De estadio fantasma a icono estratégico. El Estadio de La Cartuja cumple 27 años convertido en lo que durante décadas se le resistió tras el sueño olímpico del alcalde Alejandro Rojas-Marcos: una infraestructura útil, viva y con horizonte internacional. Inaugurado el 5 de mayo de 1999 con un España-Croacia y concebido para el Mundial de Atletismo de ese mismo año, el recinto nació con vocación olímpica… y acabó durante años en tierra de nadie. Ahora es sede transitoria del Real Betis Balompié y casi permanente de la final de la Copa del Rey de la Selección Española, aparte de acoger eventos de talla internacional. De Rosalía a Karol G,. que actuará en 2027.. La historia del estadio es, en gran medida, la de una oportunidad diferida. Levantado al calor de la Expo’92 y de las candidaturas olímpicas fallidas de Sevilla, La Cartuja se quedó sin proyecto estable cuando ni Real Betis ni Sevilla FC dieron el paso de convertirlo en su casa. El resultado fue un gigante infrautilizado, capaz de acoger grandes eventos –finales de Copa, conciertos multitudinarios– esporádicamente pero sin vida cotidiana.. Durante años, el estadio transitó entre picos de actividad y largos periodos de vacío, hasta rozar el abandono a finales de la década pasada. La etiqueta de «estadio fantasma» no era gratuita. El recinto, diseñado para más de 57.000 espectadores en su origen, acumulaba desgaste físico y simbólico mientras Sevilla miraba hacia otros focos deportivos. El punto de inflexión llegó con la decisión de convertir La Cartuja en sede fija de la final de la Copa del Rey desde 2020 y, sobre todo, con su inclusión en la candidatura del Mundial 2030. La reforma ejecutada entre 2024 y 2025 –con la eliminación de la pista de atletismo, la ampliación de gradas y una inversión millonaria– cambió la naturaleza del estadio: de olímpico a futbolístico. El aforo roza ahora los 70.000 espectadores, lo que lo sitúa entre los tres mayores recintos de España.. La transformación no es solo estética. La Cartuja aspira a consolidarse como nodo de grandes eventos deportivos y culturales en el sur de Europa. Eurocopa, finales de Copa, conciertos masivos o espectáculos híbridos como los que han batido récords de asistencia y audiencia en los últimos años han devuelto al estadio al centro del mapa, todavía con problemas para los accesos a la zona.. El salto cualitativo tiene también lectura económica. La instalación se ha convertido en palanca de atracción de inversión y en escaparate internacional de Sevilla, en línea con el modelo de grandes recintos multifuncionales que buscan rentabilidad más allá del calendario deportivo.. La designación como sede del Mundial compartido con Portugal y Marruecos sitúa a La Cartuja en una segunda oportunidad histórica: la de cumplir, por fin, la promesa con la que nació. Pero el camino no está exento de exigencias. La presión organizativa, la movilidad y la logística serán determinantes para consolidar ese papel con 2030 como horizonte.. Veintisiete años después, La Cartuja ha dejado de ser una anomalía urbana para convertirse en una infraestructura clave. De erial a estadio global. De símbolo de lo que pudo ser a ejemplo de lo que, por fin, empieza a ser y con el recordatorio permanente de la falta de accesos que acerquen el estadio de verdad a la ciudad.
El recinto proyectado para ser olímpico, nacido para el atletismo y condenado al abandono, se reinventa tras su reforma y se consolida como eje deportivo y económico de Sevilla
De estadio fantasma a icono estratégico. El Estadio de La Cartuja cumple 27 años convertido en lo que durante décadas se le resistió tras el sueño olímpico del alcalde Alejandro Rojas-Marcos: una infraestructura útil, viva y con horizonte internacional. Inaugurado el 5 de mayo de 1999 con un España-Croacia y concebido para el Mundial de Atletismo de ese mismo año, el recinto nació con vocación olímpica… y acabó durante años en tierra de nadie. Ahora es sede transitoria del Real Betis Balompié y casi permanente de la final de la Copa del Rey de la Selección Española, aparte de acoger eventos de talla internacional. De Rosalía a Karol G,. que actuará en 2027.. La historia del estadio es, en gran medida, la de una oportunidad diferida. Levantado al calor de la Expo’92 y de las candidaturas olímpicas fallidas de Sevilla, La Cartuja se quedó sin proyecto estable cuando ni Real Betis ni Sevilla FC dieron el paso de convertirlo en su casa. El resultado fue un gigante infrautilizado, capaz de acoger grandes eventos –finales de Copa, conciertos multitudinarios– esporádicamente pero sin vida cotidiana.. Durante años, el estadio transitó entre picos de actividad y largos periodos de vacío, hasta rozar el abandono a finales de la década pasada. La etiqueta de «estadio fantasma» no era gratuita. El recinto, diseñado para más de 57.000 espectadores en su origen, acumulaba desgaste físico y simbólico mientras Sevilla miraba hacia otros focos deportivos. El punto de inflexión llegó con la decisión de convertir La Cartuja en sede fija de la final de la Copa del Rey desde 2020 y, sobre todo, con su inclusión en la candidatura del Mundial 2030. La reforma ejecutada entre 2024 y 2025 –con la eliminación de la pista de atletismo, la ampliación de gradas y una inversión millonaria– cambió la naturaleza del estadio: de olímpico a futbolístico. El aforo roza ahora los 70.000 espectadores, lo que lo sitúa entre los tres mayores recintos de España.. La transformación no es solo estética. La Cartuja aspira a consolidarse como nodo de grandes eventos deportivos y culturales en el sur de Europa. Eurocopa, finales de Copa, conciertos masivos o espectáculos híbridos como los que han batido récords de asistencia y audiencia en los últimos años han devuelto al estadio al centro del mapa, todavía con problemas para los accesos a la zona.. El salto cualitativo tiene también lectura económica. La instalación se ha convertido en palanca de atracción de inversión y en escaparate internacional de Sevilla, en línea con el modelo de grandes recintos multifuncionales que buscan rentabilidad más allá del calendario deportivo.. La designación como sede del Mundial compartido con Portugal y Marruecos sitúa a La Cartuja en una segunda oportunidad histórica: la de cumplir, por fin, la promesa con la que nació. Pero el camino no está exento de exigencias. La presión organizativa, la movilidad y la logística serán determinantes para consolidar ese papel con 2030 como horizonte.. Veintisiete años después, La Cartuja ha dejado de ser una anomalía urbana para convertirse en una infraestructura clave. De erial a estadio global. De símbolo de lo que pudo ser a ejemplo de lo que, por fin, empieza a ser y con el recordatorio permanente de la falta de accesos que acerquen el estadio de verdad a la ciudad.
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