El pasado lunes 1 de junio, la Academia Internacional de Astronáutica (IAA, por sus siglas en inglés) aprobó una importante actualización de los protocolos que rigen la forma en que los científicos informan a la humanidad de la presencia de vida extraterrestre.. La versión anterior databa del año 2010, cuando muchos de los avances tecnológicos en materia de comunicaciones de los que ahora disfrutamos aún no existían.. El documento se titula Declaración de Principios sobre la Conducta en la Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre. Su impulsor es Michael Garrett, titular de la Cátedra Sir Bernard Lovell de Astrofísica en la Universidad de Mánchester (Reino Unido) y presidente del comité SETI de la IAA.. Garrett lideró una revisión en la que han participado más de 350 investigadores a lo largo de varios años. «El entorno informativo en el que operamos hoy es muchísimo más complejo que en 2010», dice Garrett.. La principal preocupación de los expertos de la IAA no radica en el descubrimiento en sí, sino en lo que ocurriría las horas posteriores, cuando un rumor a medias confirmado podría propagarse rápidamente y anular cualquier precaución.. La búsqueda de vida alienígena ha cambiado casi por completo. El nuevo texto adopta una perspectiva mucho más amplia. Los investigadores ahora rastrean todo el espectro electromagnético: pulsos láser ópticos, señales multimensajero y el tenue resplandor infrarrojo que una vasta megaestructura alienígena emitiría como calor residual. Una llamada tecnofirma, en el lenguaje del documento, podría incluso ser un artefacto físico.. El texto recoge que nada se hace público hasta que un indicio haya sido autenticado por grupos independientes, con diferentes instrumentos y métodos. «No gritamos ‘extraterrestre’ en cuanto vemos una señal extraña», añade Garrett.. «El método científico exige que comprobemos, volvamos a comprobar y luego pidamos a otros que lo hagan. Solo cuando llegamos a un consenso sobre la credibilidad de una señal la compartimos con el mundo», dice el experto.. Una vez realizadas las comprobaciones, llega otra cuestión: ¿Se debe responder? El protocolo lo deja claro: no se debe enviar ninguna respuesta por cuenta propia. Una respuesta, afirma, es una decisión que pertenece a toda la humanidad, que solo se tomará después de una consulta internacional, específicamente a través de las Naciones Unidas.. Los descubridores tienen el derecho de hacer el primer anuncio, pero nadie puede hablar en nombre de la especie humana, dice la IAA. Una detección confirmada se informaría íntegramente al público, a la comunidad científica y al Secretario General de la ONU, respaldada por un informe revisado por pares y los datos brutos, archivados en al menos dos repositorios en diferentes partes del planeta.. Para supervisar las consecuencias a largo plazo, el comité crearía un Subcomité Permanente de Posdetección, integrado no solo por astrónomos, sino también por expertos en ética, abogados, científicos sociales y especialistas en comunicación de riesgos.
Los expertos han renovado las normas sobre qué hacer porque «el entorno informativo en el que operamos hoy es muchísimo más complejo que en 2010», año de la última actualización.
El pasado lunes 1 de junio, la Academia Internacional de Astronáutica (IAA, por sus siglas en inglés) aprobó una importante actualización de los protocolos que rigen la forma en que los científicos informan a la humanidad de la presencia de vida extraterrestre.. La versión anterior databa del año 2010, cuando muchos de los avances tecnológicos en materia de comunicaciones de los que ahora disfrutamos aún no existían.. El documento se titula Declaración de Principios sobre la Conducta en la Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre. Su impulsor es Michael Garrett, titular de la Cátedra Sir Bernard Lovell de Astrofísica en la Universidad de Mánchester (Reino Unido) y presidente del comité SETI de la IAA.. Garrett lideró una revisión en la que han participado más de 350 investigadores a lo largo de varios años. «El entorno informativo en el que operamos hoy es muchísimo más complejo que en 2010», dice Garrett.. La principal preocupación de los expertos de la IAA no radica en el descubrimiento en sí, sino en lo que ocurriría las horas posteriores, cuando un rumor a medias confirmado podría propagarse rápidamente y anular cualquier precaución.. La búsqueda de vida alienígena ha cambiado casi por completo. El nuevo texto adopta una perspectiva mucho más amplia. Los investigadores ahora rastrean todo el espectro electromagnético: pulsos láser ópticos, señales multimensajero y el tenue resplandor infrarrojo que una vasta megaestructura alienígena emitiría como calor residual. Una llamada tecnofirma, en el lenguaje del documento, podría incluso ser un artefacto físico.. El texto recoge que nada se hace público hasta que un indicio haya sido autenticado por grupos independientes, con diferentes instrumentos y métodos. «No gritamos ‘extraterrestre’ en cuanto vemos una señal extraña», añade Garrett.. «El método científico exige que comprobemos, volvamos a comprobar y luego pidamos a otros que lo hagan. Solo cuando llegamos a un consenso sobre la credibilidad de una señal la compartimos con el mundo», dice el experto.. Una vez realizadas las comprobaciones, llega otra cuestión: ¿Se debe responder? El protocolo lo deja claro: no se debe enviar ninguna respuesta por cuenta propia. Una respuesta, afirma, es una decisión que pertenece a toda la humanidad, que solo se tomará después de una consulta internacional, específicamente a través de las Naciones Unidas.. Los descubridores tienen el derecho de hacer el primer anuncio, pero nadie puede hablar en nombre de la especie humana, dice la IAA. Una detección confirmada se informaría íntegramente al público, a la comunidad científica y al Secretario General de la ONU, respaldada por un informe revisado por pares y los datos brutos, archivados en al menos dos repositorios en diferentes partes del planeta.. Para supervisar las consecuencias a largo plazo, el comité crearía un Subcomité Permanente de Posdetección, integrado no solo por astrónomos, sino también por expertos en ética, abogados, científicos sociales y especialistas en comunicación de riesgos.
