El estudio de la inquisición protestante constituye un imperativo historiográfico para desmantelar un éxito de la propaganda política contra España. Durante siglos, el relato dominante ha operado bajo un sesgo que vincula la palabra «Inquisición» exclusivamente al ámbito católico y español. Esta narrativa oculta la persecución religiosa cruenta y sistemática en la Europa donde triunfó la Reforma. La Reforma protestante consistió en un proceso de estatalización de la religión para romper con [[LINK:TAG|||tag|||633617df5c059a26e23f7e7d|||Roma]] y el Imperio, que derivó en la persecución de católicos, judíos y «servidores del demonio» mediante la maquinaria del Estado. Recuperar esta «historia silenciada» resulta fundamental para comprender que los reinos reformados funcionaron como estados inquisidores sin las garantías procesales que sí existían en el mundo hispánico. En este sentido, José Luis Pozo Fajarnés ha escrito un libro necesario: L» rel=»https://almuzaralibros.com/fichalibro.php?libro=9826&edi=6″ target=»_blank»>Europa cometía esas aberraciones, mientras que España en esa época era la vanguardia de la Ley Pozo Fajarnés ha seguido esta línea para estudiar la inquisición en los países protestantes. Parte de una mala definición de «inquisición» por parte de la [[LINK:TAG|||tag|||633619c159a61a391e0a1763|||Real Academia Española porque la limita al tribunal eclesiástico contra los delitos de fe. Esta acepción ignora que en la Europa de la Reforma, el rey o príncipe se erigía en cabeza de la Iglesia y del Estado. Los juicios eran formalmente civiles debido a que la ley dependía de la religión oficial, creando así un Estado inquisidor. La falta de distinción entre el trono y el altar en el mundo protestante facilitó el borrado de sus crímenes en el relato histórico. Simplemente no se hizo constar. Mientras, se proyectó la Leyenda Negra sobre España falseando sobre el mecanismo inquisitorial, que se basaba en un sistema garantista, descentralizado y burocrático con registros minuciosos. Por el contrario, la inquisición protestante careció de este orden administrativo para facilitar la liquidación del opositor y ocultar los abusos estatales La historiografía, dice Pozo Fajarnés, ha silenciado el virulento antisemitismo de figuras como Martín Lutero. En su obra de madurez Sobre los judíos y sus mentiras (1543), Lutero calificó a los judíos como infieles, e incitó a la quema de sinagogas junto a su expulsión general. Este germen de odio se extendió por los principados alemanes. En cambio, la España de los Reyes Católicos buscó la integración de los judíos mediante la conversión y se solucionó en pocas generaciones. En la Europa protestante el problema continuó, transformándose en un racismo que llegó al siglo XX con trágicas consecuencias. Otro de los pilares de esa persecución en países protestantes fueron las doctrinas de Calvino, que promovió en Ginebra
El autor desentierra la historia olvidada del norte de Europa. Una narración de masacres, hogueras y persecuciones que se quiso olvidar mientras se acusaba a España de todo tipo de crímenes
El estudio de la inquisición protestante constituye un imperativo historiográfico para desmantelar un éxito de la propaganda política contra España. Durante siglos, el relato dominante ha operado bajo un sesgo que vincula la palabra «Inquisición» exclusivamente al ámbito católico y español. Esta narrativa oculta la persecución religiosa cruenta y sistemática en la Europa donde triunfó la Reforma. La Reforma protestante consistió en un proceso de estatalización de la religión para romper con Roma y el Imperio, que derivó en la persecución de católicos, judíos y «servidores del demonio» mediante la maquinaria del Estado. Recuperar esta «historia silenciada» resulta fundamental para comprender que los reinos reformados funcionaron como estados inquisidores sin las garantías procesales que sí existían en el mundo hispánico.En este sentido, José Luis Pozo Fajarnés ha escrito un libro necesario: «Historia desconocida de la Inquisición protestante» (Sekotia, 2026). El autor es doctor en Filosofía y licenciado en Antropología social y cultural, y dio a la imprenta hace poco la obra «El origen de la hispanofobia de la izquierda española» (Sekotia, 2025). Su estudio va en la línea de Julián Juderías, que acuñó en 1914 el concepto de Leyenda Negra. Este autor denunció la existencia de un relato falso orquestado por las potencias europeas para denigrar el papel de España en el mundo. Se empeñaron en presentar a España como un país inquisitorial y atrasado. Las investigaciones de Juderías identificaron que el discurso antiespañol carecía de base documental fidedigna en la mayoría de sus acusaciones más graves.Europa cometía esas aberraciones, mientras que España en esa época era la vanguardia de la LeyPozo Fajarnés ha seguido esta línea para estudiar la inquisición en los países protestantes. Parte de una mala definición de «inquisición» por parte de la Real Academia Española porque la limita al tribunal eclesiástico contra los delitos de fe. Esta acepción ignora que en la Europa de la Reforma, el rey o príncipe se erigía en cabeza de la Iglesia y del Estado. Los juicios eran formalmente civiles debido a que la ley dependía de la religión oficial, creando así un Estado inquisidor. La falta de distinción entre el trono y el altar en el mundo protestante facilitó el borrado de sus crímenes en el relato histórico. Simplemente no se hizo constar. Mientras, se proyectó la Leyenda Negra sobre España falseando sobre el mecanismo inquisitorial, que se basaba en un sistema garantista, descentralizado y burocrático con registros minuciosos. Por el contrario, la inquisición protestante careció de este orden administrativo para facilitar la liquidación del opositor y ocultar los abusos estatalesLa historiografía, dice Pozo Fajarnés, ha silenciado el virulento antisemitismo de figuras como Martín Lutero. En su obra de madurez Sobre los judíos y sus mentiras (1543), Lutero calificó a lo
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