Tras su exitoso paso por la Semana del Arte de Madrid, el artista malagueño José Luis Puche culmina en Nueva York la segunda parte de «Welcome», un ambicioso proyecto nacido entre dos orillas que recorre los iconos de EE UU en vísperas del 250 aniversario de su independencia. Puche convierte su llegada a Manhattan en una reflexión sobre identidad, memoria y transformación. La Estatua de la Libertad, la Casa Blanca, la energía física de la tenista estadounidense Coco Gauff o la violencia estética de un automóvil accidentado se muestran bajo la mirada de un observador europeo que escucha estas realidades y las interioriza para dibujarlas. Fiel a su técnica de carbón graso, agua y papel de algodón, Puche arranca la obra desde el dibujo y después permite que la materia termine el proceso. «‘‘Welcome’’ nace en el momento en el que llego a Nueva York», explica el artista a LA RAZÓN. «Me doy cuenta de que lo que tenía hasta ahora ejercitándose dentro de mi cabeza no servía en ese preciso momento para estar aquí». El proyecto surge de una necesidad de reajuste, de la certeza de que una ciudad como la Gran Manzana obliga a pensar de otra manera. Puche entiende la dimensión del nuevo destino. «Nueva York te transforma, absolutamente», afirma. «Es una ciudad que te condiciona en la que la exigencia es máxima». Esa transformación provoca también una especie de regreso a los inicios. «Es casi como una especie de volver a empezar, porque te sientes como alguien nuevo que acaba de llegar». En ese instante nace la necesidad de observar primero y entender el contexto antes de intervenirlo. «Welcome» es, en ese sentido, una exposición sobre la llegada, pero también sobre la espera, la escucha y la adaptación a nuevas pieles. Si algo distingue a José Luis Puche es su técnica. La obra de este artista no nace únicamente del dibujo, sino también de su desgaste, de su alteración y de una forma muy particular de entender la destrucción como parte esencial del proceso creativo. Dibuja la obra, la interviene, moja, arrastra, borra y permite que el agua actúe como ayudante en el proceso. «Esa parte casi azarosa forma parte intrínseca de la creación», explica. «Yo como artista no quiero tener el control absoluto sobre la obra», confiesa. Esa renuncia al dominio total es una de las claves de su lenguaje. Puche no busca que el dibujo permanezca intacto, sino que se transforme. «Quiero tener algo de azar, que la obra se vaya configurando por sí misma, sin yo poseer un control absolutamente excesivo sobre la misma», afirma. En su proceso, la imagen inicial se maltrata, se descompone y pierde parte de su identidad inicial para encontrar otro enfoque más profundo. «El dibujo como tal no sirve solamente como dibujo», defiende. Para él, en la era contemporánea, la imagen necesita mostrar sus heridas, sus capas, sus rastros, aquello que pudo ser y quedó debajo de la superficie visible: «El dibujo coge definición
«Málaga ya hizo su parte y Manhattan debe hacer el resto ahora», dice el artista
Tras su exitoso paso por la Semana del Arte de Madrid, el artista malagueño José Luis Puche culmina en Nueva York la segunda parte de «Welcome», un ambicioso proyecto nacido entre dos orillas que recorre los iconos de EE UU en vísperas del 250 aniversario de su independencia. Puche convierte su llegada a Manhattan en una reflexión sobre identidad, memoria y transformación. La Estatua de la Libertad, la Casa Blanca, la energía física de la tenista estadounidense Coco Gauff o la violencia estética de un automóvil accidentado se muestran bajo la mirada de un observador europeo que escucha estas realidades y las interioriza para dibujarlas. Fiel a su técnica de carbón graso, agua y papel de algodón, Puche arranca la obra desde el dibujo y después permite que la materia termine el proceso. «‘‘Welcome’’ nace en el momento en el que llego a Nueva York», explica el artista a LA RAZÓN. «Me doy cuenta de que lo que tenía hasta ahora ejercitándose dentro de mi cabeza no servía en ese preciso momento para estar aquí». El proyecto surge de una necesidad de reajuste, de la certeza de que una ciudad como la Gran Manzana obliga a pensar de otra manera.Puche entiende la dimensión del nuevo destino. «Nueva York te transforma, absolutamente», afirma. «Es una ciudad que te condiciona en la que la exigencia es máxima». Esa transformación provoca también una especie de regreso a los inicios. «Es casi como una especie de volver a empezar, porque te sientes como alguien nuevo que acaba de llegar».En ese instante nace la necesidad de observar primero y entender el contexto antes de intervenirlo. «Welcome» es, en ese sentido, una exposición sobre la llegada, pero también sobre la espera, la escucha y la adaptación a nuevas pieles. Si algo distingue a José Luis Puche es su técnica. La obra de este artista no nace únicamente del dibujo, sino también de su desgaste, de su alteración y de una forma muy particular de entender la destrucción como parte esencial del proceso creativo. Dibuja la obra, la interviene, moja, arrastra, borra y permite que el agua actúe como ayudante en el proceso. «Esa parte casi azarosa forma parte intrínseca de la creación», explica. «Yo como artista no quiero tener el control absoluto sobre la obra», confiesa. Esa renuncia al dominio total es una de las claves de su lenguaje. Puche no busca que el dibujo permanezca intacto, sino que se transforme. «Quiero tener algo de azar, que la obra se vaya configurando por sí misma, sin yo poseer un control absolutamente excesivo sobre la misma», afirma. En su proceso, la imagen inicial se maltrata, se descompone y pierde parte de su identidad inicial para encontrar otro enfoque más profundo. «El dibujo como tal no sirve solamente como dibujo», defiende. Para él, en la era contemporánea, la imagen necesita mostrar sus heridas, sus capas, sus rastros, aquello que pudo ser y quedó debajo de la superficie visible: «El dibujo coge definició
Noticias de cultura en La Razón
