Mayte Gómez Molina se levanta a las cinco de la mañana para ponerse a escribir, antes de desarrollar una jornada laboral al uso. El primer capítulo de La boca llena de trigo aparece tímidamente, con intención de cuento. El formato es tan reducido como el tiempo del que dispone, pero la historia se convierte en novela cuando le dan dos meses entre un trabajo y otro. Escribe urgentemente en ese impasse antes de mudarse a Karlsruhe y convertirse en una grenzgänger —cruzadora de fronteras— para ir a diario al Institute Art Gender Nature en Basilea, donde tutela bajo la dirección de Chus Matínez. Allí ambas se dedican a acompañar a estudiantes en su entrenamiento del pensamiento crítico. Tienen un programa tan inteligentemente hilado, que parece otro regalo de la ficción. O de la brujería, si nos ceñimos a la línea de investigación elegida para este curso.. Seguir leyendo
Mayte Gómez Molina se levanta a las cinco de la mañana para ponerse a escribir, antes de desarrollar una jornada laboral al uso. El primer capítulo de La boca llena de trigo aparece tímidamente, con intención de cuento. El formato es tan reducido como el tiempo del que dispone, pero la historia se convierte en novela cuando le dan dos meses entre un trabajo y otro. Escribe urgentemente en ese impasse antes de mudarse a Karlsruhe y convertirse en una grenzgänger —cruzadora de fronteras— para ir a diario al Institute Art Gender Nature en Basilea, donde tutela bajo la dirección de Chus Matínez. Allí ambas se dedican a acompañar a estudiantes en su entrenamiento del pensamiento crítico. Tienen un programa tan inteligentemente hilado, que parece otro regalo de la ficción. O de la brujería, si nos ceñimos a la línea de investigación elegida para este curso. Seguir leyendo
Crítica Literaria. Crítica. Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia. Mayte Gómez Molina ha decidido pintar a través de la escritura en esta novela sobre una protagonista con un cuerpo avergonzante para el exterior y avergonzado dentro de ella misma. ‘Whatever is Here’ (2006), una de las obras de la exposción de Arpita Singh ‘Remembering’, en las Serpentine Galleries de Londres en marzo de 2025.Malcolm Park (Alamy / Cordon Press). Mayte Gómez Molina se levanta a las cinco de la mañana para ponerse a escribir, antes de desarrollar una jornada laboral al uso. El primer capítulo de La boca llena de trigo aparece tímidamente, con intención de cuento. El formato es tan reducido como el tiempo del que dispone, pero la historia se convierte en novela cuando le dan dos meses entre un trabajo y otro. Escribe urgentemente en ese impasse antes de mudarse a Karlsruhe y convertirse en una grenzgänger —cruzadora de fronteras— para ir a diario al Institute Art Gender Nature en Basilea, donde tutela bajo la dirección de Chus Matínez. Allí ambas se dedican a acompañar a estudiantes en su entrenamiento del pensamiento crítico. Tienen un programa tan inteligentemente hilado, que parece otro regalo de la ficción. O de la brujería, si nos ceñimos a la línea de investigación elegida para este curso.. Antes de inaugurar esta etapa, Gómez Molina ya había terminado sus deberes: una novela, tan larga como las ocho semanas que le permitieron. Se podría decir que La boca llena de trigo es su ópera prima, si no se supiera de antemano que su carrera en el arte digital es una forma de narrativa y que ya ha publicado varios poemarios. Pero al contrario que ella, Anna, la pintora protagonista de este libro, está bloqueada y no puede cargar con las responsabilidades de los encargos. “A veces, la única forma de descansar es ponerse a trabajar” le achaca una amiga, y que para perder el miedo hay que pasar a través de él. Así ocurren las revelaciones, lejos del misticismo, en pleno cotidiano. El relato cuenta aquí cómo una pintora nouvelle consigue un solo expositivo de la mano de una galerista tiburón, que juega a las apuestas al amparo de su credibilidad. Un sistema de sobras conocido. La propuesta la sobrepasa tanto que su creatividad se cierra a cal y canto. Sospecha profundamente que su talento es un error y que este encargo lo va a poner en evidencia.. La escritura va de resarcirse. Anna pinta —o imagina pintar— todos los cuadros que nuestra escritora no pudo materializar mientras estudiaba Bellas Artes en Granada. Gómez Molina ha decidido pintar a través de la escritura y muchas de las escenas se conectan con sus mímicas plásticas. Leemos escenas que recuerdan a cuadros de Arpita Singh, Clementine Hunter, Cecilia Vicuña, Samia Halaby, Julie Mehretu o Susan Rothenberg. Pero sobre todo leemos aquí, incluso olemos, la podredumbre de las ilusiones que no se han podido sacar a ventilar. Es el malditismo del talento, lejos del viaje del héroe y más cerca de la experiencia femenina.. Anna es un cuerpo avergonzante para el exterior y avergonzado dentro de ella misma. Se palpa lo difícil de ser un ser social, espejo de los celos y frustraciones de los demás, a la intemperie del amor afilado del resto. Siempre preocupado entre el ocupar demasiado y el desaparecer del todo. No todas las amistades son benignas ni frugales. Y cuando una narradora consigue ponernos tan adentro de la cabeza de la protagonista, el resto de personajes pasan peligrosamente alrededor, desestabilizando nuestra posición con la velocidad de un coche de carreras. Aprendemos así, a volantazos, que nuestro sostén y posición en el mundo son precarios y que el intrusismo laboral y el vital vienen de una misma raíz: la incapacidad de encajar del todo en las reglas de otros.. Mayte Gómez Molina. Anagrama, 2026. 216 páginas. 18,90 euros. Búsquelo en su librería. Normas ›. Mis comentariosNormas. Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos. Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus.. Más información. Archivado En. Cultura. Libros. Crítica literaria. Narrativa. Novela. Escritores. Literatura española. Editoriales. Si está interesado en licenciar este contenido, pinche aquí
