El dolor menstrual no es una simple molestia; para muchas mujeres, es una realidad que condiciona su rutina diaria, su rendimiento académico y su bienestar emocional, llegando en ocasiones hasta incapacitarlas. A pesar de su prevalencia, la medicina y la sociedad han tendido a normalizarlo, empujando a quienes lo sufren hacia la automedicación y el aislamiento. En este contexto, un equipo de investigación del Departamento de Enfermería de la Universidad de Huelva (UHU) ha puesto en marcha un pionero estudio que busca combatir esta dolencia desde la nutrición, utilizando uno de los productos más emblemáticos de la provincia: las fresas frescas.. El ensayo clínico piloto ha sido liderado por Elia Fernández Martínez, matrona, doctora y profesora titular de la UHU, en colaboración con Cynthia del Rocío Márquez Beltrán, enfermera y doctoranda, y la profesora Ana Breu. El proyecto arroja resultados preliminares alentadores sobre cómo la introducción de este alimento en la dieta puede aliviar los síntomas de la dismenorrea primaria, que es como se define el dolor menstrual que no está asociado a ninguna causa patológica u orgánica evidente como quistes, endometriosis ni anomalías visibles en las pruebas de imagen.. Según explica la doctora Elia Fernández a LA RAZÓN, este problema, sobre el que lleva investigando más de una década, «afecta a más del 70% de las chicas jóvenes en edad fértil» y «condiciona gravemente la calidad de vida de las jóvenes y se asocia de forma directa con el absentismo y con un menor rendimiento académico en las estudiantes».. La investigadora advierte de que muchas mujeres llegan a sentirse estigmatizadas y profundamente incomprendidas por su entorno. «Socialmente hemos normalizado el dolor menstrual, lo cual constituye un grave problema. La mayoría de las jóvenes considera que no va a obtener ayuda y opta por no consultar a los profesionales sanitarios. Al final, se automedican siguiendo los consejos de su entorno más cercano, fundamentalmente de madres o hermanas, perpetuando el problema sin supervisión clínica», añade.. Fue precisamente la búsqueda de alternativas terapéuticas no farmacológicas lo que la llevó a poner el foco en las propiedades nutricionales de la fresa gracias a su alto contenido en polifenoles, unos compuestos bioactivos con una potente acción antioxidante y antiinflamatoria. «En diferentes investigaciones de la literatura médica ya se había demostrado que los polifenoles de la fresa eran eficaces para disminuir el dolor en otras patologías crónicas, como es el caso de la osteoartrosis de rodilla», detalla.. A partir de esa evidencia, se plantearon la hipótesis de si este beneficio podría extrapolarse a las mujeres que sufren dolor menstrual y para comprobarlo, diseñaron un ensayo clínico piloto con una muestra inicial de 64 estudiantes universitarias con características homogéneas: jóvenes, sin patologías previas asociadas y sin hijos. Además, compartían un entorno de alto estrés, ya que el estudio coincidió con sus periodos de exámenes y prácticas. Las participantes se dividieron en dos grupos: 33 de ellas consumieron un suplemento diario de 250 gramos de fresas frescas durante un mes, mientras que las 31 restantes formaron el grupo de control.. Los resultados superaron las expectativas del propio equipo investigador. Utilizando la Escala Visual Analógica (EVA) del dolor –donde 0 representa la ausencia total de molestia y 10 el dolor máximo insoportable–, el grupo que consumió las fresas experimentó una mejoría significativa en comparación con el grupo de control: «Hemos conseguido resultados muy buenos, ya que la intensidad del dolor en el primer día de sangrado menstrual, que suele ser el más sintomático y el de mayor absentismo, disminuyó de manera estadísticamente significativa y clínicamente relevante, por lo que no es atribuible al azar», precisa.. «Nuestra meta inicial era lograr una reducción de un punto en la escala, pero la bajada ha sido de más de un punto, y la disminución se situó cerca de los dos puntos de diferencia; concretamente, la valoración media del dolor descendió de 7,75 a 6,27 puntos en esa escala de diez», afirma, para destacar, después otra de las grandes aportaciones del estudio, la naturaleza del producto utilizado. Hasta la fecha, se habían llevado a cabo estudios con preparaciones liofilizadas (en polvo o deshidratadas) y «nosotros estamos usando el producto fresco, tal y como se consume de forma habitual en los hogares».. A pesar del éxito, el equipo se muestra cauto y reconoce las limitaciones lógicas de este ensayo piloto, como el tamaño de la muestra o limitar el tiempo de consumo a un mes. Sin embargo, el análisis posterior reveló, según la doctora, que los beneficios analgésicos se mantuvieron estables no solo durante el primer ciclo menstrual tras iniciar el consumo, sino también durante el segundo, confirmando esa reducción estadísticamente relevante a pesar de haber suspendido ya la ingesta diaria del fruto.. «Nuestra idea es continuar y ampliar este estudio con un tamaño muestral mucho mayor y un seguimiento prolongado en el tiempo para consolidar los datos. Pero, además, estamos explorando el impacto de este tipo de nutrición en otras dolencias y en diferentes etapas vitales de la mujer, como por ejemplo la menopausia», concluye Elia Fernández.. El campo de la investigación sobre la salud femenina encuentra así en la ciencia onubense y en su agricultura una vía natural, accesible y prometedora para mejorar la calidad de vida de miles de mujeres.
