Hace ya quince ediciones que Jesús Cimarro tomó las riendas del Festival de Mérida. En aquella arena se siente en casa. Nació en Ermua, en 1965, aunque no niega que hay una parte importante de él que es extremeña. Por ello, recoger hoy el Max de Honor en el Teatro Romano de lo que fue Augusta Emerita le hace «especial ilusión». Más todavía al convertirse, tras una larga lista de intérpretes y directores, en el primer productor en recoger la manzana de la SGAE después de 40 años de carrera y camino ya de los 300 proyectos a su espalda.. –Dice la presidenta de la Academia, Magüi Mira, que los teatreros no se rigen «por las normas de la IA».. –Por suerte. Ya me están diciendo que con la inteligencia artificial los rodajes se van a reducir a una semana o tres días.. –¿Se convertirá el teatro en un objeto de lujo por el que pagar miles de euros?. –No sé, pero el cine y las series serán mentira porque no van a necesitar a los actores más de un par de días. Con pagar los derechos de imagen va a ser suficiente. Por eso, la música, el teatro, la danza, el circo… el espectáculo en vivo siempre va a estar ahí. Está en auge.. –En la pandemia se llegó a dudar de su supervivencia…. –Y se ha hecho más necesario. El Covid nos cambió los hábitos: este país vivía más de noche y ahora vive más de día. Era impensable que programáramos un concierto al mediodía; y hemos visto que es una hora muy buena: la gente ve el espectáculo y se va de cañas o de comida.. –Unas cañas vienen bien para celebrar el Max de Honor: primer productor premiado.. –Lo primero que pensé cuando me llamaron para decirme que me concedían el Max de Honor es que me querían retirar (risas)… y yo todavía tengo que dar guerra. Tengo cuerda para unos cuantos años más. Pero me hizo ilusión que sea un reconocimiento a toda esa parte que no siempre está visible; a una profesión que no siempre se ha entendido o que no ha interesado que se entendiera. Esto es una pica en Flandes porque la gestión es importante dentro del ecosistema teatral.. –¿El camino del productor es más bonito o más duro?. –Cada uno de los elementos humanos de una empresa teatral son duros. Cuando uno empieza no sabe qué va a pasar; y eso le ocurre a actores, directores, autores, productores…. –Pero ustedes son los que ponen los cuartos.. –También los buscamos por todas partes. Organizamos el espectáculo y los elementos humanos necesarios para que se dé.. –Cuando le concedieron el premio dijo que «hacían realidad las locuras de los artistas».. –Y no solo las locuras. Ellos tienen una idea en la cabeza que luego hay que trasladarla a la realidad. Me he encontrado muchas ideas maravillosas que sobre el escenario no lo eran tanto; o cosas que piensas que no son nada y luego son una genialidad. Eso es lo bueno del espectáculo en vivo, que cada día te sorprende.. –40 años y 275 producciones… Son cifras importantes.. –Nunca sabes qué va a pasar. Tú pones los ingredientes pensando que van a funcionar y luego no funcionan. Cuando estrenas una obra con un equipo artístico ese es el mejor y hay que ir al 100%. En un trabajo en el que la materia prima son personas con realidades distintas lo más complicado es unir el puzle.. –Antes hablaba de la dureza de esta profesión: ¿cuántas veces se ha asomado al abismo de la quiebra?. –Un par. Si un par de espectáculos no te salen bien la estructura se tambalea. En la pandemia tuvimos que luchar mucho porque esta empresa tenía contratos por valor de más de 6 millones de euros, así que tuvimos que pedir créditos porque no sabíamos qué iba a pasar. Piensas mucho en las familias que hay detrás, en esa responsabilidad. Al final, con sangre fría se reconducen las situaciones.. –Usted tiene un manual de producción, ¿cuál es la clave del buen gestor?. –Tener un buen equipo, sobre todo, en estructuras tan grandes como Pentación. Al final esto es la gestión de algo atípico como es el teatro. Esto no es una botella que la fabricas y la puedes vender más tarde; aquí si por cualquier problema no se levanta el telón tienes que devolver todo. Son reglas del juego muy distintas a cualquier otro negocio. Cuando vas a pedir un crédito al banco tienes que explicar que esto es efímero. Si no están los actores no tienes nada. En las artes escénicas reinvertir el dinero es la única manera de poder afrontar las siguientes producciones. No siempre se entiende: cuando se hizo la reforma laboral