El cielo no se desplomó y, tras unos días de turbulencias en los mercados mientras los inversores asimilaban un resultado que hasta el último momento había parecido improbable, las cosas volvieron a una relativa normalidad. Pero el Brexit tampoco se convirtió en el momento de renovación nacional que habían prometido sus defensores.. Diez años después del referéndum, el debate económico ya no gira en torno a si tuvo un coste, sino sobre cuánto ha sido realmente. Tras una década marcada por la pandemia, la crisis energética, la inflación y la guerra en Ucrania, los economistas coinciden en que separar el impacto de la salida de la UE del resto de turbulencias resulta complicado. Sin embargo, la mayoría de los estudios apuntan en la misma dirección: la economía británica es hoy más pequeña, comercia menos y atrae menos inversión de la que habría registrado permaneciendo en el bloque comunitario.. La Oficina de Responsabilidad Presupuestaria, el organismo independiente que supervisa las cuentas públicas británicas, calcula que el Brexit reducirá la productividad a largo plazo en torno a un 4%. Un estudio elaborado por economistas del King’s College London, la Universidad de Stanford, el Banco de Inglaterra y la Universidad de Nottingham para la National Bureau of Economic Research, una de las instituciones de referencia en investigación económica, estima que, en 2025, el PIB británico era entre un 6% y un 8% inferior al que habría alcanzado permaneciendo en la UE. Los mismos autores calculan que la inversión empresarial es entre un 12% y un 18% menor.. Para Jonathan Portes, profesor de Economía y Políticas Públicas del King’s College London, la cuestión no es tanto la cifra exacta como la tendencia. «El Brexit ha hecho que la economía británica sea más pequeña de lo que habría sido en otras circunstancias. El efecto no ha sido un colapso repentino, sino un lastre gradual y acumulativo sobre el comercio, inversión y productividad», explica.. El Acuerdo de Comercio y Cooperación alcanzado entre Londres y Bruselas evitó aranceles y cuotas sobre la mayor parte de los intercambios, pero no reprodujo las ventajas del mercado único. Las empresas británicas afrontan ahora controles aduaneros, certificados sanitarios y nuevos requisitos regulatorios. Según Portes, las exportaciones de bienes son entre un 10% y un 15% inferiores a las que cabría esperar si el Reino Unido hubiera permanecido en la UE.. La importancia de estas barreras radica en que ningún otro socio comercial se acerca al peso económico de Europa para Reino Unido. Aproximadamente la mitad del comercio británico de bienes sigue realizándose con países comunitarios. Por ello, incluso pequeños incrementos en los costes administrativos tienen consecuencias significativas para miles de empresas.. Los mayores perjudicados han sido las pequeñas y medianas compañías. Mientras las grandes multinacionales han podido absorber buena parte de los costes adicionales, muchos pequeños exportadores han reducido o abandonado su actividad en Europa. Al mismo tiempo, la incertidumbre generada durante años por las negociaciones ha reducido el atractivo del Reino Unido como plataforma empresarial para operar en el continente.. David Miliband, ex ministro de Exteriores laborista, ha intentado traducir ese impacto a cifras comprensibles para la opinión pública. En un reciente ensayo calificó el Brexit de «sabotaje» económico. Según sus cálculos, permanecer fuera de la unión aduanera cuesta a la economía británica entre 15.000 y 30.000 millones de libras anuales, el equivalente a entre el 0,5% y el 1% del PIB.. Tampoco se ha materializado una de las grandes promesas de la campaña favorable a la salida: que los nuevos acuerdos comerciales compensarían la pérdida de integración con Europa. La mayoría de los pactos firmados por Londres han sido una continuidad de los que ya disfrutaba como miembro de la UE. Los propios cálculos del Gobierno británico estiman que la adhesión al bloque transpacífico CPTPP apenas aportará un 0,08% adicional al PIB a largo plazo.. Una conclusión similar comparte Jeremy Warner, uno de los comentaristas económicos más influyentes del euroescéptico Daily Telegraph. Aunque rechaza algunos de los pronósticos más alarmistas realizados antes del referéndum, reconoce que la prometida revolución comercial nunca llegó a producirse. «La inmensa mayoría de los acuerdos comerciales firmados posteriormente con otros países no son más que copias de los pactos que ya existían a través de la UE», sostiene.. No obstante, no todos los economistas están dispuestos a atribuir al Brexit la totalidad de los problemas económicos británicos. Peder Beck-Friis, vicepresidente sénior y economista de PIMCO en Londres, considera que el impacto ha sido negativo, pero advierte de que cuantificarlo con precisión resulta extraordinariamente difícil. «Es muy complicado aislar el efecto del Brexit porque se han producido muchos otros shocks al mismo tiempo», explica.. La pandemia, la crisis energética y la desaceleración global también han golpeado a otras economías avanzadas. Alemania y Japón, recuerda, han registrado un crecimiento incluso más débil que el británico en algunos periodos recientes. Beck-Friis coincide en que el principal daño se observa en las exportaciones de bienes, aunque destaca que los servicios —uno de los grandes motores de la economía británica— han mostrado una resistencia mucho mayor.. Consciente de la importancia económica de la relación con Europa, el Gobierno laborista de Keir Starmer ha iniciado un acercamiento pragmático a Bruselas. Sin cuestionar las líneas rojas del Brexit, Londres y la UE han comenzado a negociar medidas destinadas a reducir algunas de las fricciones creadas tras la ruptura, especialmente en ámbitos como el comercio agroalimentario, la movilidad profesional y la cooperación energética.
