La conquista de Valencia por Jaime I produjo el exilio forzado de muchos valencianos musulmanes principalmente a Túnez, donde fundaron pueblos y conservaron sus costumbres, cultura y lengua valencianas largo tiempo. Hubo dos oleadas, la de 1238 y la expulsión total de 1609.. La parte de Túnez históricamente vinculada a este éxodo es la península de Cabo Bon, en la región del valle de Medjerda y zonas del norte. Destaca por sus huellas valencianas Testour o Tazatores, capital comarcal del valle del Medjerda, Grombalia, Bizerta, Porto Farina o Ghar-El-Melh. Todos tienen pueblecitos agrícolas que fueron poblados por moriscos valencianos.. En el valle del río Medjerda, aplicaron las técnicas de las acequias y azudes de la huerta valenciana, norias de agua (sénies) para canalizar el riego. Introdujeron de forma masiva el cultivo de árboles frutales, especialmente los cítricos y las granadas, y optimizaron la producción de hortalizas. Transformaron el paisaje árido que rodeaba el río Medjerda en una réplica de la Huerta de Valencia.. Construyeron casas moriscas de piedra y adobe con terrazas inclinadas y tejas árabes. Instalaron métodos de riego, abrieron caminos, puentes, acequias, azudes, trabajaron la alfarería y telares, fabricaron mantas, tejidos de linos y seda. Plantaron olivos, vides y frutales. Utilizaban carros tirados por animales. Todo como lo habían hecho en tierras valencianas.. El ejemplo de Testour. A diferencia de las medinas árabes tradicionales (de calles laberínticas e irregulares), el casco antiguo de Testour fue diseñado con un trazado en damero (cuadrícula), siguiendo el modelo urbanístico de las villas de realengo cristianas y mudéjares de la península ibérica.. En lugar de las azoteas planas típicas del norte de África, las casas de Testour tienen tejados inclinados cubiertos con tejas de arcilla roja, idénticos a los de las alquerías y pueblos valencianos.. Las viviendas cuentan con fachadas encaladas y balcones de forja que dan a la calle, combinados con patios interiores (patis) que recuerdan directamente a la arquitectura doméstica del litoral valenciano.. Testour es la sede del festival más importante de Malouf, la música tradicional tunecina de raíz andalusí. Los exiliados valencianos llevaron consigo sus romances, canciones populares e instrumentos, dando lugar al Malouf, la música clásica tunecina de raíz andalusí. Aunque las letras terminaron arabizándose con el paso del tiempo, las estructuras métricas, modulaciones melódicas y el uso de ciertos instrumentos de cuerda son herencia directa de la música valenciana medieval.. Las mujeres moriscas llevaban faldas de mucho colorido en las fiestas, semejantes a las de «tela de casulla», finos tejidos de seda, bordados de rica decoración floral. Los hombres portaban una gran albarda sobre el hombro izquierdo. La cabeza se la tapaban con pañuelo. Llevaban capa y pantalones anchos hasta la rodilla, llamado»zaragüel» (sarawîl), un chaleco – negro para el trabajo o de color chillón para las fiestas-, mientras que la faja amplia a la cintura, era de color gris para los días de trabajo, y rojo o blanco para los días de fiesta. Calzaban alpargatas.. Los exiliados hablaban un andalusí muy arromanzado y escribían textos valencianos con caracteres árabes (Aljamiado). Utilizaron árabe muy mezclado con el romance propio de Valencia durante generaciones.. El dialecto árabe que se habla actualmente en las comarcas del norte de Túnez y Cabo Bon absorbió muchos valencianismos, especialmente en el léxico relacionado con la agricultura de regadío -nombres de herramientas, canales y técnicas de cultivo- y en la jerga gremial de la chechía.. La onomástica de muchas familias tunecinas de esas comarcas conserva apellidos arabizados que hacen referencia directa a pueblos valencianos.. En el plano gastronómico, los exiliados introdujeron en Túnez la repostería fina a base de almendras y miel. La tradición tunecina atribuye a los moriscos valencianos la llegada de la receta primitiva del turrón (conocido allí en algunas variantes regionales), así como de los hojaldres y las técnicas de secado de frutas que empleaban en sus comarcas de origen.
