Su lunar perfectamente ubicado en el rostro, sus labios de anuncio y sus afilados ojos perfilados con rabillo son motivos más que suficientes para afirmar que se trató de una de las mujeres más bellas de la historia. Marilyn Monroe era puro encanto y atractivo: la mujer que cautivó al mundo con su vestido blanco revoloteado por un conducto de ventilación de Nueva York es una joya de Hollywood. Una diva sin igual que, no obstante, fue mucho más que una cara bonita. Sí, Marilyn fue esa imagen icónica, esa mujer preciosa, sonriente y que lanzaba besos a la cámara. «Pero también era orgullo, ambición, esfuerzo, rabia… Unos conceptos que no asociamos a ella hasta que no nos metemos de lleno en su biografía. La intrahistoria de Marilyn, de Norma Jeane más bien, fue lo que me conquistó y lo que me hizo escribir este libro», explica a este diario Yoel Solà, autor de «Cincuenta centavos por tu alma: Una biografía actual sobre Marilyn Monroe».. En estas páginas, añade, trata de arrojar luz sobre dos aspectos de la vida de Monroe. Por un lado, su relación con los hombres. «Ni era la promiscua que se movía por interés buscando a toda costa la atención masculina, ni tampoco una mujer perfecta e intachable. No pretendo blanquear su imagen a toda costa, eso sería un ejercicio de manipulación biográfica. Lo que busco es meterme en su día a día y descubrir el por qué de sus acciones». No fueron, en este sentido, ni Joe Di Maggio ni Arthur Miller los grandes obstáculos de la integridad de Monroe, sino que «el mayor enemigo de Marilyn siempre fue ella misma. Lo que no quita que Di Maggio fuera un maltratador y que Miller se equivocara queriendo ser guía, padre y marido a la vez», afirma el autor. Asimismo, continúa, en el libro trata de iluminar «otro aspecto que nos ha llegado distorsionado, que es su talento como actriz. Poco o casi nada se habla de que se formó, fue a academias, leyó mucho… Todo por ser una mejor actriz».. Mucho antes de la «rubia explosiva» de Hollywood estaba Norma Jeane, que nació en California hace justo 100 años. Y para comprender a Marilyn hay que conocer a Norma. Opina Solà que «la infancia es el patio donde jugamos toda la vida» y, en el caso de la actriz, su personalidad se formó «en las calles de los suburbios de Los Ángeles, pasando de orfanato en orfanato, de casas de acogida a casas de amigos de su madre». La intérprete creció entre el desarraigo, algo que le acompañaría toda la vida y que desembocaría en algo que define su trayectoria: el sueño americano. «Era una superviviente nata. Lo fue durante toda su infancia y lo siguió siendo toda la vida», afirma el autor, añadiendo que pese a las dificultades de la vida y, más complejo aún, los estragos de la fama, fue una mujer «que siempre tuvo los pies en el suelo. No he encontrado en mis investigaciones que se comprtara como una diva, como una estrell que está por encima de quienes compraban entradas para ver sus películas».. Es decir, Marilyn nunca terminó de separarse de Norma. Para Solà, el mito nunca devoró del todo a la persona. No obstante, tampoco fue inmune a su ritmo de vida, pues «su atormentada vida social, los fantasmas del pasado y los conflictos con la industria sí hicieron aflorar a un monstruo que mordía y hería, que la convertía en una mujer irascible, que dormía mal y hasta le costó su tercer y último matrimonio. Creo que ese sí fue un momento en el que el mito devoró a la persona, a la chica un poco ingenua pero nada tonta que necesitaba kilos de reconocimiento y toneladas de aprobación para sentirse bien consigo misma».. El producto. «En Hollywood te pagan mil dólares por un beso y cincuenta centavos por tu alma». Esta célebre frase, que da título a la biografía de Solà, se atribuye a Monroe, quien la expresó para reflejar cómo el sistema explotaba la imagen pública mientras devaluaba la integridad o dignidad de la persona. ¿Fue Hollywood el mayor enemigo de la intérprete? Si bien, refleja la biografía, hubo figuras como «Milton Greene, amigo y socio de Marilyn, que la ayudó a crear su propia productora y que supo apreciar a la artista que había tras el producto», no son pocas las sombras proyectadas por la industria hacia Monroe. «Muy pocos la tomaron en serio, la usaron cuando fue un juguete nuevo y llamativo, y la explotaron hasta que alzó la voz. Es triste decirlo, pero por lo que he podido investigar Marilyn no tuvo a muchos amigos dentro de la industria. Hasta algunos de sus asesores y colaboradores en las primeras películas ganaron más dinero que ella por ayudarla a prepararse sus papeles», informa Solà.. El centenario del nacimiento de Marilyn invita, por tanto, a reflexionar en una época donde la imagen femenina era explotada bajo los intereses de unos pocos. Algo que no queda lejos de una actualidad en la que, a través de las redes sociales, el culto a la imagen tiende más a infravalorar la reflexión que a impulsar el cultivo del