La publicación simultánea en español de «Yo era un encanto», de Eve Babitz, y «Didion y Babitz», de Lili Anolik, ofrece una ocasión poco habitual: leer dos libros distintos que abordan el mismo lugar, el mismo tiempo y, en parte, a las mismas personas, pero desde enfoques opuestos. Ambos volúmenes se sitúan en Los Ángeles entre finales de los años sesenta y la década del setenta, un periodo de intensa actividad cultural que pasó en pocos años de la euforia al desgaste, y que dejó una huella profunda en la literatura norteamericana.. «Yo era un encanto» reúne cincuenta artículos de 1975 a 1997 y publicados originalmente en revistas como «Rolling Stone», «Esquire», «Harper’s Bazaar» y «Vogue», y es la primera vez que estas piezas se publican en español. En ellas, Babitz escribe sobre su entorno inmediato: la vida nocturna de Hollywood, la música, el cine, las fiestas, las relaciones personales, el cuerpo, el paso del tiempo y la ciudad de Los Ángeles como escenario vital. Así, se recorren espacios reconocibles de la época, como clubes nocturnos y bares vinculados a la escena musical, y la autora también se detiene en rodajes cinematográficos, viajes, prácticas espirituales como el yoga o la acupuntura, y modas que aparecen y desaparecen con rapidez.. Los personajes que atraviesan estas páginas forman parte del ecosistema cultural del momento: músicos, directores de cine, artistas visuales, escritores y celebridades ocasionales. Francis Ford Coppola, Jim Morrison, Nicolas Cage, Jackie Collins, Ed Ruscha o Charles Manson aparecen como figuras integradas en un relato donde lo personal y lo público se mezclan sin separación clara. Babitz mezcla reflexiones sobre literatura con comentarios sobre la ropa, el cansancio físico, el dolor corporal o el simple placer de conducir de noche por la ciudad. Tal mezcla se presenta como una forma natural de mirar el mundo y la vida cotidiana, pues la cultura y el trabajo creativo forman parte de un mismo continuo.. En ese sentido, Babitz defendió siempre el valor del cotilleo como herramienta de conocimiento. En una carta a Joseph Heller, citada más tarde por Lili Anolik, escribe: «El cotilleo siempre se ha considerado con un chasquido de lengua. Pero las personas como yo –mujeres, nos llaman–, ¿cómo se supone que vamos a comprender nada si no podemos entrar en la sala VIP? Y, en cualquier caso, no soporto las reuniones. Prefiero averiguar las cosas a través del cotilleo». Una defensa, pues, del hecho de recoger información de manera informal y convertirla en material narrativo.. El volumen incluye también textos en los que Babitz aborda momentos clave de su propia vida. Entre ellos, la conocida sesión de fotos de 1963 en la que posó desnuda jugando al ajedrez con Marcel Duchamp, y el accidente de 1997, cuando sufrió quemaduras graves al incendiarse su ropa mientras conducía un Volkswagen Escarabajo. Este último episodio marca su retirada de la vida pública y el final de una etapa. En ambos casos, Babitz transforma la experiencia personal en relato, sin sentimentalismo ni justificaciones.. Voyeur o participante. Por otra parte, si «Yo era un encanto» muestra la escritura de Babitz desde dentro, «Didion y Babitz», de Lili Anolik, propone una mirada externa que contextualiza esa obra y la pone en relación con la figura de Joan Didion. El libro no es una biografía tradicional, sino una investigación centrada en el vínculo entre ambas escritoras y en el entorno cultural que compartieron durante varios años. El punto de partida del libro es el acceso de Anolik a un conjunto de documentos –cartas, diarios, fotografías y manuscritos– encontrados tras la muerte de Babitz en 2021. A ese material se suma un centenar de entrevistas con personas del entorno de ambas autoras. A partir de ahí, Anolik reconstruye una relación marcada por la cercanía y la fricción, que se desarrolla entre 1967 y mediados de los años setenta.. Uno de los escenarios centrales es la casa del 7406 de Franklin Avenue, donde vivían Joan Didion y John Dunne. Durante varios años, ese espacio funcionó como punto de encuentro para escritores, productores, artistas y músicos vinculados a Hollywood. Fue allí donde Didion y Babitz se conocieron, presentadas por el productor Earl McGrath, y donde comenzaron una relación difícil de clasificar, que osciló entre la amistad, la rivalidad y la comparación constante. Anolik plantea que Didion y Babitz representan dos maneras opuestas de asumir la escritura y la vida cultural. Didion aparece como una autora marcada por la disciplina, el control y una clara conciencia profesional. En palabras de Anolik, «Joan era escritora antes de ser esposa o madre, incluso antes de ser persona». Babitz, en cambio, opta por la participación directa. Se involucra en las fiestas, en las relaciones, en los excesos, y escribe desde ahí. Esa diferencia se resume en otra afirmación de Anolik: «Si querías estar en la escena en la que estaban Eve y Joan y eras mujer, podías estar como voyeur o como participante. Esas eran tus opciones. Joan eligió la de voyeur. Eve eligió la de participante».