Un ensayo clínico piloto constata una reducción relevante tras incorporar 250 gramos diarios del fruto rojo
El dolor menstrual no es una simple molestia; para muchas mujeres, es una realidad que condiciona su rutina diaria, su rendimiento académico y su bienestar emocional, llegando en ocasiones hasta incapacitarlas. A pesar de su prevalencia, la medicina y la sociedad han tendido a normalizarlo, empujando a quienes lo sufren hacia la automedicación y el aislamiento. En este contexto, un equipo de investigación del Departamento de Enfermería de la Universidad de Huelva (UHU) ha puesto en marcha un pionero estudio que busca combatir esta dolencia desde la nutrición, utilizando uno de los productos más emblemáticos de la provincia: las fresas frescas.. El ensayo clínico piloto ha sido liderado por Elia Fernández Martínez, matrona, doctora y profesora titular de la UHU, en colaboración con Cynthia del Rocío Márquez Beltrán, enfermera y doctoranda, y la profesora Ana Breu. El proyecto arroja resultados preliminares alentadores sobre cómo la introducción de este alimento en la dieta puede aliviar los síntomas de la dismenorrea primaria, que es como se define el dolor menstrual que no está asociado a ninguna causa patológica u orgánica evidente como quistes, endometriosis ni anomalías visibles en las pruebas de imagen.. Según explica la doctora Elia Fernández a LA RAZÓN, este problema, sobre el que lleva investigando más de una década, «afecta a más del 70% de las chicas jóvenes en edad fértil» y «condiciona gravemente la calidad de vida de las jóvenes y se asocia de forma directa con el absentismo y con un menor rendimiento académico en las estudiantes».. La investigadora advierte de que muchas mujeres llegan a sentirse estigmatizadas y profundamente incomprendidas por su entorno. «Socialmente hemos normalizado el dolor menstrual, lo cual constituye un grave problema. La mayoría de las jóvenes considera que no va a obtener ayuda y opta por no consultar a los profesionales sanitarios. Al final, se automedican siguiendo los consejos de su entorno más cercano, fundamentalmente de madres o hermanas, perpetuando el problema sin supervisión clínica», añade.. Fue precisamente la búsqueda de alternativas terapéuticas no farmacológicas lo que la llevó a poner el foco en las propiedades nutricionales de la fresa gracias a su alto contenido en polifenoles, unos compuestos bioactivos con una potente acción antioxidante y antiinflamatoria. «En diferentes investigaciones de la literatura médica ya se había demostrado que los polifenoles de la fresa eran eficaces para disminuir el dolor en otras patologías crónicas, como es el caso de la osteoartrosis de rodilla», detalla.. A partir de esa evidencia, se plantearon la hipótesis de si este beneficio podría extrapolarse a las mujeres que sufren dolor menstrual y para comprobarlo, diseñaron un ensayo clínico piloto con una muestra inicial de 64 estudiantes universitarias con características homogéneas: jóvenes, sin patologías previas asociadas y sin hijos. Además, compartían un entorno de alto estrés, ya que el estudio coincidió con sus periodos de exámenes y prácticas. Las participantes se dividieron en dos grupos: 33 de ellas consumieron un suplemento diario de 250 gramos de fresas frescas durante un mes, mientras que las 31 restantes formaron el grupo de control.. Los resultados superaron las expectativas del propio equipo investigador. Utilizando la Escala Visual Analógica (EVA) del dolor –donde 0 representa la ausencia total de molestia y 10 el dolor máximo insoportable–, el grupo que consumió las fresas experimentó una mejoría significativa en comparación con el grupo de control: «Hemos conseguido resultados muy buenos, ya que la intensidad del dolor en el primer día de sangrado menstrual, que suele ser el más sintomático y el de mayor absentismo, disminuyó de manera estadísticamente significativa y clínicamente relevante, por lo que no es atribuible al azar», precisa.. «Nuestra meta inicial era lograr una reducción de un punto en la escala, pero la bajada ha sido de más de un punto, y la disminución se situó cerca de los dos puntos de diferencia; concretamente, la valoración media del dolor descendió de 7,75 a 6,27 puntos en esa escala de diez», afirma, para destacar, después otra de las grandes aportaciones del estudio, la naturaleza del producto utilizado. Hasta la fecha, se habían llevado a cabo estudios con preparaciones liofilizadas (en polvo o deshidratadas) y «nosotros estamos usando el producto fresco, tal y como se consume de forma habitual en los hogares».. A pesar del éxito, el equipo se muestra cauto y reconoce las limitaciones lógicas de este ensayo piloto, como el tamaño de la muestra o limitar el tiempo de consumo a un mes. Sin embargo, el análisis posterior reveló, según la doctora, que los beneficios analgésicos se mantuvieron estables no solo durante el primer ciclo menstrual tras iniciar el consumo, sino también durante el segundo, confirmando esa reducción estadísticamente relevante a pesar de haber suspendido ya la ingesta diaria del fruto.. «Nuestra idea es continuar y ampliar este estudio con un tamaño muestral mucho mayor y un seguimiento prolongado en el tiempo para consolidar los datos. Pero, además, estamos explorando el impacto de este tipo de nutrición en otras dolencias y en diferentes etapas vitales de la mujer, como por ejemplo la menopausia», concluye Elia Fernández.. El campo de la investigación sobre la salud femenina encuentra así en la ciencia onubense y en su agricultura una vía natural, accesible y prometedora para mejorar la calidad de vida de miles de mujeres.
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