conocimiento. ¿Siguen las Norma Jeane de hoy vendiendo sus almas por «cincuenta centavos»? «Sí, por supuesto», responde el escritor, «es algo que ha cambiado poco o nada desde la época de Marilyn. Hoy tenemos más en cuenta el tema de la salud mental y del coste que nos puede traer exponernos a determinadas situaciones, pero también es cierto que todo se mercantiliza más que antes. O, más bien, tenemos más herramientas para convertirlo todo en un producto».. Las últimas horas. Monroe fue, por tanto, mucho más que ese lunar, que esa inigualable sonrisa. Siendo justos: el primer gancho de su carrera quizá sí fue su belleza. Pero también hubo talento y una profunda convicción de alcanzar ciertos objetivos profesionale. Fue una actriz de pies a la cabeza, «una de las pioneras de Hollywood», define Solà. Fue, continúa, «de las primeras en hacer valer su talento, en pedir mejores papeles, en solicitar más reconocimiento y hasta en pedir un mejor salario. Tuvo carácter y se enemistó con los productores hasta el punto de fundar su propia productora de cine. ¡Una mujer produciendo sus propias películas en plenos años cincuenta! No duró mucho, es verdad, pero fue una emprendedora. Esa pequeña aventura empresarial tiene de por sí un valor incalculable».. «Cincuenta centavos por tu alma», por tanto, queda lejos de alimentar el lado más simbólico de la actriz, sino más bien de lanzar una imagen de la misma de la forma más fiel posible a la realidad. Es este libro resultado de una investigación que se desarrolló a lo largo de cuatro años, en la que Solà consultó «sus biografías más famosas, sus películas, infinidad de artículos, podcast, análisis psicológicos, y hasta una copia del informe de su autopsia». Siendo su fallecimiento, por cierto, uno de los episodios más controvertidos de la vida de la intérprete. ¿Cómo derriba el libro las teorías conspirativas? «El último capítulo se lo dedico a este crucial momento. Me centro en narrar de la forma más fidedigna posible cómo pudieron ser las últimas horas de Marilyn aquella fatídica noche del 4 al 5 de agosto de 1962», continúa el escritor. «Cada vez son más los investigadores (y las pruebas) que apuntan a una tercera posibilidad, y yo en mi libro me hago eco de esta hipótesis: los medicamentos no fueron los únicos elementos que se mezclaron peligrosamente en la mansión de Marilyn», concluye.
En el centenario de su nacimiento, biografías como la publicada por Yoel Solà arrojan luz sobre la persona más allá de la icónica diva de Hollywood
Su lunar perfectamente ubicado en el rostro, sus labios de anuncio y sus afilados ojos perfilados con rabillo son motivos más que suficientes para afirmar que se trató de una de las mujeres más bellas de la historia. Marilyn Monroe era puro encanto y atractivo: la mujer que cautivó al mundo con su vestido blanco revoloteado por un conducto de ventilación de Nueva York es una joya de Hollywood. Una diva sin igual que, no obstante, fue mucho más que una cara bonita. Sí, Marilyn fue esa imagen icónica, esa mujer preciosa, sonriente y que lanzaba besos a la cámara. «Pero también era orgullo, ambición, esfuerzo, rabia… Unos conceptos que no asociamos a ella hasta que no nos metemos de lleno en su biografía. La intrahistoria de Marilyn, de Norma Jeane más bien, fue lo que me conquistó y lo que me hizo escribir este libro», explica a este diario Yoel Solà, autor de «Cincuenta centavos por tu alma: Una biografía actual sobre Marilyn Monroe».. En estas páginas, añade, trata de arrojar luz sobre dos aspectos de la vida de Monroe. Por un lado, su relación con los hombres. «Ni era la promiscua que se movía por interés buscando a toda costa la atención masculina, ni tampoco una mujer perfecta e intachable. No pretendo blanquear su imagen a toda costa, eso sería un ejercicio de manipulación biográfica. Lo que busco es meterme en su día a día y descubrir el por qué de sus acciones». No fueron, en este sentido, ni Joe Di Maggio ni Arthur Miller los grandes obstáculos de la integridad de Monroe, sino que «el mayor enemigo de Marilyn siempre fue ella misma. Lo que no quita que Di Maggio fuera un maltratador y que Miller se equivocara queriendo ser guía, padre y marido a la vez», afirma el autor. Asimismo, continúa, en el libro trata de iluminar «otro aspecto que nos ha llegado distorsionado, que es su talento como actriz. Poco o casi nada se habla de que se formó, fue a academias, leyó mucho… Todo por ser una mejor actriz».. Mucho antes de la «rubia explosiva» de Hollywood estaba Norma Jeane, que nació en California hace justo 100 años. Y para comprender a Marilyn hay que conocer a Norma. Opina Solà que «la infancia es el patio donde jugamos toda la vida» y, en el caso de la actriz, su personalidad se formó «en las calles de los suburbios de Los Ángeles, pasando de orfanato en orfanato, de casas de acogida a casas de amigos de su madre». La intérprete creció entre el desarraigo, algo que