Hay un empeño muy extendido en el debate público que consiste en encontrar explicaciones económicas al apoyo que reciben las derechas autoritarias. A veces se habla de los jóvenes, que se enfrentan a graves dificultades para emanciparse y adquirir una vivienda. En otras ocasiones se trata de las clases medias empobrecidas, que han perdido poder adquisitivo por culpa de la globalización. Y también se menciona a aquellos que han sufrido en mayor medida las políticas de austeridad seguidas tras la Gran Recesión de 2008.. Seguir leyendo
Una mala situación personal no es excusa para votar a partidos autoritarios porque puede producir daños irreparables
Hay un empeño muy extendido en el debate público que consiste en encontrar explicaciones económicas al apoyo que reciben las derechas autoritarias. A veces se habla de los jóvenes, que se enfrentan a graves dificultades para emanciparse y adquirir una vivienda. En otras ocasiones se trata de las clases medias empobrecidas, que han perdido poder adquisitivo por culpa de la globalización. Y también se menciona a aquellos que han sufrido en mayor medida las políticas de austeridad seguidas tras la Gran Recesión de 2008.. Me gustaría apuntar dos ideas. La primera es que la explicación económica resulta cuestionable, al menos en el caso de España. La segunda es que incluso si fuera cierto que los votantes de Vox son víctimas del sistema o de lo que a veces se llama la policrisis, de aquí no se sigue en absoluto que la respuesta inmediata consista en apoyar a partidos que no respetan los derechos fundamentales y desprecian el pluralismo político. Una cosa no se sigue de la otra.. Comencemos por la relación entre situación económica y voto a la derecha autoritaria. Los datos no parecen avalar esa relación. Hay factores clave, como los ingresos y la educación, que muestran una asociación débil con el voto a Vox. Los efectos de la edad y el género discriminan mejor que los ingresos o la educación. Sirvan estos ejemplos: según el último barómetro de 40dB. (el de abril), el porcentaje de apoyo a Vox en la gente con niveles educativos bajos es del 10%; en niveles educativos altos sube al 13%, una diferencia relativamente pequeña (y no significativa estadísticamente). Si atendemos a la clase social en la que se sitúan los entrevistados, no hay diferencia alguna con respecto a Vox entre quienes se consideran de clase baja y quienes se identifican con la alta. Si se analiza el barómetro del CIS de marzo, puede verse que en los hogares que ingresan más de 5.000 euros al mes el apoyo a Vox se sitúa en el 11,4%, mientras que en los hogares cuyos ingresos están por debajo de 1.100 euros el porcentaje es el 12,5%, una diferencia de un punto solamente. Quizá sea que estos datos no recogen el problema principal en estos momentos, que es el de la vivienda. Pero es que, siguiendo con los datos del CIS, solo el 9% de los votantes de Vox mencionan la vivienda como el principal problema del país, frente al 30% en el resto de la ciudadanía. La diferencia es aún mayor entre las personas de menos de 30 años, es decir: los jóvenes votantes de Vox no parecen especialmente preocupados por la vivienda frente al resto de los jóvenes.. Se ha señalado también que lo que en realidad importa no es tanto la situación personal del ciudadano, sino el hecho de si vive en una región pujante o en otra en decadencia, en estado de abandono. Con todo, en el barómetro de 40dB. citado el voto a Vox en la Comunidad de Madrid, la región más próspera y dinámica del país, se sitúa en el 14%, mientras que en Extremadura, que puede decirse que es una de las regiones descolgadas de la economía global y las grandes metrópolis, el apoyo baja al 9%. En principio, la tendencia debería ser la contraria.. A veces se defiende la tesis de que el voto a Vox no es resultado de privaciones materiales, sino de una actitud negativa ante la marcha del país. El votante de la derecha autoritaria está poseído por una visión pesimista. Piensa que España se desliza por una pendiente que le conduce al abismo; así, el feminismo, la inmigración y la inseguridad ciudadana le llevan a impugnar los partidos existentes. De ahí su denuncia de la clase política y su defensa de un partido que busca romper los consensos democráticos más básicos.. Pues bien, si ni siquiera una mala situación personal debería servir de excusa para votar a partidos autoritarios; menos todavía ese malestar difuso de naturaleza nostálgica y reaccionaria. No voy a cuestionar que haya razones para que mucha gente esté profundamente irritada, pero eso no implica que tengamos que aceptar de buen grado que se comporten de forma políticamente irresponsable.. Presentar a los votantes de Vox como víctimas del sistema es un error empírico y político. El victimismo se ha convertido casi en una ideología: las víctimas, de cualquier tipo, despiertan compasión, solidaridad e incluso admiración. Hay un prestigio de la víctima que hace que se le perdone todo. Parece como si, a cuenta de la difícil situación que atraviesa, quedase eximida de toda responsabilidad a la hora de dar rienda suelta a su dolor y, en ocasiones, a su ira.. Sin menospreciar de ninguna manera lo difícil que puedan ser las vidas de la gente de la derecha radical, su decisión de optar por el autoritarismo no tiene justificación, se las perciba como víctimas o no. Ceder a los impulsos reaccionarios es una frivolidad por un doble motivo. En primer lugar, porque la opción autoritaria suele terminar siendo perjudicial para aquellos mismos que la promueven. Así se ha visto por ejemplo en Estados Unidos, donde algunas minorías votaron masivamente a Donald Trump y hoy están padeciendo el acoso y la persecución del ICE (la fuerza del servicio de inmigración y aduanas).. Quizá se considere que este argumento peca de paternalismo; al fin y al cabo, a la gente le asiste el derecho a equivocarse. El verdadero problema es el segundo: la apuesta autoritaria tiene consecuencias graves para el resto de la sociedad, y existe un riesgo elevado de que se produzcan daños irreparables. Una cosa es la protesta, el rechazo del statu quo, la denuncia de las ineficiencias e injusticias de nuestro tiempo, y otra bien distinta poner en peligro los derechos y libertades de los que disfrutamos (con todas las imperfecciones que se quiera). Se pueden compartir muchos de los motivos para la irritación con el sistema político, desde la corrupción a la poca atención de los representantes a las demandas ciudadanas, pero no que la solución consista en apoyar a partidos y candidatos que se dediquen a provocar un mal aún mayor.. Permítanme que recurra a una historia antigua. En 1987, la izquierda abertzale se presentó a las primeras elecciones europeas celebradas en España con el eslogan “Dales donde más les duele. Vota a Herri Batasuna”. Al haber un único distrito electoral, se les podía votar en cualquier parte de España. Fuera de Euskadi, obtuvo 151.000 votos. Había ganas de expresar en las urnas el enfado con la situación del país. Nueve días después de la votación, se produjo el atentado de ETA en un Hipercor de Barcelona (21 muertes). Supongo que algunos se replantearían si había valido la pena protestar electoralmente de aquella manera.. Los estadounidenses están aprendiendo lo que supone la irresponsabilidad política de haber elegido a Donald Trump por segunda vez. El resto del mundo padece también las consecuencias. Quizá los ciudadanos occidentales tentados de votar a la derecha autoritaria aprendan algo de las consecuencias que tiene apostar por el abismo. El estropicio trumpista es la mayor amenaza para Occidente, pero quizá acabe siendo el mejor antídoto para que el veneno autoritario deje de hacer efecto.. Ignacio Sánchez-Cuenca es catedrático de Ciencia Política.
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