En la serie de novelas «Canción de hielo y fuego» de Georges R. R. Martin ambientadas en un mundo de fantasía medieval, aparece el fuego valyrio, un líquido de color verdoso inflable y volátil que arde durante mucho tiempo y cuyo secreto de fabricación sólo conocen los maestros. Al igual que en la defensa de Constantinopla del 678, es utilizado por los Lannister para defender Desembarco del Rey con la diferencia de que Constantino IV emplea lo que se conoce como fuego marino. Entre el 674 y el 678 Muawiya ibn Abi Sufyán I, primer califa omeya, asedió la ciudad de Constantinopla: una maniobra que había empezado años antes, en el 670, cuando una escuadra árabe ocupa la ciudad de Cícico estableciendo una base permanente para servir de apoyo a futuras campañas navales.. En el 672 ocupan Esmirna y el 674 asedian la ciudad que resiste gracias a las murallas de Teodosio, manteniendo el bloqueo ocupando el mar de Mármara. Los omeyas fueron incapaces de abrir una vía en las murallas teodosianas que protegían la ciudad y fueron derrotados en el mar por los bizantinos gracias al fuego marino como narra Teófanes en su «Cronografía» atribuyendo el invento a Calínico de Heliópolis. Las naves árabes fueron destruidas o huyeron como consecuencia de la superstición de sus tripulantes al contemplar una llama que ardía en el agua siendo derrotados en las costas de Panfilia en la batalla de Silea de 678. El uso de este napalm medieval dio a los bizantinos el control del Mediterráneo Oriental en la Alta Edad Media.. La fórmula del fuego era uno de los secretos mejor guardados de la historia, los técnicos que lo fabricaban no tenían contacto con el mundo exterior y sólo nos queda en nuestros días especular con ingredientes y proporciones. La mezcla incluía probablemente nafta, una fracción del petróleo también conocida como bencina, azufre y amoníaco, si bien se desconocen los porcentajes de cada sustancia. La nafta haría que el líquido no se mezclara con el agua, mientras que el azufre actuaría como combustible. Otras investigaciones han propuesto dosis de cal viva, que al entrar en contacto con el agua eleva su temperatura hasta los 150 grados, o mezclas que contengan nitrato, salitre, resina o grasa.. Espantoso ingenio. El principal método de lanzamiento del fuego marino desde un barco era a través de un tubo dorado que sobresale denominado «siphon» por el que sale un chorro de fuego, el líquido en combustión se adhiere a las superficies que impacta y arde incluso debajo del agua. La fórmula del fuego marino se perdió alrededor de 1204 durante el saqueo de Constantinopla en la IV Cruzada, ya que muchos de los encargados de la fabricación murieron. En el contexto de las cruzadas, los árabes desarrollaron su propia versión el fuego marino al que llamaron fuego romano, aunque no con la misma fórmula.. En el asedio de Acre durante la Tercera Cruzada (1190), los defensores musulmanes lanzaron ollas con un nuevo combustible incendiario desde catapultas, que empaparon e incendiaron las torres de asedio cruzadas, extendiendo el pánico entre los cristianos. El testimonio mas evidente del terror que infundía el invento entre los cruzados es el de Jean de Joinville durante la Séptima Cruzada en la «Vida de San Luis» calificándolo como fuego griego, un espantoso ingenio: «este fuego griego, al tiempo que lo lanzaban, parecía por delante grueso como un tonel, y venia disminuyendo por detrás, haciendo una cola de más de vara y media de largo, que parecía dragón. Al caer hacia un estruendo tan grande, que parecía caer rayo del cielo; y era tanto el resplandor que de la llama salía, que todo el ejército se veía de noche tan claro como de día». Con la llegada de la artillería basada en la pólvora y los cañones los métodos incendiarios antiguos que requerían acercarse al enemigo quedaron obsoletos.