querían que todo el mundo fuera fijo, pero los artistas pueden trabajar en teatro, cine, televisión, plataformas, radio, publicidad… Esto es una profesión liberal en la que bastaría con cumplir el convenio colectivo y el estatuto de los trabajadores. Para eso están: para que ni una empresa se pase con un trabajador, ni un trabajador se pase con una empresa. El diálogo social debe existir por ambas partes. No es lo mismo un actor que empieza que otro que lleva 40 años. Esto es una montaña rusa.. –¿Cómo se llena un teatro como el de Mérida? Que no es precisamente pequeño en tamaño (50 metros de boca) ni en aforo: 3.300 localidades.. –No es fácil porque estamos hablando de un festival muy específico, por lo que hay que arropar cada producción para que el público se pueda interesar. Pero reconozco mi éxito en haber conseguido la confianza del público, que es lo más difícil.. –En ciudades como Madrid o Barcelona cuesta encontrar una entrada cualquier día de la semana, sin embargo, la exhibición ha descendido un 35% en los últimos 15 años. ¿El teatro se ha centralizado?. –Porque en el resto del país las giras han pasado de cuatro días a uno. Y eso no es una pérdida solo para el sector, sino para la propia ciudad. En Mérida, cada noche hay 3.000 personas movilizándose por la zona. Es mucha gente. Y la economía se basa, sobre todo, en la microeconomía. La del día a día.. –¿Qué sentirá la noche de los Max, en Mérida, cuando el que acapare los focos del Teatro Romano sea usted y no los intérpretes?. –Ahora me toca estar a mí arriba… Será una mezcla de sensaciones: alegría, responsabilidad, reconocimiento…. –Dicen que ese escenario te come.. –Impresiona, aunque yo tengo la ventaja de haberme subido muchas veces a hablar desde allí. Mira que es grande, pero los romanos lo hicieron tan bien que notas a la gente muy cerca.. –¿Qué porcentaje de Jesús Cimarro es ya extremeño?. –Bastante. Estoy allí casi tres meses al año desde hace quince años.. –¿Qué debe tener un montaje para que lo produzca?. –Una buena historia y un buen equipo artístico. He hecho mucho autor español porque es más fácil llegar al público, ya sea comedia o tragedia. El público demanda mucha comedia.. –¿Se necesita más comedia que nunca?. –Sí. La gente quiere pasárselo.. –¿Qué nos dice eso de la situación del país?. –Que el público quiere evadirse de la atmósfera que hay a nuestro alrededor. Creo que la crispación que tiene la clase política se ha trasladado a una ciudadanía que está cansada de todo eso.. –¿Ese hartazgo es peligroso?. –Mucho. No se dan cuenta de la responsabilidad que tienen los poderes públicos y de que se debe vivir dentro de un consenso. Hay que convivir y respetar a los demás. Considero que ahí el mundo de la cultura juega un papel importantísimo: que el público se sienta a gusto en un teatro, un circo, un concierto, en el cine… La sociedad quiere disfrutar de la vida y de los tiempos de ocio.. –¿Cuántas veces le han dicho que tiene hechuras de ministro?. –Unas cuantas.. –¿Tiene ideas?. –Por supuesto. Tengo mucha relación con los distintos sectores que necesitan soluciones claras de la plaza del Rey. Del mundo del audiovisual al mundo de la pintura, exposiciones, literatura, artes escénicas, música… Una de las cosas que debería hacer un ministro o ministra de Cultura es sentarse con los sectores y analizar las necesidades del sector.. –¿No lo hacen?. –Se sientan, pero tienen otro tipo de ideas. No se atiende al sector productivo. Y ellos lo saben porque yo se lo he trasladado. Considero que los políticos se tienen que tomar más en serio la cultura y las recomendaciones que vienen de Europa, como ese 1% de los presupuestos del Estado para la cultura, que en estos momentos está en el 0,58; o el 2% en los presupuestos autonómicos, adonde no llega ninguna comunidad a eso. Se acerca la catalana, pero el resto no llega ni al 1. Estamos hablando de un sector en el que por cada euro que se invierte se generan entre 1,5 y 2. Más de 720.000 familias viviendo de la industria cultural y más de 40.000 millones de euros que se ingresan en el Estado de la industria cultural.. –Luego se habla de subvencionados…. –Siempre digo lo mismo: la cultura está en el puesto 25. Es decir, que delante de nosotros hay 24 sectores que están más subvencionados.. –Pero la coletilla caló.. –Porque hay miedo a replicar. Yo no tengo ese miedo. Yo replico con educación y daros.
