ERC ha rebajado el listón en la negociación presupuestaria con Salvador Illa. O, al menos, ha desplazado el foco. Después de hacer caer las cuentas de la Generalitat hace unos meses por el bloqueo de cuestiones como la cesión de la recaudación del IRPF o el desarrollo del nuevo modelo de financiación, los republicanos han empezado ahora a priorizar demandas más vinculadas a la acción directa del Govern y menos dependientes de Madrid y de las mayorías en el Congreso.. El cambio de enfoque no es menor. La dirección republicana que encabeza Oriol Junqueras, llegó a convertir la llamada “soberanía fiscal” en la gran línea roja de la legislatura. “Esta legislatura solo tiene sentido si hay avances en autogobierno y soberanía”, proclamó entonces ERC para justificar su negativa a aprobar las cuentas de Illa. El problema para los republicanos era que buena parte de los compromisos pactados en la investidura no dependían únicamente de la Generalitat, sino del Gobierno central y, sobre todo, de las complejas mayorías parlamentarias en el Congreso.. Eso es precisamente lo que ha quedado evidenciado en las últimas semanas con el naufragio del consorcio de inversiones pactado entre PSC y ERC. El instrumento, presentado hace apenas unas semanas en el Cercle d’Economia con el aval de agentes económicos y sociales, buscaba garantizar una mejor ejecución de las inversiones del Estado en Cataluña. Sin embargo, la iniciativa embarrancó en Madrid por el rechazo de Junts, que impidió incluso su tramitación parlamentaria.. El fracaso del consorcio ha acabado simbolizando uno de los principales problemas de la legislatura de Salvador Illa: los grandes acuerdos que sostienen su mandato dependen, en última instancia, del Congreso y de actores ajenos al Govern. Ya sea por el veto de Junts, las reticencias del Ministerio de Hacienda o la falta de voluntad política del Ejecutivo de Pedro Sánchez para acelerar determinadas reformas, los compromisos estratégicos entre PSC y ERC encuentran enormes dificultades cuando deben superar la pantalla estatal.. Algo parecido ocurre con el nuevo modelo de financiación singular para Cataluña. Aunque fue uno de los ejes del acuerdo de investidura, su desarrollo continúa encallado. La reforma sigue pendiente de avanzar en el Consejo de Política Fiscal y Financiera y después debería afrontar una tramitación incierta en el Congreso. También la cesión de la recaudación del IRPF a la Agencia Tributaria catalana, otra de las grandes exigencias republicanas, ha topado con resistencias del Ministerio de Hacienda y acabó siendo uno de los detonantes de la ruptura presupuestaria.. Ahora, sin embargo, ERC ha empezado a modular el discurso. El portavoz republicano, Isaac Albert, aseguró este lunes que los “elementos clave” de la negociación presupuestaria pasan por políticas territoriales, movilidad, mejora de servicios públicos como la educación y la sanidad, la defensa de la lengua y el incremento de la soberanía de la Generalitat. Aunque los republicanos siguen reivindicando el cumplimiento íntegro del acuerdo de investidura, el énfasis ya no está situado exclusivamente en carpetas de difícil resolución en Madrid.. Albert insistió en que las negociaciones “avanzan bien” y atribuyó la discreción de las conversaciones a la voluntad de llegar a acuerdos. También subrayó que la “ambición nacional” continúa siendo la clave para que ERC pueda apoyar las cuentas, aunque evitó volver a situar públicamente cuestiones como el IRPF como condiciones innegociables.. El propio PSC ha contribuido a reforzar esa nueva lógica. La portavoz socialista, Lluïsa Moret, desvinculó explícitamente la negociación de los Presupuestos del instrumento alternativo al consorcio de inversiones que ambas formaciones exploran tras el fracaso parlamentario de la iniciativa original. Según defendió, se trata de “caminos paralelos”: una cosa son las cuentas de la Generalitat y otra las herramientas para garantizar la ejecución de inversiones estatales.. La incógnita es si este cambio de estrategia bastará para desbloquear definitivamente las cuentas de Salvador Illa. El PSC mantiene el objetivo de aprobar los presupuestos antes de agosto, mientras ERC evita cerrar la puerta y transmite por primera vez en meses un tono más posibilista. Después de comprobar los límites de la vía madrileña, los republicanos parecen haber asumido que la supervivencia de la legislatura catalana pasa, al menos de momento, por exigir menos a Madrid y más a la propia Generalitat.