le acompañaría toda la vida y que desembocaría en algo que define su trayectoria: el sueño americano. «Era una superviviente nata. Lo fue durante toda su infancia y lo siguió siendo toda la vida», afirma el autor, añadiendo que pese a las dificultades de la vida y, más complejo aún, los estragos de la fama, fue una mujer «que siempre tuvo los pies en el suelo. No he encontrado en mis investigaciones que se comprtara como una diva, como una estrell que está por encima de quienes compraban entradas para ver sus películas».. Es decir, Marilyn nunca terminó de separarse de Norma. Para Solà, el mito nunca devoró del todo a la persona. No obstante, tampoco fue inmune a su ritmo de vida, pues «su atormentada vida social, los fantasmas del pasado y los conflictos con la industria sí hicieron aflorar a un monstruo que mordía y hería, que la convertía en una mujer irascible, que dormía mal y hasta le costó su tercer y último matrimonio. Creo que ese sí fue un momento en el que el mito devoró a la persona, a la chica un poco ingenua pero nada tonta que necesitaba kilos de reconocimiento y toneladas de aprobación para sentirse bien consigo misma».. El producto. «En Hollywood te pagan mil dólares por un beso y cincuenta centavos por tu alma». Esta célebre frase, que da título a la biografía de Solà, se atribuye a Monroe, quien la expresó para reflejar cómo el sistema explotaba la imagen pública mientras devaluaba la integridad o dignidad de la persona. ¿Fue Hollywood el mayor enemigo de la intérprete? Si bien, refleja la biografía, hubo figuras como «Milton Greene, amigo y socio de Marilyn, que la ayudó a crear su propia productora y que supo apreciar a la artista que había tras el producto», no son pocas las sombras proyectadas por la industria hacia Monroe. «Muy pocos la tomaron en serio, la usaron cuando fue un juguete nuevo y llamativo, y la explotaron hasta que alzó la voz. Es triste decirlo, pero por lo que he podido investigar Marilyn no tuvo a muchos amigos dentro de la industria. Hasta algunos de sus asesores y colaboradores en las primeras películas ganaron más dinero que ella por ayudarla a prepararse sus papeles», informa Solà.. El centenario del nacimiento de Marilyn invita, por tanto, a reflexionar en una época donde la imagen femenina era explotada bajo los intereses de unos pocos. Algo que no queda lejos de una actualidad en la que, a través de las redes sociales, el culto a la imagen tiende más a infravalorar la reflexión que a impulsar el cultivo del conocimiento. ¿Siguen las Norma Jeane de hoy vendiendo sus almas por «cincuenta centavos»? «Sí, por supuesto», responde el escritor, «es algo que ha cambiado poco o nada desde la época de Marilyn. Hoy tenemos más en cuenta el tema de la salud mental y del coste que nos puede traer exponernos a determinadas situaciones, pero también es cierto que todo se mercantiliza más que antes. O, más bien, tenemos más herramientas para convertirlo todo en un producto».. Las últimas horas. Monroe fue, por tanto, mucho más que ese lunar, que esa inigualable sonrisa. Siendo justos: el primer gancho de su carrera quizá sí fue su belleza. Pero también hubo talento y una profunda convicción de alcanzar ciertos objetivos profesionale. Fue una actriz de pies a la cabeza, «una de las pioneras de Hollywood», define Solà. Fue, continúa, «de las primeras en hacer valer su talento, en pedir mejores papeles, en solicitar más reconocimiento y hasta en pedir un mejor salario. Tuvo carácter y se enemistó con los productores hasta el punto de fundar su propia productora de cine. ¡Una mujer produciendo sus propias películas en plenos años cincuenta! No duró mucho, es verdad, pero fue una emprendedora. Esa pequeña aventura empresarial tiene de por sí un valor incalculable».. «Cincuenta centavos por tu alma», por tanto, queda lejos de alimentar el lado más simbólico de la actriz, sino más bien de lanzar una imagen de la misma de la forma más fiel posible a la realidad. Es este libro resultado de una investigación que se desarrolló a lo largo de cuatro años, en la que Solà consultó «sus biografías más famosas, sus películas, infinidad de artículos, podcast, análisis psicológicos, y hasta una copia del informe de su autopsia». Siendo su fallecimiento, por cierto, uno de los episodios más controvertidos de la vida de la intérprete. ¿Cómo derriba el libro las teorías conspirativas? «El último capítulo se lo dedico a este crucial momento. Me centro en narrar de la forma más fidedigna posible cómo pudieron ser las últimas horas de Marilyn aquella fatídica noche del 4 al 5 de agosto de 1962», continúa el escritor. «Cada vez son más los investigadores (y las pruebas) que apuntan a una tercera posibilidad, y yo en mi libro me hago eco de esta hipótesis: los medicamentos no fueron los únicos elementos que se mezclaron peligrosamente en la mansión de Marilyn», concluye.
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