Se convertirá hoy en el primer productor en recoger un Max de Honor; y lo hará en «casa», en Mérida, sobre la arena de su imponente Teatro Romano
Hace ya quince ediciones que Jesús Cimarro tomó las riendas del Festival de Mérida. En aquella arena se siente en casa. Nació en Ermua, en 1965, aunque no niega que hay una parte importante de él que es extremeña. Por ello, recoger hoy el Max de Honor en el Teatro Romano de lo que fue Augusta Emerita le hace «especial ilusión». Más todavía al convertirse, tras una larga lista de intérpretes y directores, en el primer productor en recoger la manzana de la SGAE después de 40 años de carrera y camino ya de los 300 proyectos a su espalda.. –Dice la presidenta de la Academia, Magüi Mira, que los teatreros no se rigen «por las normas de la IA».. –Por suerte. Ya me están diciendo que con la inteligencia artificial los rodajes se van a reducir a una semana o tres días.. –¿Se convertirá el teatro en un objeto de lujo por el que pagar miles de euros?. –No sé, pero el cine y las series serán mentira porque no van a necesitar a los actores más de un par de días. Con pagar los derechos de imagen va a ser suficiente. Por eso, la música, el teatro, la danza, el circo… el espectáculo en vivo siempre va a estar ahí. Está en auge.. –En la pandemia se llegó a dudar de su supervivencia…. –Y se ha hecho más necesario. El Covid nos cambió los hábitos: este país vivía más de noche y ahora vive más de día. Era impensable que programáramos un concierto al mediodía; y hemos visto que es una hora muy buena: la gente ve el espectáculo y se va de cañas o de comida.. –Unas cañas vienen bien para celebrar el Max de Honor: primer productor premiado.. –Lo primero que pensé cuando me llamaron para decirme que me concedían el Max de Honor es que me querían retirar (risas)… y yo todavía tengo que dar guerra. Tengo cuerda para unos cuantos años más. Pero me hizo ilusión que sea un reconocimiento a toda esa parte que no siempre está visible; a una profesión que no siempre se ha entendido o que no ha interesado que se entendiera. Esto es una pica en Flandes porque la gestión es importante dentro del ecosistema teatral.. –¿El camino del productor es más bonito o más duro?. –Cada uno de los elementos humanos de una empresa teatral son duros. Cuando uno empieza no sabe qué va a pasar; y eso le ocurre a actores, directores, autores, productores…. –Pero ustedes son los que ponen los cuartos.. –También los buscamos por todas partes. Organizamos el espectáculo y los elementos humanos necesarios para que se dé.. –Cuando le concedieron el premio dijo que «hacían realidad las locuras de los artistas».. –Y no solo las locuras. Ellos tienen una idea en la cabeza que luego hay que trasladarla a la realidad. Me he encontrado muchas ideas maravillosas que sobre el escenario no lo eran tanto; o cosas que piensas que no son nada y luego son una genialidad. Eso es lo bueno del espectáculo en vivo, que cada día te sorprende.. –40 años y 275 producciones… Son cifras importantes.. –Nunca sabes qué va a pasar. Tú pones los ingredientes pensando que van a funcionar y luego no funcionan. Cuando estrenas una obra con un equipo artístico ese es el mejor y hay que ir al 100%. En un trabajo en el que la materia prima son personas con realidades distintas lo más complicado es unir el puzle.. –Antes hablaba de la dureza de esta profesión: ¿cuántas veces se ha asomado al abismo de la quiebra?. –Un par. Si un par de espectáculos no te salen bien la estructura se tambalea. En la pandemia tuvimos que luchar mucho porque esta empresa tenía contratos por valor de más de 6 millones de euros, así que tuvimos que pedir créditos porque no sabíamos qué iba a pasar. Piensas mucho en las familias que hay detrás, en esa responsabilidad. Al final, con sangre fría se reconducen las situaciones.. –Usted tiene un manual de producción, ¿cuál es la clave del buen gestor?. –Tener un buen equipo, sobre todo, en estructuras tan grandes como Pentación. Al final esto es la gestión de algo atípico como es el teatro. Esto no es una botella que la fabricas y la puedes vender más tarde; aquí si por cualquier problema no se levanta el telón tienes que devolver todo. Son reglas del juego muy distintas a cualquier otro negocio. Cuando vas a pedir un crédito al banco tienes que explicar que esto es efímero. Si no están los actores no tienes nada. En las artes escénicas reinvertir el dinero es la única manera de poder afrontar las siguientes producciones. No siempre se