El cielo no se desplomó y, tras unos días de turbulencias en los mercados mientras los inversores asimilaban un resultado que hasta el último momento había parecido improbable, las cosas volvieron a una relativa normalidad. Pero el Brexit tampoco se convirtió en el momento de renovación nacional que habían prometido sus defensores.. Diez años después del referéndum, el debate económico ya no gira en torno a si tuvo un coste, sino sobre cuánto ha sido realmente. Tras una década marcada por la pandemia, la crisis energética, la inflación y la guerra en Ucrania, los economistas coinciden en que separar el impacto de la salida de la UE del resto de turbulencias resulta complicado. Sin embargo, la mayoría de los estudios apuntan en la misma dirección: la economía británica es hoy más pequeña, comercia menos y atrae menos inversión de la que habría registrado permaneciendo en el bloque comunitario.. La Oficina de Responsabilidad Presupuestaria, el organismo independiente que supervisa las cuentas públicas británicas, calcula que el Brexit reducirá la productividad a largo plazo en torno a un 4%. Un estudio elaborado por economistas del King’s College London, la Universidad de Stanford, el Banco de Inglaterra y la Universidad de Nottingham para la National Bureau of Economic Research, una de las instituciones de referencia en investigación económica, estima que, en 2025, el PIB británico era entre un 6% y un 8% inferior al que habría alcanzado permaneciendo en la UE. Los mismos autores calculan que la inversión empresarial es entre un 12% y un 18% menor.. Para Jonathan Portes, profesor de Economía y Políticas Públicas del King’s College London, la cuestión no es tanto la cifra exacta como la tendencia. «El Brexit ha hecho que la economía británica sea más pequeña de lo que habría sido en otras circunstancias. El efecto no ha sido un colapso repentino, sino un lastre gradual y acumulativo sobre el comercio, inversión y productividad», explica.. El Acuerdo de Comercio y Cooperación alcanzado entre Londres y Bruselas evitó aranceles y cuotas sobre la mayor parte de los intercambios, pero no reprodujo las ventajas del mercado único. Las empresas británicas afrontan ahora controles aduaneros, certificados sanitarios y nuevos requisitos regulatorios. Según Portes, las exportaciones de bienes son entre un 10% y un 15% inferiores a las que cabría esperar si el Reino Unido hubiera permanecido en la UE.. La importancia de estas barreras radica en que ningún otro socio comercial se acerca al peso económico de Europa para Reino Unido. Aproximadamente la mitad del comercio británico de bienes sigue realizándose con países comunitarios. Por ello, incluso pequeños incrementos en los costes administrativos tienen consecuencias significativas para miles de empresas.. Los mayores perjudicados han sido las pequeñas y medianas compañías. Mientras las grandes multinacionales han podido absorber buena parte de los costes adicionales, muchos pequeños exportadores han reducido o abandonado su actividad en Europa. Al mismo tiempo, la incertidumbre generada durante años por las negociaciones ha reducido el atractivo del Reino Unido como plataforma empresarial para operar en el continente.. David Miliband, ex ministro de Exteriores laborista, ha intentado traducir ese impacto a cifras comprensibles para la opinión pública. En un reciente ensayo calificó el Brexit de «sabotaje» económico. Según sus cálculos, permanecer fuera de la unión aduanera cuesta a la economía británica entre 15.000 y 30.000 millones de libras anuales, el equivalente a entre el 0,5% y el 1% del PIB.. Tampoco se ha materializado una de las grandes promesas de la campaña favorable a la salida: que los nuevos acuerdos comerciales compensarían la pérdida de integración con Europa. La mayoría de los pactos firmados por Londres han sido una continuidad de los que ya disfrutaba como miembro de la UE. Los propios cálculos del Gobierno británico estiman que la adhesión al bloque transpacífico CPTPP apenas aportará un 0,08% adicional al PIB a largo plazo.. Una conclusión similar comparte Jeremy Warner, uno de los comentaristas económicos más influyentes del euroescéptico Daily Telegraph. Aunque rechaza algunos de los pronósticos más alarmistas realizados antes del referéndum, reconoce que la prometida revolución comercial nunca llegó a producirse. «La inmensa mayoría de los acuerdos comerciales firmados posteriormente con otros países no son más que copias de los pactos que ya existían a través de la UE», sostiene.. No obstante, no todos los economistas están dispuestos a atribuir al Brexit la totalidad de los problemas económicos británicos. Peder Beck-Friis, vicepresidente sénior y economista de PIMCO en Londres, considera que el impacto ha sido negativo, pero advierte de que cuantificarlo con precisión resulta extraordinariamente difícil. «Es muy complicado aislar el efecto del Brexit porque se han producido muchos otros shocks al mismo tiempo», explica.. La pandemia, la crisis energética y la desaceleración global también han golpeado a otras economías avanzadas. Alemania y Japón, recuerda, han registrado un crecimiento incluso más débil que el británico en algunos periodos recientes. Beck-Friis coincide en que el principal daño se observa en las exportaciones de bienes, aunque destaca que los servicios —uno de los grandes motores de la economía británica— han mostrado una resistencia mucho mayor.. Consciente de la importancia económica de la relación con Europa, el Gobierno laborista de Keir Starmer ha iniciado un acercamiento pragmático a Bruselas. Sin cuestionar las líneas rojas del Brexit, Londres y la UE han comenzado a negociar medidas destinadas a reducir algunas de las fricciones creadas tras la ruptura, especialmente en ámbitos como el comercio agroalimentario, la movilidad profesional y la cooperación energética.
Es hoy más pequeña, comercia menos y atrae menos inversión de la que habría registrado permaneciendo en la UE
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