La historia se ha ido construyendo paso a paso, con la mano del hombre como principal argumento. Haciendo y deshaciendo por partes iguales. Y resulta increíble que en pleno 2026 todavía subsistan construcciones humildes con cientos de años a sus espaldas. Castilla y León tiene buenos ejemplos de ellos, sobre todo patrimoniales, como catedrales, puentes, acueductos o piezas milenarias como los Toros de Guisando.. Pero en un rincón de los Ancares leoneses nos topamos con unas construcciones milenarias y ancestrales. Nos estamos refiriendo a Balboa, una pequeña localidad en el corazón del Bierzo, que todavía salvaguarda recuerdos de antaño y medievales, así como una apuesta por el mundo rural, que a día de hoy todavía subsiste. Eso sí, como puede.. Ya el camino hacia la localidad nos va sorprendiendo por los bosques y ríos de aguas cristalinas que lo rodean. Un valle donde se dice que la familia de Vasco Núñez de Balboa procedía de aquí, aunque el descubridor nacería en tierras extremeñas. Lo cierto es que en lo alto de la colina podemos contemplar los restos de su castillo medieval, con orígenes en el siglo XIII y donde se conserva a día de hoy su torre del homenaje y varios trozos de muralla. Escenario de batallas entre leoneses y gallegos en la Edad Media, era clave y estratégico al situarse entre Galicia y El Bierzo.. Declarado Bien de Interés Cultural, desde sus altura podemos obtener impresionantes vistas panorámicas sobre el valle. También el el pueblo merece la pena a acercarse hasta la iglesia de Santa Marina, considerada una de las iglesias renacentistas más importantes del Bierzo, y donde destaca su retablo mayor, de 1575, creado por Lucas Formente.. Pero si algo distingue a Balboa son sus pallozas. Construcciones tradicionales y únicas de planta circular u oval de entre diez y veinte metros de diámetro, con muros de piedra y tejado vegetal y que se remontan a tiempos prerromanos. Sus paredes, de escasa altura, se encuentran construidas en piedra y techadas por un manto tejido con tallos de centeno o de otras especies vegetales. Algunas aún siguen en uso mientras que otras han sido restauradas con fines turísticos.. Las construcciones daban cabida, de manera conjunta, tanto a humanos como a ganado y su estructura servía para aprovechar el calor que desprendían los animales y ayudar de esta manera a sobrellevar la dureza de los inviernos de estas zonas. Dormir o comer bajo su cubierta es una experiencia única y si además se acompaña con productos típicos de la zona, como potajes de berza o de gallina, botillo, jamón o empanadas, no hay más que decir.. Desde hace años, desde el Ayuntamiento y entidades locales se están llevando a cabo talleres demostrativos con el fin de involucrar a los más jóvenes en la recuperación de estos espacios. Un vestigio del pasado, pero que marca la relación entre el territorio y aquellos que lo habitan.
Ubicado en los Ancares leoneses, estas construcciones únicas seducen al visitante por su fisonomía
La historia se ha ido construyendo paso a paso, con la mano del hombre como principal argumento. Haciendo y deshaciendo por partes iguales. Y resulta increíble que en pleno 2026 todavía subsistan construcciones humildes con cientos de años a sus espaldas. Castilla y León tiene buenos ejemplos de ellos, sobre todo patrimoniales, como catedrales, puentes, acueductos o piezas milenarias como los Toros de Guisando.. Pero en un rincón de los Ancares leoneses nos topamos con unas construcciones milenarias y ancestrales. Nos estamos refiriendo a Balboa, una pequeña localidad en el corazón del Bierzo, que todavía salvaguarda recuerdos de antaño y medievales, así como una apuesta por el mundo rural, que a día de hoy todavía subsiste. Eso sí, como puede.. Ya el camino hacia la localidad nos va sorprendiendo por los bosques y ríos de aguas cristalinas que lo rodean. Un valle donde se dice que la familia de Vasco Núñez de Balboa procedía de aquí, aunque el descubridor nacería en tierras extremeñas. Lo cierto es que en lo alto de la colina podemos contemplar los restos de su castillo medieval, con orígenes en el siglo XIII y donde se conserva a día de hoy su torre del homenaje y varios trozos de muralla. Escenario de batallas entre leoneses y gallegos en la Edad Media, era clave y estratégico al situarse entre Galicia y El Bierzo.. Declarado Bien de Interés Cultural, desde sus altura podemos obtener impresionantes vistas panorámicas sobre el valle. También el el pueblo merece la pena a acercarse hasta la iglesia de Santa Marina, considerada una de las iglesias renacentistas más importantes del Bierzo, y donde destaca su retablo mayor, de 1575, creado por Lucas Formente.. Pero si algo distingue a Balboa son sus pallozas. Construcciones tradicionales y únicas de planta circular u oval de entre diez y veinte metros de diámetro, con muros de piedra y tejado vegetal y que se remontan a tiempos prerromanos. Sus paredes, de escasa altura, se encuentran construidas en piedra y techadas por un manto tejido con tallos de centeno o de otras especies vegetales. Algunas aún siguen en uso mientras que otras han sido restauradas con fines turísticos.. Las construcciones daban cabida, de manera conjunta, tanto a humanos como a ganado y su estructura servía para aprovechar el calor que desprendían los animales y ayudar de esta manera a sobrellevar la dureza de los inviernos de estas zonas. Dormir o comer bajo su cubierta es una experiencia única y si además se acompaña con productos típicos de la zona, como potajes de berza o de gallina, botillo, jamón o empanadas, no hay más que decir.. Desde hace años, desde el Ayuntamiento y entidades locales se están llevando a cabo talleres demostrativos con el fin de involucrar a los más jóvenes en la recuperación de estos espacios. Un vestigio del pasado, pero que marca la relación entre el territorio y aquellos que lo habitan.
Noticias de Castilla y León: última hora local en La Razón