Dos libros de las autoras reflejan la escena en Los Ángeles a finales de los años sesenta y la década de los setenta
La publicación simultánea en español de «Yo era un encanto», de Eve Babitz, y «Didion y Babitz», de Lili Anolik, ofrece una ocasión poco habitual: leer dos libros distintos que abordan el mismo lugar, el mismo tiempo y, en parte, a las mismas personas, pero desde enfoques opuestos. Ambos volúmenes se sitúan en Los Ángeles entre finales de los años sesenta y la década del setenta, un periodo de intensa actividad cultural que pasó en pocos años de la euforia al desgaste, y que dejó una huella profunda en la literatura norteamericana.. «Yo era un encanto» reúne cincuenta artículos de 1975 a 1997 y publicados originalmente en revistas como «Rolling Stone», «Esquire», «Harper’s Bazaar» y «Vogue», y es la primera vez que estas piezas se publican en español. En ellas, Babitz escribe sobre su entorno inmediato: la vida nocturna de Hollywood, la música, el cine, las fiestas, las relaciones personales, el cuerpo, el paso del tiempo y la ciudad de Los Ángeles como escenario vital. Así, se recorren espacios reconocibles de la época, como clubes nocturnos y bares vinculados a la escena musical, y la autora también se detiene en rodajes cinematográficos, viajes, prácticas espirituales como el yoga o la acupuntura, y modas que aparecen y desaparecen con rapidez.. Los personajes que atraviesan estas páginas forman parte del ecosistema cultural del momento: músicos, directores de cine, artistas visuales, escritores y celebridades ocasionales. Francis Ford Coppola, Jim Morrison, Nicolas Cage, Jackie Collins, Ed Ruscha o Charles Manson aparecen como figuras integradas en un relato donde lo personal y lo público se mezclan sin separación clara. Babitz mezcla reflexiones sobre literatura con comentarios sobre la ropa, el cansancio físico, el dolor corporal o el simple placer de conducir de noche por la ciudad. Tal mezcla se presenta como una forma natural de mirar el mundo y la vida cotidiana, pues la cultura y el trabajo creativo forman parte de un mismo continuo.. En ese sentido, Babitz defendió siempre el valor del cotilleo como herramienta de conocimiento. En una carta a Joseph Heller, citada más tarde por Lili Anolik, escribe: «El cotilleo siempre se ha considerado con un chasquido de lengua. Pero las personas como yo –mujeres, nos llaman–, ¿cómo se supone que vamos a comprender nada si no podemos entrar en la sala VIP? Y, en cualquier caso, no soporto las reuniones. Prefiero averiguar las cosas a través del cotilleo». Una defensa, pues, del hecho de recoger información de manera informal y convertirla en material narrativo.. El volumen incluye también textos en los que Babitz aborda momentos clave de su propia vida. Entre ellos, la conocida sesión de fotos de 1963 en la que posó desnuda jugando al ajedrez con Marcel Duchamp, y el accidente de 1997, cuando sufrió quemaduras graves al incendiarse su ropa mientras conducía un Volkswagen Escarabajo. Este último episodio marca su retirada de la vida pública y el final de una etapa. En ambos casos, Babitz transforma la experiencia personal en relato, sin sentimentalismo ni justificaciones.. Por otra parte, si «Yo era un encanto» muestra la escritura de Babitz desde dentro, «Didion y Babitz», de Lili Anolik, propone una mirada externa que contextualiza esa obra y la pone en relación con la figura de Joan Didion. El libro no es una biografía tradicional, sino una investigación centrada en el vínculo entre ambas escritoras y en el entorno cultural que compartieron durante varios años. El punto de partida del libro es el acceso de Anolik a un conjunto de documentos –cartas, diarios, fotografías y manuscritos– encontrados tras la muerte de Babitz en 2021. A ese material se suma un centenar de entrevistas con personas del entorno de ambas autoras. A partir de ahí, Anolik reconstruye una relación marcada por la cercanía y la fricción, que se desarrolla entre 1967 y mediados de los años setenta.. Uno de los escenarios centrales es la casa del 7406 de Franklin Avenue, donde vivían Joan Didion y John Dunne. Durante varios años, ese espacio funcionó como punto de encuentro para escritores, productores, artistas y músicos vinculados a Hollywood. Fue allí donde Didion y Babitz se conocieron, presentadas por el productor Earl McGrath, y donde comenzaron una relación difícil de clasificar, que osciló entre la amistad, la rivalidad y la comparación constante. Anolik plantea que Didion y Babitz representan dos maneras opuestas de asumir la escritura y la vida cultural. Didion aparece como una autora marcada por la disciplina, el control y una clara conciencia profesional. En palabras de Anolik, «Joan era escritora antes de ser esposa o madre, incluso antes de ser persona». Babitz, en cambio, opta por la participación directa. Se involucra en las fiestas, en las relaciones, en los excesos, y escribe desde ahí. Esa diferencia se resume en otra afirmación de Anolik: «Si querías estar en la escena en la que estaban Eve y Joan y eras mujer, podías estar como voyeur o como participante. Esas eran tus opciones. Joan eligió la de voyeur. Eve eligió la de participante».
Noticias de cultura en La Razón
