó cambiando la vida de Ángela Herrero Martínez-Portillo y Alberto Santo Domingo Saiz. Lo que empezó como una búsqueda de soluciones para aliviar los problemas respiratorios de sus hijas les llevó a recorrer otras ciudades para probar una terapia poco conocida en España y, meses después, a abrir en Burgos Sal-Arte, el primer centro especializado en haloterapia de la provincia.. La aventura empresarial comenzó lejos de cualquier plan de negocio. «Los niños de guardería siempre traen mocos», resume Alberto. Aquellas visitas a centros de haloterapia en otras ciudades despertaron una pregunta sencilla: si a ellos les estaba ayudando, ¿por qué no existía algo parecido en Burgos?. La respuesta llegó en forma de emprendimiento. A finales de enero abrieron Sal-Arte, un espacio basado en la inhalación de micropartículas de sal seca en ambientes controlados que recrean las condiciones de una cueva de sal. Apenas unos meses después, en mayo, el proyecto recibió un accésit en el VIII Concurso a Mejor Proyecto Empresarial de AJE Burgos y Cajaviva, un reconocimiento que les ayudó a darse a conocer entre una población que todavía observa con curiosidad esta práctica.. Pero detrás del premio hay meses de burocracia, licencias, trámites y dudas. «Cuando montas algo nuevo, todo son problemas», reconocen. La falta de referencias previas hizo que muchos procedimientos fueran más lentos de lo habitual: «Al ser algo diferente, muchas veces tenían que consultar cómo encajarlo o qué requisitos pedirnos».. Lo que más les sorprendió, sin embargo, no fueron las dificultades administrativas, sino las historias que empezaron a escuchar al otro lado del mostrador.. Detrás de cada cita aparecían padres preocupados por hijos con bronquitis recurrentes, familias acostumbradas a visitar urgencias varias veces al año o personas que simplemente buscaban volver a respirar con normalidad. «Al principio yo llamaba a Ángela y le decía que lo estaba pasando mal. No era consciente de la cantidad de gente que convive con estos problemas», recuerda Alberto.. Con el paso de los meses llegaron también las historias positivas. Familias que les contaban que llevaban semanas sin acudir a urgencias o usuarios que aseguraban notar alivio tras las sesiones. Son esos testimonios los que han reforzado la convicción de unos emprendedores que apostaron por una idea desconocida para buena parte de los burgaleses.. De niños a deportistas. Hoy, el perfil de quienes acuden a Sal-Arte es tan variado como inesperado. Niños pequeños, deportistas, personas con alergias, fumadores, exfumadores o mayores con problemas respiratorios comparten espacio en unas instalaciones que buscan combinar bienestar y salud respiratoria. De hecho, lo que comenzó atrayendo principalmente a familias con niños está despertando cada vez más interés entre los adultos y las personas mayores, muchas veces recomendados por familiares que ya habían probado la experiencia.. La llegada de la primavera y el aumento de las alergias han incrementado además la actividad del centro. Según explican, muchos usuarios llegan recomendados por conocidos de otras ciudades donde las denominadas cuevas de sal llevan años funcionando, mientras otros descubren por primera vez una terapia que hasta ahora les resultaba completamente ajena.. Ese boca a boca ha permitido que las visitas ya no procedan únicamente de la capital burgalesa. Clientes de Briviesca, Villarcayo, distintos puntos de la provincia e incluso de Palencia han pasado por un negocio que apenas lleva unos meses abierto.. Lejos de conformarse, Ángela y Alberto ya trabajan en una nueva fase del proyecto. Su objetivo es habilitar una gran sala para actividades grupales, yoga y sesiones destinadas a colegios o equipos deportivos. Una apuesta que pretende ampliar el alcance de una iniciativa nacida, paradójicamente, de un problema tan cotidiano como los mocos de dos niñas pequeñas.. Porque si algo tienen claro ambos emprendedores es qué quieren aportar a Burgos. «Tranquilidad», responde Alberto sin dudar. La misma que ellos buscaban para sus propias hijas y que hoy intentan ofrecer a otras familias desde un proyecto que nació de una necesidad cotidiana y que, en apenas unos meses, ya ha encontrado reconocimiento dentro y fuera del sector empresarial.
