Era un riesgo latente, pero nadie pensó nunca en serio en ello. El otrora feliz y apacible Golfo, uno de los grandes hubs de los hidrocarburos, las finanzas y los servicios del planeta, ha vivido como nunca en sus carnes las consecuencias de la geografía. Durante más de tres meses, media docena de países de la región han sido objeto reiterado de los ataques de represalia iraníes contra su territorio, sobre todo sus bases con presencia estadounidense, aunque también infraestructura civil y energética y zonas urbanas.. La guerra ha aumentado la animadversión de las monarquías suníes de la región hacia la República Islámica, pero también ha abierto una brecha de desconfianza entre las capitales del Golfo y EE UU. Los países de la región perciben con amargura que Washington no escuchó sus advertencias diplomáticas para evitar la guerra y que privilegió la defensa y el blindaje militar de Israel sobre el de sus socios del Golfo.. Marco Rubio: «He venido a escuchar». La sensación compartida en el seno del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) es, por tanto, la de la vulnerabilidad y la decepción por las decisiones adoptadas por la Administración Trump desde finales de febrero. No en vano, el de tratar de tranquilizar a sus aliados árabes sobre la seguridad en general y la marítima en particular, «he venido sobre todo a escuchar», es el objetivo de la gira que esta semana lleva a cabo el secretario de Estados de EE UU, Marco Rubio por tres de las capitales del Golfo. El jefe de la diplomacia estadounidense cerrará hoy jueves su gira en Bahréin después de haber visitado Emiratos Árabes Unidos, uno de los países más castigados por los ataques iraníes, y Kuwait.. Desde el Golfo, el nuevo memorando de entendimiento firmado entre Teherán y Washington es percibido como una rehabilitación como potencia regional de Irán, a la que se le otorga un alivio de sanciones y a cuyo programa armamentístico no se le pone, por ahora, coto. Además, la ambigüedad del acuerdo respecto al tránsito comercial por Ormuz, con un Irán reclamando el control y el cobro de tasas por el estrecho, indigna a las grandes capitales árabes.. De manera previsible, el actual escenario empujará a los países de la zona a diversificar alianzas -los BRICS, Turquía, Europa-, pensar en una arquitectura regional de defensa común, y a tener que acabar necesariamente entendiéndose con Irán, que ha exigido la retirada de las tropas estadounidenses del Golfo durante las pasadas negociaciones, para tratar de evitar verse de nuevo en el futuro en situaciones como la de este año.. «La guerra de Irán ha demostrado a las monarquías árabes su alta dependencia en defensa de EE UU, la falta de confianza con Washington, ya que la Casa Blanca ha actuado por su cuenta sin contar con ellos y que no pueden establecer ningún plan de futuro regional sin contar con Irán», advierte a LA RAZÓN el profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid, David Hernández Martínez. «Seguramente en el medio y largo plazo buscarán nuevos aliados, reforzar sus propios sistemas de defensa e intentar mejorar el diálogo con Irán», concluye el especialista en el Golfo.. El reto de construir una alianza militar propia. En este sentido, como recuerda la experta en Estudios del Golfo de la Universidad de Granada Leticia Rodríguez, «muchas son las voces críticas dentro de estos países que han hablado públicamente de una erosión de la confianza con Washington y han pedido diversificar o buscar nuevos socios estratégicos». «Si Washington ha demostrado que Israel es su prioridad en la región, lo razonable es construir una defensa mutua que no dependa de los caprichos estratégicos estadounidenses», asegura.. «El problema», advierte Rodríguez, es que una alianza de esta naturaleza exige «dos elementos fundamentales que los países del Golfo llevan décadas sin tener: confianza real y absoluta entre sus miembros y una relación funcional con Israel, para que este no lo vea como una amenaza a su propia existencia». «Por eso no es descabellado leer esta guerra como un regalo estratégico para Tel Aviv: mientras los Estados del Golfo se han llevado el grueso de los ataques iraníes, las relaciones con EE UU se deterioran y dejan al descubierto una realidad incómoda de aceptar», concluye la investigadora doctoral de la UGR.. Con todo, a medio plazo el escenario de una retirada masiva de fuerzas de EE UU del Golfo parece poco probable. Para el politólogo iraní Ehsan Rahimi, en el actual escenario «lo más probable es una reconfiguración de la presencia de EE UU en el Golfo, no una retirada, que aumentaría aún más la incertidumbre para los países de la región». «La brecha con Irán es mayor en términos emocionales y estratégicos, pero la necesidad de hablar con Irán en una diplomacia pragmática de contención, reducción de riesgo y gestión de la convivencia regional también es mayor. Los países del Golfo no pueden permitirse alejarse de EE UU, pero tampoco pueden construir su seguridad futura ignorando a Irán», concluye el investigador doctoral en la Universidad de Alicante.