entiende: cuando se hizo la reforma laboral querían que todo el mundo fuera fijo, pero los artistas pueden trabajar en teatro, cine, televisión, plataformas, radio, publicidad… Esto es una profesión liberal en la que bastaría con cumplir el convenio colectivo y el estatuto de los trabajadores. Para eso están: para que ni una empresa se pase con un trabajador, ni un trabajador se pase con una empresa. El diálogo social debe existir por ambas partes. No es lo mismo un actor que empieza que otro que lleva 40 años. Esto es una montaña rusa.. –¿Cómo se llena un teatro como el de Mérida? Que no es precisamente pequeño en tamaño (50 metros de boca) ni en aforo: 3.300 localidades.. –No es fácil porque estamos hablando de un festival muy específico, por lo que hay que arropar cada producción para que el público se pueda interesar. Pero reconozco mi éxito en haber conseguido la confianza del público, que es lo más difícil.. –En ciudades como Madrid o Barcelona cuesta encontrar una entrada cualquier día de la semana, sin embargo, la exhibición ha descendido un 35% en los últimos 15 años. ¿El teatro se ha centralizado?. –Porque en el resto del país las giras han pasado de cuatro días a uno. Y eso no es una pérdida solo para el sector, sino para la propia ciudad. En Mérida, cada noche hay 3.000 personas movilizándose por la zona. Es mucha gente. Y la economía se basa, sobre todo, en la microeconomía. La del día a día.. –¿Qué sentirá la noche de los Max, en Mérida, cuando el que acapare los focos del Teatro Romano sea usted y no los intérpretes?. –Ahora me toca estar a mí arriba… Será una mezcla de sensaciones: alegría, responsabilidad, reconocimiento…. –Dicen que ese escenario te come.. –Impresiona, aunque yo tengo la ventaja de haberme subido muchas veces a hablar desde allí. Mira que es grande, pero los romanos lo hicieron tan bien que notas a la gente muy cerca.. –¿Qué porcentaje de Jesús Cimarro es ya extremeño?. –Bastante. Estoy allí casi tres meses al año desde hace quince años.. –¿Qué debe tener un montaje para que lo produzca?. –Una buena historia y un buen equipo artístico. He hecho mucho autor español porque es más fácil llegar al público, ya sea comedia o tragedia. El público demanda mucha comedia.. –¿Se necesita más comedia que nunca?. –Sí. La gente quiere pasárselo.. –¿Qué nos dice eso de la situación del país?. –Que el público quiere evadirse de la atmósfera que hay a nuestro alrededor. Creo que la crispación que tiene la clase política se ha trasladado a una ciudadanía que está cansada de todo eso.. –¿Ese hartazgo es peligroso?. –Mucho. No se dan cuenta de la responsabilidad que tienen los poderes públicos y de que se debe vivir dentro de un consenso. Hay que convivir y respetar a los demás. Considero que ahí el mundo de la cultura juega un papel importantísimo: que el público se sienta a gusto en un teatro, un circo, un concierto, en el cine… La sociedad quiere disfrutar de la vida y de los tiempos de ocio.. –¿Cuántas veces le han dicho que tiene hechuras de ministro?. –Unas cuantas.. –¿Tiene ideas?. –Por supuesto. Tengo mucha relación con los distintos sectores que necesitan soluciones claras de la plaza del Rey. Del mundo del audiovisual al mundo de la pintura, exposiciones, literatura, artes escénicas, música… Una de las cosas que debería hacer un ministro o ministra de Cultura es sentarse con los sectores y analizar las necesidades del sector.. –¿No lo hacen?. –Se sientan, pero tienen otro tipo de ideas. No se atiende al sector productivo. Y ellos lo saben porque yo se lo he trasladado. Considero que los políticos se tienen que tomar más en serio la cultura y las recomendaciones que vienen de Europa, como ese 1% de los presupuestos del Estado para la cultura, que en estos momentos está en el 0,58; o el 2% en los presupuestos autonómicos, adonde no llega ninguna comunidad a eso. Se acerca la catalana, pero el resto no llega ni al 1. Estamos hablando de un sector en el que por cada euro que se invierte se generan entre 1,5 y 2. Más de 720.000 familias viviendo de la industria cultural y más de 40.000 millones de euros que se ingresan en el Estado de la industria cultural.. –Luego se habla de subvencionados…. –Siempre digo lo mismo: la cultura está en el puesto 25. Es decir, que delante de nosotros hay 24 sectores que están más subvencionados.. –Pero la coletilla caló.. –Porque hay miedo a replicar. Yo no tengo ese miedo. Yo replico con educación y daros.
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