Capaz de arder sobre el agua, fue la herramienta más temida hasta que su fórmula se perdió, convirtiéndose en una de las grandes incógnitas de la historia militar
En la serie de novelas «Canción de hielo y fuego» de Georges R. R. Martin ambientadas en un mundo de fantasía medieval, aparece el fuego valyrio, un líquido de color verdoso inflable y volátil que arde durante mucho tiempo y cuyo secreto de fabricación sólo conocen los maestros. Al igual que en la defensa de Constantinopla del 678, es utilizado por los Lannister para defender Desembarco del Rey con la diferencia de que Constantino IV emplea lo que se conoce como fuego marino. Entre el 674 y el 678 Muawiya ibn Abi Sufyán I, primer califa omeya, asedió la ciudad de Constantinopla: una maniobra que había empezado años antes, en el 670, cuando una escuadra árabe ocupa la ciudad de Cícico estableciendo una base permanente para servir de apoyo a futuras campañas navales.. En el 672 ocupan Esmirna y el 674 asedian la ciudad que resiste gracias a las murallas de Teodosio, manteniendo el bloqueo ocupando el mar de Mármara. Los omeyas fueron incapaces de abrir una vía en las murallas teodosianas que protegían la ciudad y fueron derrotados en el mar por los bizantinos gracias al fuego marino como narra Teófanes en su «Cronografía» atribuyendo el invento a Calínico de Heliópolis. Las naves árabes fueron destruidas o huyeron como consecuencia de la superstición de sus tripulantes al contemplar una llama que ardía en el agua siendo derrotados en las costas de Panfilia en la batalla de Silea de 678. El uso de este napalm medieval dio a los bizantinos el control del Mediterráneo Oriental en la Alta Edad Media.. La fórmula del fuego era uno de los secretos mejor guardados de la historia, los técnicos que lo fabricaban no tenían contacto con el mundo exterior y sólo nos queda en nuestros días especular con ingredientes y proporciones. La mezcla incluía probablemente nafta, una fracción del petróleo también conocida como bencina, azufre y amoníaco, si bien se desconocen los porcentajes de cada sustancia. La nafta haría que el líquido no se mezclara con el agua, mientras que el azufre actuaría como combustible. Otras investigaciones han propuesto dosis de cal viva, que al entrar en contacto con el agua eleva su temperatura hasta los 150 grados, o mezclas que contengan nitrato, salitre, resina o grasa.. El principal método de lanzamiento del fuego marino desde un barco era a través de un tubo dorado que sobresale denominado «siphon» por el que sale un chorro de fuego, el líquido en combustión se adhiere a las superficies que impacta y arde incluso debajo del agua. La fórmula del fuego marino se perdió alrededor de 1204 durante el saqueo de Constantinopla en la IV Cruzada, ya que muchos de los encargados de la fabricación murieron. En el contexto de las cruzadas, los árabes desarrollaron su propia versión el fuego marino al que llamaron fuego romano, aunque no con la misma fórmula.. En el asedio de Acre durante la Tercera Cruzada (1190), los defensores musulmanes lanzaron ollas con un nuevo combustible incendiario desde catapultas, que empaparon e incendiaron las torres de asedio cruzadas, extendiendo el pánico entre los cristianos. El testimonio mas evidente del terror que infundía el invento entre los cruzados es el de Jean de Joinville durante la Séptima Cruzada en la «Vida de San Luis» calificándolo como fuego griego, un espantoso ingenio: «este fuego griego, al tiempo que lo lanzaban, parecía por delante grueso como un tonel, y venia disminuyendo por detrás, haciendo una cola de más de vara y media de largo, que parecía dragón. Al caer hacia un estruendo tan grande, que parecía caer rayo del cielo; y era tanto el resplandor que de la llama salía, que todo el ejército se veía de noche tan claro como de día». Con la llegada de la artillería basada en la pólvora y los cañones los métodos incendiarios antiguos que requerían acercarse al enemigo quedaron obsoletos.
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