Los republicanos priorizan ahora políticas de movilidad, servicios públicos y lengua frente a exigencias como el IRPF o el consorcio
ERC ha rebajado el listón en la negociación presupuestaria con Salvador Illa. O, al menos, ha desplazado el foco. Después de hacer caer las cuentas de la Generalitat hace unos meses por el bloqueo de cuestiones como la cesión de la recaudación del IRPF o el desarrollo del nuevo modelo de financiación, los republicanos han empezado ahora a priorizar demandas más vinculadas a la acción directa del Govern y menos dependientes de Madrid y de las mayorías en el Congreso.. El cambio de enfoque no es menor. La dirección republicana que encabeza Oriol Junqueras, llegó a convertir la llamada “soberanía fiscal” en la gran línea roja de la legislatura. “Esta legislatura solo tiene sentido si hay avances en autogobierno y soberanía”, proclamó entonces ERC para justificar su negativa a aprobar las cuentas de Illa. El problema para los republicanos era que buena parte de los compromisos pactados en la investidura no dependían únicamente de la Generalitat, sino del Gobierno central y, sobre todo, de las complejas mayorías parlamentarias en el Congreso.. Eso es precisamente lo que ha quedado evidenciado en las últimas semanas con el naufragio del consorcio de inversiones pactado entre PSC y ERC. El instrumento, presentado hace apenas unas semanas en el Cercle d’Economia con el aval de agentes económicos y sociales, buscaba garantizar una mejor ejecución de las inversiones del Estado en Cataluña. Sin embargo, la iniciativa embarrancó en Madrid por el rechazo de Junts, que impidió incluso su tramitación parlamentaria.. El fracaso del consorcio ha acabado simbolizando uno de los principales problemas de la legislatura de Salvador Illa: los grandes acuerdos que sostienen su mandato dependen, en última instancia, del Congreso y de actores ajenos al Govern. Ya sea por el veto de Junts, las reticencias del Ministerio de Hacienda o la falta de voluntad política del Ejecutivo de Pedro Sánchez para acelerar determinadas reformas, los compromisos estratégicos entre PSC y ERC encuentran enormes dificultades cuando deben superar la pantalla estatal.. Algo parecido ocurre con el nuevo modelo de financiación singular para Cataluña. Aunque fue uno de los ejes del acuerdo de investidura, su desarrollo continúa encallado. La reforma sigue pendiente de avanzar en el Consejo de Política Fiscal y Financiera y después debería afrontar una tramitación incierta en el Congreso. También la cesión de la recaudación del IRPF a la Agencia Tributaria catalana, otra de las grandes exigencias republicanas, ha topado con resistencias del Ministerio de Hacienda y acabó siendo uno de los detonantes de la ruptura presupuestaria.. Ahora, sin embargo, ERC ha empezado a modular el discurso. El portavoz republicano, Isaac Albert, aseguró este lunes que los “elementos clave” de la negociación presupuestaria pasan por políticas territoriales, movilidad, mejora de servicios públicos como la educación y la sanidad, la defensa de la lengua y el incremento de la soberanía de la Generalitat. Aunque los republicanos siguen reivindicando el cumplimiento íntegro del acuerdo de investidura, el énfasis ya no está situado exclusivamente en carpetas de difícil resolución en Madrid.. Albert insistió en que las negociaciones “avanzan bien” y atribuyó la discreción de las conversaciones a la voluntad de llegar a acuerdos. También subrayó que la “ambición nacional” continúa siendo la clave para que ERC pueda apoyar las cuentas, aunque evitó volver a situar públicamente cuestiones como el IRPF como condiciones innegociables.. El propio PSC ha contribuido a reforzar esa nueva lógica. La portavoz socialista, Lluïsa Moret, desvinculó explícitamente la negociación de los Presupuestos del instrumento alternativo al consorcio de inversiones que ambas formaciones exploran tras el fracaso parlamentario de la iniciativa original. Según defendió, se trata de “caminos paralelos”: una cosa son las cuentas de la Generalitat y otra las herramientas para garantizar la ejecución de inversiones estatales.. La incógnita es si este cambio de estrategia bastará para desbloquear definitivamente las cuentas de Salvador Illa. El PSC mantiene el objetivo de aprobar los presupuestos antes de agosto, mientras ERC evita cerrar la puerta y transmite por primera vez en meses un tono más posibilista. Después de comprobar los límites de la vía madrileña, los republicanos parecen haber asumido que la supervivencia de la legislatura catalana pasa, al menos de momento, por exigir menos a Madrid y más a la propia Generalitat.
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