Ángela Herrero Martínez-Portillo y Alberto Santo Domingo Saiz abrieron Sal-Arte a finales de enero después de descubrir las cuevas de sal artificiales en otras ciudades, transformando una necesidad familiar en un proyecto pionero en la provincia
Tener dos niñas pequeñas y pasar el invierno entre catarros, congestiones y noches sin dormir acabó cambiando la vida de Ángela Herrero Martínez-Portillo y Alberto Santo Domingo Saiz. Lo que empezó como una búsqueda de soluciones para aliviar los problemas respiratorios de sus hijas les llevó a recorrer otras ciudades para probar una terapia poco conocida en España y, meses después, a abrir en Burgos Sal-Arte, el primer centro especializado en haloterapia de la provincia.. La aventura empresarial comenzó lejos de cualquier plan de negocio. «Los niños de guardería siempre traen mocos», resume Alberto. Aquellas visitas a centros de haloterapia en otras ciudades despertaron una pregunta sencilla: si a ellos les estaba ayudando, ¿por qué no existía algo parecido en Burgos?. La respuesta llegó en forma de emprendimiento. A finales de enero abrieron Sal-Arte, un espacio basado en la inhalación de micropartículas de sal seca en ambientes controlados que recrean las condiciones de una cueva de sal. Apenas unos meses después, en mayo, el proyecto recibió un accésit en el VIII Concurso a Mejor Proyecto Empresarial de AJE Burgos y Cajaviva, un reconocimiento que les ayudó a darse a conocer entre una población que todavía observa con curiosidad esta práctica.. Pero detrás del premio hay meses de burocracia, licencias, trámites y dudas. «Cuando montas algo nuevo, todo son problemas», reconocen. La falta de referencias previas hizo que muchos procedimientos fueran más lentos de lo habitual: «Al ser algo diferente, muchas veces tenían que consultar cómo encajarlo o qué requisitos pedirnos».. Lo que más les sorprendió, sin embargo, no fueron las dificultades administrativas, sino las historias que empezaron a escuchar al otro lado del mostrador.. Detrás de cada cita aparecían padres preocupados por hijos con bronquitis recurrentes, familias acostumbradas a visitar urgencias varias veces al año o personas que simplemente buscaban volver a respirar con normalidad. «Al principio yo llamaba a Ángela y le decía que lo estaba pasando mal. No era consciente de la cantidad de gente que convive con estos problemas», recuerda Alberto.. Con el paso de los meses llegaron también las historias positivas. Familias que les contaban que llevaban semanas sin acudir a urgencias o usuarios que aseguraban notar alivio tras las sesiones. Son esos testimonios los que han reforzado la convicción de unos emprendedores que apostaron por una idea desconocida para buena parte de los burgaleses.. De niños a deportistas. Hoy, el perfil de quienes acuden a Sal-Arte es tan variado como inesperado. Niños pequeños, deportistas, personas con alergias, fumadores, exfumadores o mayores con problemas respiratorios comparten espacio en unas instalaciones que buscan combinar bienestar y salud respiratoria. De hecho, lo que comenzó atrayendo principalmente a familias con niños está despertando cada vez más interés entre los adultos y las personas mayores, muchas veces recomendados por familiares que ya habían probado la experiencia.. La llegada de la primavera y el aumento de las alergias han incrementado además la actividad del centro. Según explican, muchos usuarios llegan recomendados por conocidos de otras ciudades donde las denominadas cuevas de sal llevan años funcionando, mientras otros descubren por primera vez una terapia que hasta ahora les resultaba completamente ajena.. Ese boca a boca ha permitido que las visitas ya no procedan únicamente de la capital burgalesa. Clientes de Briviesca, Villarcayo, distintos puntos de la provincia e incluso de Palencia han pasado por un negocio que apenas lleva unos meses abierto.. Lejos de conformarse, Ángela y Alberto ya trabajan en una nueva fase del proyecto. Su objetivo es habilitar una gran sala para actividades grupales, yoga y sesiones destinadas a colegios o equipos deportivos. Una apuesta que pretende ampliar el alcance de una iniciativa nacida, paradójicamente, de un problema tan cotidiano como los mocos de dos niñas pequeñas.. Porque si algo tienen claro ambos emprendedores es qué quieren aportar a Burgos. «Tranquilidad», responde Alberto sin dudar. La misma que ellos buscaban para sus propias hijas y que hoy intentan ofrecer a otras familias desde un proyecto que nació de una necesidad cotidiana y que, en apenas unos meses, ya ha encontrado reconocimiento dentro y fuera del sector empresarial.
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