La parte de Túnez históricamente vinculada a este éxodo es la península de Cabo Bon
La conquista de Valencia por Jaime I produjo el exilio forzado de muchos valencianos musulmanes principalmente a Túnez, donde fundaron pueblos y conservaron sus costumbres, cultura y lengua valencianas largo tiempo. Hubo dos oleadas, la de 1238 y la expulsión total de 1609.. La parte de Túnez históricamente vinculada a este éxodo es la península de Cabo Bon, en la región del valle de Medjerda y zonas del norte. Destaca por sus huellas valencianas Testour o Tazatores, capital comarcal del valle del Medjerda, Grombalia, Bizerta, Porto Farina o Ghar-El-Melh. Todos tienen pueblecitos agrícolas que fueron poblados por moriscos valencianos.. En el valle del río Medjerda, aplicaron las técnicas de las acequias y azudes de la huerta valenciana, norias de agua (sénies) para canalizar el riego. Introdujeron de forma masiva el cultivo de árboles frutales, especialmente los cítricos y las granadas, y optimizaron la producción de hortalizas. Transformaron el paisaje árido que rodeaba el río Medjerda en una réplica de la Huerta de Valencia.. Construyeron casas moriscas de piedra y adobe con terrazas inclinadas y tejas árabes. Instalaron métodos de riego, abrieron caminos, puentes, acequias, azudes, trabajaron la alfarería y telares, fabricaron mantas, tejidos de linos y seda. Plantaron olivos, vides y frutales. Utilizaban carros tirados por animales. Todo como lo habían hecho en tierras valencianas.. El ejemplo de Testour. A diferencia de las medinas árabes tradicionales (de calles laberínticas e irregulares), el casco antiguo de Testour fue diseñado con un trazado en damero (cuadrícula), siguiendo el modelo urbanístico de las villas de realengo cristianas y mudéjares de la península ibérica.. En lugar de las azoteas planas típicas del norte de África, las casas de Testour tienen tejados inclinados cubiertos con tejas de arcilla roja, idénticos a los de las alquerías y pueblos valencianos.. Las viviendas cuentan con fachadas encaladas y balcones de forja que dan a la calle, combinados con patios interiores (patis) que recuerdan directamente a la arquitectura doméstica del litoral valenciano.. Testour es la sede del festival más importante de Malouf, la música tradicional tunecina de raíz andalusí. Los exiliados valencianos llevaron consigo sus romances, canciones populares e instrumentos, dando lugar al Malouf, la música clásica tunecina de raíz andalusí. Aunque las letras terminaron arabizándose con el paso del tiempo, las estructuras métricas, modulaciones melódicas y el uso de ciertos instrumentos de cuerda son herencia directa de la música valenciana medieval.. Las mujeres moriscas llevaban faldas de mucho colorido en las fiestas, semejantes a las de «tela de casulla», finos tejidos de seda, bordados de rica decoración floral. Los hombres portaban una gran albarda sobre el hombro izquierdo. La cabeza se la tapaban con pañuelo. Llevaban capa y pantalones anchos hasta la rodilla, llamado»zaragüel» (sarawîl), un chaleco – negro para el trabajo o de color chillón para las fiestas-, mientras que la faja amplia a la cintura, era de color gris para los días de trabajo, y rojo o blanco para los días de fiesta. Calzaban alpargatas.. Los exiliados hablaban un andalusí muy arromanzado y escribían textos valencianos con caracteres árabes (Aljamiado). Utilizaron árabe muy mezclado con el romance propio de Valencia durante generaciones.. El dialecto árabe que se habla actualmente en las comarcas del norte de Túnez y Cabo Bon absorbió muchos valencianismos, especialmente en el léxico relacionado con la agricultura de regadío -nombres de herramientas, canales y técnicas de cultivo- y en la jerga gremial de la chechía.. La onomástica de muchas familias tunecinas de esas comarcas conserva apellidos arabizados que hacen referencia directa a pueblos valencianos.. En el plano gastronómico, los exiliados introdujeron en Túnez la repostería fina a base de almendras y miel. La tradición tunecina atribuye a los moriscos valencianos la llegada de la receta primitiva del turrón (conocido allí en algunas variantes regionales), así como de los hojaldres y las técnicas de secado de frutas que empleaban en sus comarcas de origen.
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