Mientras la media de la Unión Europea de ocupados que desempeñan su labor desde casa no para de crecer, España se estanca en la implantación de este modelo, una brecha que el economista Gonzalo Bernardos ha tratado de explicar con su característica contundencia durante su intervención en el espacio Más Vale Tarde de LaSexta.. El también profesor universitario no se ha andado con rodeos a la hora de diagnosticar los males que aquejan al mercado laboral nacional en esta materia, identificando dos argumentos recurrentes que, a su juicio, están plagados de contradicciones y carencias lógicas.. El primero de los obstáculos, y quizá el más arraigado en la idiosincrasia corporativa, tiene que ver con la percepción del estatus. Bernardos lo resumió con una frase tan gráfica como demoledora: «Tú eres mucho menos jefe si no tienes empleados a la vista».. Para el analista, en numerosas ocasiones prevalece una suerte de vanidad mal entendida sobre los datos objetivos de rendimiento. Puso como ejemplo paradigmático a los propietarios de agencias inmobiliarias que cuestionan la ausencia de sus comerciales en la oficina, cuando la realidad es que esos mismos empleados se encuentran en la calle captando clientes y cerrando operaciones.. «Si están en la empresa, son menos productivos, pero uno se considera menos jefe porque no los ve», sentenció Bernardos, poniendo el foco en un modelo de dirección más preocupado por el control visual del subordinado que por los resultados tangibles del negocio.. La falacia de la productividad y la receta de los objetivos. El segundo gran argumento que, según el economista, frena la expansión del teletrabajo en España es la extendida creencia de que el empleado que permanece en su domicilio rinde menos que aquel que ficha en la sede física.. Bernardos no niega que puedan darse casos de relajación de la disciplina, pero considera que se trata de un prejuicio que ignora la necesidad de actualizar los métodos de evaluación profesional.. Para combatir esta suspicacia, el experto propone una transformación radical en la manera de medir el desempeño laboral: transitar del cómputo de horas presenciales a la consecución de metas concretas.. «Ya no trabajas por horas, trabajas por objetivos. A mí me encanta que en las empresas se trabaje por objetivos en lugar de por horas, porque trabajar por objetivos estimula la productividad, por horas no», argumentó Bernardos en el programa.. El economista defendió que este cambio de paradigma diluye la desconfianza inherente al trabajo a distancia, sino que además actúa como un potente incentivo para la plantilla, al vincular directamente el éxito individual con el de la compañía.. Mientras el debate sigue abierto en Bruselas con propuestas de fomento voluntario, en España parece que la batalla cultural contra el presentismo todavía está lejos de ganarse.
El economista desgrana en el programa Más Vale Tarde las dos grandes barreras que frenan la implantación del trabajo a distancia en el tejido empresarial español, señalando directamente a la cultura del presentismo y a la desconfianza de los directivos como principales responsables de que el país se sitúe a la cola de Europa en esta modalidad
Mientras la media de la Unión Europea de ocupados que desempeñan su labor desde casa no para de crecer, España se estanca en la implantación de este modelo, una brecha que el economista Gonzalo Bernardos ha tratado de explicar con su característica contundencia durante su intervención en el espacio Más Vale Tarde de LaSexta.. El también profesor universitario no se ha andado con rodeos a la hora de diagnosticar los males que aquejan al mercado laboral nacional en esta materia, identificando dos argumentos recurrentes que, a su juicio, están plagados de contradicciones y carencias lógicas.. El primero de los obstáculos, y quizá el más arraigado en la idiosincrasia corporativa, tiene que ver con la percepción del estatus. Bernardos lo resumió con una frase tan gráfica como demoledora: «Tú eres mucho menos jefe si no tienes empleados a la vista».. Para el analista, en numerosas ocasiones prevalece una suerte de vanidad mal entendida sobre los datos objetivos de rendimiento. Puso como ejemplo paradigmático a los propietarios de agencias inmobiliarias que cuestionan la ausencia de sus comerciales en la oficina, cuando la realidad es que esos mismos empleados se encuentran en la calle captando clientes y cerrando operaciones.. «Si están en la empresa, son menos productivos, pero uno se considera menos jefe porque no los ve», sentenció Bernardos, poniendo el foco en un modelo de dirección más preocupado por el control visual del subordinado que por los resultados tangibles del negocio.. El segundo gran argumento que, según el economista, frena la expansión del teletrabajo en España es la extendida creencia de que el empleado que permanece en su domicilio rinde menos que aquel que ficha en la sede física.. Bernardos no niega que puedan darse casos de relajación de la disciplina, pero considera que se trata de un prejuicio que ignora la necesidad de actualizar los métodos de evaluación profesional.. Para combatir esta suspicacia, el experto propone una transformación radical en la manera de medir el desempeño laboral: transitar del cómputo de horas presenciales a la consecución de metas concretas.. «Ya no trabajas por horas, trabajas por objetivos. A mí me encanta que en las empresas se trabaje por objetivos en lugar de por horas, porque trabajar por objetivos estimula la productividad, por horas no», argumentó Bernardos en el programa.. El economista defendió que este cambio de paradigma diluye la desconfianza inherente al trabajo a distancia, sino que además actúa como un potente incentivo para la plantilla, al vincular directamente el éxito individual con el de la compañía.. Mientras el debate sigue abierto en Bruselas con propuestas de fomento voluntario, en España parece que la batalla cultural contra el presentismo todavía está lejos de ganarse.
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