Es una buena noticia que la candidata socialista a las elecciones autonómicas de Andalucía centre su discurso en la defensa de los servicios públicos en lugar de aquel primer anuncio de una “ley de lenguas andaluzas”. Para quienes nacimos y vivimos en esa tierra, es difícil concluir que el dialecto andaluz esté amenazado por algún motivo y necesite más protección que la que le dan persistentemente las instituciones regionales, provinciales y municipales, respaldadas por la infatigable colaboración de Canal Sur. Desde que se restableció la democracia, han sido numerosas las personalidades que, con Felipe González a la cabeza, han dignificado su acento hasta darle curso de normalidad; y lo han hecho sin afectación, combatiendo los tópicos y los complejos con naturalidad, sin ese marchamo forzoso tan notorio en la televisión y la radio autonómicas. Lejos queda aquella identificación caricaturesca de los rasgos del andaluz con la incultura y la exclusión, como podía observarse en las viejas traducciones de las novelas de Carson McCullers o los cuentos de Flannery O’Connor, en las que los negros del sur de Estados Unidos hablaban como si fueran de la costa onubense o la campiña sevillana.. Seguir leyendo
El orgullo por lo autóctono no siempre ha sabido distinguir entre cultura popular y folclore populista. A uno le gustaría que su tierra recordase su mejor tradición: su humildad trabajadora, sus Cortes de Cádiz y Antonio Machado
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Es una buena noticia que la candidata socialista a las elecciones autonómicas de Andalucía centre su discurso en la defensa de los servicios públicos en lugar de aquel primer anuncio de una “ley de lenguas andaluzas”. Para quienes nacimos y vivimos en esa tierra, es difícil concluir que el dialecto andaluz esté amenazado por algún motivo y necesite más protección que la que le dan persistentemente las instituciones regionales, provinciales y municipales, respaldadas por la infatigable colaboración de Canal Sur. Desde que se restableció la democracia, han sido numerosas las personalidades que, con Felipe González a la cabeza, han dignificado su acento hasta darle curso de normalidad; y lo han hecho sin afectación, combatiendo los tópicos y los complejos con naturalidad, sin ese marchamo forzoso tan notorio en la televisión y la radio autonómicas. Lejos queda aquella identificación caricaturesca de los rasgos del andaluz con la incultura y la exclusión, como podía observarse en las viejas traducciones de las novelas de Carson McCullers o los cuentos de Flannery O’Connor, en las que los negros del sur de Estados Unidos hablaban como si fueran de la costa onubense o la campiña sevillana.. En Andalucía, no hay apenas rastro de partidos nacionalistas porque todas las fuerzas políticas, sean de la ideología que sean, han adoptado el andalucismo de un modo u otro. Sin embargo, ese orgullo por lo autóctono no siempre ha sabido distinguir entre cultura popular y folclore populista. Porque si la primera es valiosa, el otro obedece al oportunismo. En una región en la que la separación entre Iglesia y Estado queda más que diluida, como corrobora que siga siendo la segunda comunidad con más alumnos que cursan la asignatura de Religión en un contexto nacional de declive, no hay Semana Santa, romería beoda o fiesta religioso-popular en la que no aparezcan alcaldes o cargos con la medalla de una virgen colgada del cuello, presidiendo una procesión vara en mano, u oficiando ceremonias codo con codo con representantes eclesiásticos y, muchas veces también, policiales y militares. Esa imagen tan extendida es en particular chocante cuando tales políticos pertenecen a partidos de izquierdas que supuestamente defienden o deberían defender un enfoque laico de la actividad pública.. Y ese es quizás el tópico que la candidata socialista podría combatir, en vez de focalizar el debate en el habla andaluza, haciendo autocrítica por lo mucho que ha contribuido y sigue contribuyendo su partido, ya sea desde la Junta, las diputaciones o los ayuntamientos, a cimentar el estereotipo de una España, más aquí que en cualquier otro sitio, tan devota aún de Frascuelo y de María. Así las cosas, mientras el presidente Moreno Bonilla asistía, inmediatamente después de participar de forma activa en la Semana Santa malagueña, a la inauguración de la temporada taurina en la plaza de la Maestranza de Sevilla (en la que, por cierto, se vitoreó al rey emérito), pocos metros más arriba, en el mismo paseo de Colón sevillano, la orquesta sinfónica de la ciudad continuaba luchando por conservar su programa ante una financiación y un público insuficientes sin que casi nadie le haga mucho caso.. Pero hay un segundo motivo por el que acierta María Jesús Montero en su defensa de lo público más sustancioso y pasa por que, detrás de la suave amabilidad y las formas cercanas que explota Juanma Moreno, como él mismo prefiere que lo llamen, y las cuales son de agradecer, dadas las circunstancias, late una gestión que responde rigurosamente a un criterio de eficiencia privada. El escándalo de los cribados de cáncer de mama alcanza tanta magnitud no solo por el daño irreparable producido a las perjudicadas, sino porque desvela a la perfección los efectos de entender la sanidad pública desde parámetros empresariales: las consecuencias de los recortes y su “externalización” cada vez menos encubierta. Revertir ese proceso que parece imparable es urgente, pero para denunciarlo con credibilidad también es preciso hacer autocrítica de los primeros pasos que dio el último Gobierno de Susana Díaz en esa línea y recordar cuál fue su precio.. Del mismo modo, la crítica que hace María Jesús Montero de la apuesta de Moreno Bonilla por la educación privada, como muestra la creación de una Dirección General para la Enseñanza Concertada, el cierre de líneas en colegios públicos ante el descenso de la natalidad o la proliferación de universidades y ciclos de Formación Profesional privados, es certera porque revela con claridad la actitud que siempre ha tenido el PP en esa materia: detrás de la cordialidad más o menos auténtica están las políticas que, por mucho que se intenten camuflar, parten de premisas ideológicas. Andalucía es una región a la que le gusta hacer gala de su tradición. Sin embargo, hay muchas tradiciones. Y a uno le gustaría que, con más frecuencia, su tierra se acordase de lo mejor de su pasado: de su humildad trabajadora, sus Cortes de Cádiz y Antonio Machado; y que aspirara a una ilustración moderna que apueste más por el silencio de los carriles bici que por el ruido de la charanga y la pandereta.. Coradino Vega es escritor. Su último libro es Entre mujeres (Galaxia Gutenberg).. Tu suscripción se está usando en otro dispositivo. ¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?. Añadir usuarioContinuar leyendo aquí. Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.. ¿Por qué estás viendo esto?. Flecha. Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.. Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.. ¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.. En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.. 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