Hay personas a las que el diminutivo las hace superlativas. Será por eso que a muchos de los que te conocíamos nos gustaba llamarte así, Olguita. Hablarte en diminutivo es hablarte en mayúsculas. Suerte mayúscula la nuestra, de haberte conocido. Ahora que la política no vive sus mejores momentos, que la insoportable crispación de la política nacional nos aleja de los jóvenes y mantiene en un enfado continuo a los mayores, es más necesario que nunca un ejemplo como el tuyo. De entrega sin límites. De vocación de servicio. En la política, pero también con las Hermanas de la Cruz, en Sor Ángela, en el Itálica y las enseñanzas del padre Poveda, en las Juntas de Distrito o como camarera en la Hermandad de la Misión, cuya bandera te ha llevado en volandas directa al cielo.. Recuerdo perfectamente el primer día que nos conocimos, allá por 2008. Fuimos con Zoido a una visita a la Plaza de Cristo de Burgos, vandalizada en aquel entonces, rehabilitada después. «Apunta, Olga»… y allí tomaste notas de las reivindicaciones de los vecinos en tu bloc, una libreta que nos has soltado hasta el último día, donde cabían todas las preocupaciones de cada vecino del distrito casco antiguo. Esa misma ilusión, esa misma cercanía, ese impagable servicio público permaneció siempre en tu trabajo. Un ejemplo vivo y necesario de lo que tiene que ser la actividad política.. Hace ya más de tres años, Toni me dijo: «Mañana te vas a llevar una alegría de las grandes. Lee el BOJA». Y allí estabas. Olga Carrión Mancebo, directora del Instituto Andaluz de la Mujer. Nos has enseñado que hay que dejar de mirar a la mujer de forma protectora o paternalista, para defender con contundencia esa igualdad que está cerca pero que no conseguimos alcanzar. Pudimos conocer a una política de altura que defendió la igualdad con la fuerza de los mares, como los que encierran tus hijos en sus nombres. Mariana, que es tu gota de agua, y que ha heredado tu capacidad de comunicar y conectar con los demás, como descubrimos en ese gracias, lleno de generosidad, que nos apaciguó el alma en la Iglesia del Claret. Y Marcelo, que surfea el césped como si el balón fuera su tabla, y al que le has inculcado ese espíritu de superación y constancia. Qué buena siembra.. Nos has dejado el alma rota pero el corazón pleno. ¿Cómo puede ser todo tan contradictorio? ¿Cómo podemos sentir esta soledad acompañada, una pena que consuela? Sin duda solo consiguen este oxímoron emocional las personas especiales como tú. Las que dejan huella. Las que consiguen rodearse de una guardia pretoriana de amigas que fabricaron esa maravillosa burbuja de protección a tu alrededor. Una familia que nos ha dejado huella, y un hermano que ya es un poco de todas. Nos has dado una lección de valentía inigualable. Desde tu foto en el Instagram a lo Sinéad OConnor, hasta la sonrisa imborrable estuvieras como estuvieras. Ni un lamento ni una queja. Solo el coraje de pelear como una jabata para poder dar lo mejor de ti. «Pa’ lante». Le pedimos desde aquí a la Virgen del Amparo que te cuide con el mismo mimo que tú le dedicabas y que nos ayude a convertir la pena en «Esperanza» de volver a encontrarnos.
«Un ejemplo vivo y necesario de lo que tiene que ser la actividad política»
Hay personas a las que el diminutivo las hace superlativas. Será por eso que a muchos de los que te conocíamos nos gustaba llamarte así, Olguita. Hablarte en diminutivo es hablarte en mayúsculas. Suerte mayúscula la nuestra, de haberte conocido. Ahora que la política no vive sus mejores momentos, que la insoportable crispación de la política nacional nos aleja de los jóvenes y mantiene en un enfado continuo a los mayores, es más necesario que nunca un ejemplo como el tuyo. De entrega sin límites. De vocación de servicio. En la política, pero también con las Hermanas de la Cruz, en Sor Ángela, en el Itálica y las enseñanzas del padre Poveda, en las Juntas de Distrito o como camarera en la Hermandad de la Misión, cuya bandera te ha llevado en volandas directa al cielo.. Recuerdo perfectamente el primer día que nos conocimos, allá por 2008. Fuimos con Zoido a una visita a la Plaza de Cristo de Burgos, vandalizada en aquel entonces, rehabilitada después. «Apunta, Olga»… y allí tomaste notas de las reivindicaciones de los vecinos en tu bloc, una libreta que nos has soltado hasta el último día, donde cabían todas las preocupaciones de cada vecino del distrito casco antiguo. Esa misma ilusión, esa misma cercanía, ese impagable servicio público permaneció siempre en tu trabajo. Un ejemplo vivo y necesario de lo que tiene que ser la actividad política.. Hace ya más de tres años, Toni me dijo: «Mañana te vas a llevar una alegría de las grandes. Lee el BOJA». Y allí estabas. Olga Carrión Mancebo, directora del Instituto Andaluz de la Mujer. Nos has enseñado que hay que dejar de mirar a la mujer de forma protectora o paternalista, para defender con contundencia esa igualdad que está cerca pero que no conseguimos alcanzar. Pudimos conocer a una política de altura que defendió la igualdad con la fuerza de los mares, como los que encierran tus hijos en sus nombres. Mariana, que es tu gota de agua, y que ha heredado tu capacidad de comunicar y conectar con los demás, como descubrimos en ese gracias, lleno de generosidad, que nos apaciguó el alma en la Iglesia del Claret. Y Marcelo, que surfea el césped como si el balón fuera su tabla, y al que le has inculcado ese espíritu de superación y constancia. Qué buena siembra.. Nos has dejado el alma rota pero el corazón pleno. ¿Cómo puede ser todo tan contradictorio? ¿Cómo podemos sentir esta soledad acompañada, una pena que consuela? Sin duda solo consiguen este oxímoron emocional las personas especiales como tú. Las que dejan huella. Las que consiguen rodearse de una guardia pretoriana de amigas que fabricaron esa maravillosa burbuja de protección a tu alrededor. Una familia que nos ha dejado huella, y un hermano que ya es un poco de todas. Nos has dado una lección de valentía inigualable. Desde tu foto en el Instagram a lo Sinéad O´Connor, hasta la sonrisa imborrable estuvieras como estuvieras. Ni un lamento ni una queja. Solo el coraje de pelear como una jabata para poder dar lo mejor de ti. «Pa’ lante». Le pedimos desde aquí a la Virgen del Amparo que te cuide con el mismo mimo que tú le dedicabas y que nos ayude a convertir la pena en «Esperanza» de volver a encontrarnos.
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