Abelardo de la Espriella gobernará Colombia por los próximos cuatro años. Ha sido un mejor candidato que Iván Cepeda. No gana únicamente por el anhelo de un cambio en materia de seguridad y por una oferta muy clara para acabar con el cáncer de la delincuencia y el narcotráfico. También ha ganado porque su estilo comunicacional se alejó de lo tradicional, de lo previsible, de lo políticamente correcto. Dijo lo que los colombianos querían escuchar y, sobre todo, en el estilo que la mayoría quería hacerlo: frontal, sin medias tintas. Por su parte, Cepeda pareció más un candidato de la vieja izquierda, más romántica, envuelta en un establishment político caduco y poco rentable para la mayoría.. Ciertamente, el presidente electo no abona al marco de una comunicación política centrada en el diálogo y en el encuentro. El problema es que esa estrategia y forma de acercarse, concretamente en el tema de la seguridad, ha resultado un fiasco en la necesaria resolución de un conflicto que no tiene término; sobre todo en lo que respecta al problema de la guerrilla colombiana y el narcotráfico. Los colombianos han vivido en carne propia el engaño de unos criminales que han aprovechado pseudoacuerdos de paz para ganar terreno, rearmarse e imprimir un nuevo impulso a una agenda violenta y destructiva.. Al presidente Gustavo Petro y a su pupilo les han pasado factura el crecimiento de los índices delictivos. Colombia atraviesa el peor ciclo de masacres en más de una década, agravado por la ruptura de negociaciones de paz y las disputas entre grupos armados por el control del narcotráfico. La cifra de 2026 es la más alarmante: en solo los primeros cinco meses se registraron 54 masacres con 233 víctimas, una cifra que ya se aproxima al total de todo el año 2025. El total de víctimas del terrorismo en agosto fue de 501 personas entre muertos y heridos, y julio fue el mes con más afectados —506— desde 2016.. Con esta victoria, América Latina afianza la tendencia antizquierdista que ha dibujado la política del continente en los últimos años. No exenta de vaivenes y de manera no lineal, Latinoamérica descansa en un péndulo que hoy mira a lo lejos al socialismo del siglo XXI. Ciertamente, un posicionamiento reforzado por la presidencia de los Estados Unidos que, a diferencia de las administraciones demócratas, se ha tomado en serio la agenda de sus vecinos del sur, considerando como estratégico no solo un acercamiento sino un interés que aborda lo comercial pero, sobre todo, la seguridad en el hemisferio.. Es probable que De la Espriella gobierne con el mismo ímpetu que mostró durante su campaña. El estilo excéntrico, parecido al de Javier Milei, promete cuatro años de una comunicación política que conlleva el riesgo de la polarización, pero apuntaría a un gobierno resolutivo y alejado de la politiquería. Los colombianos han votado nuevamente por un cambio y con la esperanza de que este sí sea verdadero.. *Alejandro G. Motta Nicolicchia es Director de Thinko Consulting www.thinkoconsulting.com
Abelardo de la Espriella gobernará Colombia por los próximos cuatro años. Ha sido un mejor candidato que Iván Cepeda. No gana únicamente por el anhelo de un cambio en materia de seguridad y por una oferta muy clara para acabar con el cáncer de la delincuencia y el narcotráfico. También ha ganado porque su estilo comunicacional se alejó de lo tradicional, de lo previsible, de lo políticamente correcto. Dijo lo que los colombianos querían escuchar y, sobre todo, en el estilo que la mayoría quería hacerlo: frontal, sin medias tintas. Por su parte, Cepeda pareció más un candidato de la vieja izquierda, más romántica, envuelta en un establishment político caduco y poco rentable para la mayoría.. Ciertamente, el presidente electo no abona al marco de una comunicación política centrada en el diálogo y en el encuentro. El problema es que esa estrategia y forma de acercarse, concretamente en el tema de la seguridad, ha resultado un fiasco en la necesaria resolución de un conflicto que no tiene término; sobre todo en lo que respecta al problema de la guerrilla colombiana y el narcotráfico. Los colombianos han vivido en carne propia el engaño de unos criminales que han aprovechado pseudoacuerdos de paz para ganar terreno, rearmarse e imprimir un nuevo impulso a una agenda violenta y destructiva.. Al presidente Gustavo Petro y a su pupilo les han pasado factura el crecimiento de los índices delictivos. Colombia atraviesa el peor ciclo de masacres en más de una década, agravado por la ruptura de negociaciones de paz y las disputas entre grupos armados por el control del narcotráfico. La cifra de 2026 es la más alarmante: en solo los primeros cinco meses se registraron 54 masacres con 233 víctimas, una cifra que ya se aproxima al total de todo el año 2025. El total de víctimas del terrorismo en agosto fue de 501 personas entre muertos y heridos, y julio fue el mes con más afectados —506— desde 2016.. Con esta victoria, América Latina afianza la tendencia antizquierdista que ha dibujado la política del continente en los últimos años. No exenta de vaivenes y de manera no lineal, Latinoamérica descansa en un péndulo que hoy mira a lo lejos al socialismo del siglo XXI. Ciertamente, un posicionamiento reforzado por la presidencia de los Estados Unidos que, a diferencia de las administraciones demócratas, se ha tomado en serio la agenda de sus vecinos del sur, considerando como estratégico no solo un acercamiento sino un interés que aborda lo comercial pero, sobre todo, la seguridad en el hemisferio.. Es probable que De la Espriella gobierne con el mismo ímpetu que mostró durante su campaña. El estilo excéntrico, parecido al de Javier Milei, promete cuatro años de una comunicación política que conlleva el riesgo de la polarización, pero apuntaría a un gobierno resolutivo y alejado de la politiquería. Los colombianos han votado nuevamente por un cambio y con la esperanza de que este sí sea verdadero.. *Alejandro G. Motta Nicolicchia es Director de Thinko Consulting www.thinkoconsulting.com
Con la victoria de Abelardo de la Espriella en las elecciones presidenciales, América Latina afianza la tendencia antizquierdista que ha dibujado la política del continente en los últimos años
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