Era un riesgo latente, pero nadie pensó nunca en serio en ello. El otrora feliz y apacible Golfo, uno de los grandes hubs de los hidrocarburos, las finanzas y los servicios del planeta, ha vivido como nunca en sus carnes las consecuencias de la geografía. Durante más de tres meses, media docena de países de la región han sido objeto reiterado de los ataques de represalia iraníes contra su territorio, sobre todo sus bases con presencia estadounidense, aunque también infraestructura civil y energética y zonas urbanas.. La guerra ha aumentado la animadversión de las monarquías suníes de la región hacia la República Islámica, pero también ha abierto una brecha de desconfianza entre las capitales del Golfo y EE UU. Los países de la región perciben con amargura que Washington no escuchó sus advertencias diplomáticas para evitar la guerra y que privilegió la defensa y el blindaje militar de Israel sobre el de sus socios del Golfo.. Marco Rubio: «He venido a escuchar». La sensación compartida en el seno del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) es, por tanto, la de la vulnerabilidad y la decepción por las decisiones adoptadas por la Administración Trump desde finales de febrero. No en vano, el de tratar de tranquilizar a sus aliados árabes sobre la seguridad en general y la marítima en particular, «he venido sobre todo a escuchar», es el objetivo de la gira que esta semana lleva a cabo el secretario de Estados de EE UU, Marco Rubio por tres de las capitales del Golfo. El jefe de la diplomacia estadounidense cerrará hoy jueves su gira en Bahréin después de haber visitado Emiratos Árabes Unidos, uno de los países más castigados por los ataques iraníes, y Kuwait.. Desde el Golfo, el nuevo memorando de entendimiento firmado entre Teherán y Washington es percibido como una rehabilitación como potencia regional de Irán, a la que se le otorga un alivio de sanciones y a cuyo programa armamentístico no se le pone, por ahora, coto. Además, la ambigüedad del acuerdo respecto al tránsito comercial por Ormuz, con un Irán reclamando el control y el cobro de tasas por el estrecho, indigna a las grandes capitales árabes.. De manera previsible, el actual escenario empujará a los países de la zona a diversificar alianzas -los BRICS, Turquía, Europa-, pensar en una arquitectura regional de defensa común, y a tener que acabar necesariamente entendiéndose con Irán, que ha exigido la retirada de las tropas estadounidenses del Golfo durante las pasadas negociaciones, para tratar de evitar verse de nuevo en el futuro en situaciones como la de este año.. «La guerra de Irán ha demostrado a las monarquías árabes su alta dependencia en defensa de EE UU, la falta de confianza con Washington, ya que la Casa Blanca ha actuado por su cuenta sin contar con ellos y que no pueden establecer ningún plan de futuro regional sin contar con Irán», advierte a LA RAZÓN el profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid, David Hernández Martínez. «Seguramente en el medio y largo plazo buscarán nuevos aliados, reforzar sus propios sistemas de defensa e intentar mejorar el diálogo con Irán», concluye el especialista en el Golfo.. El reto de construir una alianza militar propia. En este sentido, como recuerda la experta en Estudios del Golfo de la Universidad de Granada Leticia Rodríguez, «muchas son las voces críticas dentro de estos países que han hablado públicamente de una erosión de la confianza con Washington y han pedido diversificar o buscar nuevos socios estratégicos». «Si Washington ha demostrado que Israel es su prioridad en la región, lo razonable es construir una defensa mutua que no dependa de los caprichos estratégicos estadounidenses», asegura.. «El problema», advierte Rodríguez, es que una alianza de esta naturaleza exige «dos elementos fundamentales que los países del Golfo llevan décadas sin tener: confianza real y absoluta entre sus miembros y una relación funcional con Israel, para que este no lo vea como una amenaza a su propia existencia». «Por eso no es descabellado leer esta guerra como un regalo estratégico para Tel Aviv: mientras los Estados del Golfo se han llevado el grueso de los ataques iraníes, las relaciones con EE UU se deterioran y dejan al descubierto una realidad incómoda de aceptar», concluye la investigadora doctoral de la UGR.. Con todo, a medio plazo el escenario de una retirada masiva de fuerzas de EE UU del Golfo parece poco probable. Para el politólogo iraní Ehsan Rahimi, en el actual escenario «lo más probable es una reconfiguración de la presencia de EE UU en el Golfo, no una retirada, que aumentaría aún más la incertidumbre para los países de la región». «La brecha con Irán es mayor en términos emocionales y estratégicos, pero la necesidad de hablar con Irán en una diplomacia pragmática de contención, reducción de riesgo y gestión de la convivencia regional también es mayor. Los países del Golfo no pueden permitirse alejarse de EE UU, pero tampoco pueden construir su seguridad futura ignorando a Irán», concluye el investigador doctoral en la Universidad de Alicante.
El secretario de Estado de EE UU, Marco Rubio, visita las capitales de la región con un mensaje de tranquilidad hacia sus socios, severamente castigados por Teherán por mor de su alianza con Washington
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