Con el partido empatado a uno, Marko Farji colgó un balón desde la derecha y, con un desmarque digno de los mejores delanteros, Aymen Hussein anotaba el gol de la victoria que clasificaba a Irak a un Mundial más de cuarenta años después. Sin embargo, hay historias que no representan solo la de una selección, sino la de todo un país. Y es que cuando el atacante del Al-Karma celebró uno de los tantos más importantes de su carrera, millones de aficionados vieron a un futbolista convertido en héroe nacional; lo que algunos no conocían es que detrás de aquella celebración había una vida marcada por la guerra, la pérdida y una capacidad de resistencia extraordinaria.. Aymen Hussein nació en Hawija, una comunidad rural en el norte de Irak donde la violencia y el terror formaban parte de la vida cotidiana. La tragedia golpeó a su familia en 2008, cuando tenía 12 años. Su padre, miembro del ejército iraquí, salió de casa para comprar materiales para terminar una vivienda familiar y nunca regresó: fue asesinado por integrantes de Al Qaeda. La noticia llegó a través de una llamada que informó a la familia y Aymen tuvo que crecer en una dura realidad para un niño de su edad. Sin embargo, aquel no sería el último golpe del terrorismo. Años después, durante la expansión del Estado Islámico en el país, su hermano mayor –que ejercía de policía– desapareció tras ser secuestrado por combatientes del ISIS. Desde entonces, la familia nunca ha vuelto a tener noticias de él y, ante el avance de la ofensiva yihadista, la familia tuvo que abandonar su hogar y convertirse en refugiados dentro de su propio país.. Las dificultades que le presentaba la vida diaria le hicieron plantearse dejar el fútbol, pero no desistió: «Si lo dejo no cambiará nada; no recuperaré ninguna de las cosas que perdí» reflexionó en más de una ocasión. Con el paso de los años, Hussein fue creciendo hasta convertirse en una de las figuras más importantes de la selección iraquí y fue él quien anotó el gol que clasificaba al país a los Juegos Olímpicos de Río 2016 aunque se perdiera la cita por lesión.. La vida parecía no querer darle una alegría a Hussein, pero decidió darse otra oportunidad. En la repesca de clasificación de esta cita mundialista, Hussein anotó el gol frente a Bolivia que clasificaba a Irak a un Mundial cuatro décadas después. Un tanto que representaba a toda una generación de iraquíes que, como él, había crecido entre guerras, desplazamientos y pérdidas. No obstante, no todo sería tan fácil. Después de jugar el último amistoso frente a España en Riazor, el combinado asiático voló desde Galicia a Estados Unidos para disputar esta Copa del Mundo. Al aterrizar en Chicago, el iraquí fue retenido durante siete horas en el interrogatorio de las autoridades migratorias del país norteamericano.. A pesar de todo, el Mundial le ha brindado sus mejores momentos. Ha devuelto a su país a la élite del fútbol global y, en su primer partido, anotó el gol de los suyos ante Noruega. Su celebración trasciende cualquier marcador, sino que recuerda todo lo que tuvo que superar para llegar hasta allí. De persistir y luchar por tus sueños. Hoy disputa ante Francia su segundo partido con la intención de seguir escribiendo su historia.
Las autoridades migratorias lo retuvieron durante siete horas al llegar con su selección a Chicago. Su padre fue asesinado por Al Qaeda y su hermano lleva años desaparecido.
Con el partido empatado a uno, Marko Farji colgó un balón desde la derecha y, con un desmarque digno de los mejores delanteros, Aymen Hussein anotaba el gol de la victoria que clasificaba a Irak a un Mundial más de cuarenta años después. Sin embargo, hay historias que no representan solo la de una selección, sino la de todo un país. Y es que cuando el atacante del Al-Karma celebró uno de los tantos más importantes de su carrera, millones de aficionados vieron a un futbolista convertido en héroe nacional; lo que algunos no conocían es que detrás de aquella celebración había una vida marcada por la guerra, la pérdida y una capacidad de resistencia extraordinaria.. Aymen Hussein nació en Hawija, una comunidad rural en el norte de Irak donde la violencia y el terror formaban parte de la vida cotidiana. La tragedia golpeó a su familia en 2008, cuando tenía 12 años. Su padre, miembro del ejército iraquí, salió de casa para comprar materiales para terminar una vivienda familiar y nunca regresó: fue asesinado por integrantes de Al Qaeda. La noticia llegó a través de una llamada que informó a la familia y Aymen tuvo que crecer en una dura realidad para un niño de su edad. Sin embargo, aquel no sería el último golpe del terrorismo. Años después, durante la expansión del Estado Islámico en el país, su hermano mayor –que ejercía de policía– desapareció tras ser secuestrado por combatientes del ISIS. Desde entonces, la familia nunca ha vuelto a tener noticias de él y, ante el avance de la ofensiva yihadista, la familia tuvo que abandonar su hogar y convertirse en refugiados dentro de su propio país.. Las dificultades que le presentaba la vida diaria le hicieron plantearse dejar el fútbol, pero no desistió: «Si lo dejo no cambiará nada; no recuperaré ninguna de las cosas que perdí» reflexionó en más de una ocasión. Con el paso de los años, Hussein fue creciendo hasta convertirse en una de las figuras más importantes de la selección iraquí y fue él quien anotó el gol que clasificaba al país a los Juegos Olímpicos de Río 2016 aunque se perdiera la cita por lesión.. La vida parecía no querer darle una alegría a Hussein, pero decidió darse otra oportunidad. En la repesca de clasificación de esta cita mundialista, Hussein anotó el gol frente a Bolivia que clasificaba a Irak a un Mundial cuatro décadas después. Un tanto que representaba a toda una generación de iraquíes que, como él, había crecido entre guerras, desplazamientos y pérdidas. No obstante, no todo sería tan fácil. Después de jugar el último amistoso frente a España en Riazor, el combinado asiático voló desde Galicia a Estados Unidos para disputar esta Copa del Mundo. Al aterrizar en Chicago, el iraquí fue retenido durante siete horas en el interrogatorio de las autoridades migratorias del país norteamericano.. A pesar de todo, el Mundial le ha brindado sus mejores momentos. Ha devuelto a su país a la élite del fútbol global y, en su primer partido, anotó el gol de los suyos ante Noruega. Su celebración trasciende cualquier marcador, sino que recuerda todo lo que tuvo que superar para llegar hasta allí. De persistir y luchar por tus sueños. Hoy disputa ante Francia su segundo partido con la intención de seguir escribiendo su historia.
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