La madrugada del Lunes de Pentecostés no entiende de relojes pero sí de latidos y símbolos. El llamado salto de la reja -el instante sin tiempo en el que los almonteños irrumpen para sacar a la Virgen del Rocío en procesión- vuelve a convertirse en el termómetro emocional de una romería marcada por la multitud, la tensión logística, la devoción y alguna herida aún abierta de la pasada edición. El Rocío vive pendiente de una hora que nunca es exacta pero que condiciona toda la noche: cuanto antes salta la reja, antes respira la aldea y la Blanca Paloma sale a sus calles.. En los últimos años, la tendencia ha sido adelantar progresivamente la salida. En 2025 el salto se produjo a las 2:42 de la madrugada y la Virgen regresó al santuario antes de las 12:30, tras cerca de diez horas de recorrido. En 2024 se produjo a las 2:56 horas, cuando los almonteños llegaron a las andas de la imagen para llevarla en sus hombros, primero por la ermita y luego por una aldea atestada de peregrinos, junto a la marisma. en 2023, se precipitó antes de las 3:00 sin que estuviera aún el Simpecado de Almonte y la procesión arrancó a las 3:06 horas, volviendo la a su ermita a las 14:24 horas tras casi doce horas por la aldea.. El Rocío nunca es sólo cuestión de horarios. Existen equilibrios internos. El año pasado la Virgen pasó de largo ante la Hermandad de Villamanrique, la más antigua entre las filiales, sin realizar la tradicional parada ante su simpecado. El gesto fue interpretado en numerosos sectores rocieros como un desplante del pueblo de Almonte tras la controversia surgida meses antes durante una peregrinación extraordinaria manriqueña. Aquella escena, ocurrida alrededor de las 3:30 de la madrugada, dejó imágenes inhabituales en el Rocío: lágrimas, campanas sonando sin respuesta y decenas de rocieros hablando abiertamente de “desagravio”. En un universo donde las jerarquías simbólicas importan tanto como la devoción, el episodio evidenció las tensiones soterradas entre tradición, protocolo y poder interno dentro del mundo rociero. Este año el obispo de Huelva, Santiago Gómez Sierra, llamó expresamente a los rocieros a «custodiar la unidad que Dios regala» y «no alimentar divisiones inútiles, enfrentamientos permanentes ni sospechas constantes» en «una cultura que habla de solidaridad y de unidad, pero que a menudo produce fragmentación».. Porque el salto de la reja es mucho más que una salida procesional. Es probablemente uno de los rituales de religiosidad popular más singulares de toda Europa. No existe un horario oficial cerrado. No hay un mecanismo exacto. La escena depende del clima emocional de la noche, del discurrir del Rosario, de la presión de la multitud y del criterio no escrito de los almonteños, custodios históricos de la Virgen. La espontaneidad sigue siendo parte esencial del rito aunque cada año aumenten las medidas de seguridad y coordinación.. La aldea afronta además una edición especialmente multitudinaria. El crecimiento constante de hermandades, retransmisiones digitales y visitantes ha convertido al Rocío en un fenómeno que trasciende desde hace tiempo lo estrictamente religioso. Más de un centenar de filiales y miles de peregrinos atravesaron estos días enclaves tradicionales como Villamanrique o el Vado del Quema hasta la aldea marismeña.. La aldea otra madrugada vive suspendida entre el fervor y la tendencia a la entropia. El Rocío todo lo cambia -la presión turística, la logística, las retransmisiones en directo- salvo una certeza: cuando salta la reja, Andalucía entera contiene el aliento ante la certeza de que la Blanca Paloma ya está en las calles.
En los últimos años, la tendencia ha sido adelantar progresivamente la salida de ‘la Blanca Paloma’
La madrugada del Lunes de Pentecostés no entiende de relojes pero sí de latidos y símbolos. El llamado salto de la reja -el instante sin tiempo en el que los almonteños irrumpen para sacar a la Virgen del Rocío en procesión- vuelve a convertirse en el termómetro emocional de una romería marcada por la multitud, la tensión logística, la devoción y alguna herida aún abierta de la pasada edición. El Rocío vive pendiente de una hora que nunca es exacta pero que condiciona toda la noche: cuanto antes salta la reja, antes respira la aldea y la Blanca Paloma sale a sus calles.. En los últimos años, la tendencia ha sido adelantar progresivamente la salida. En 2025 el salto se produjo a las 2:42 de la madrugada y la Virgen regresó al santuario antes de las 12:30, tras cerca de diez horas de recorrido. En 2024 se produjo a las 2:56 horas, cuando los almonteños llegaron a las andas de la imagen para llevarla en sus hombros, primero por la ermita y luego por una aldea atestada de peregrinos, junto a la marisma. en 2023, se precipitó antes de las 3:00 sin que estuviera aún el Simpecado de Almonte y la procesión arrancó a las 3:06 horas, volviendo la a su ermita a las 14:24 horas tras casi doce horas por la aldea.. El Rocío nunca es sólo cuestión de horarios. Existen equilibrios internos. El año pasado la Virgen pasó de largo ante la Hermandad de Villamanrique, la más antigua entre las filiales, sin realizar la tradicional parada ante su simpecado. El gesto fue interpretado en numerosos sectores rocieros como un desplante del pueblo de Almonte tras la controversia surgida meses antes durante una peregrinación extraordinaria manriqueña. Aquella escena, ocurrida alrededor de las 3:30 de la madrugada, dejó imágenes inhabituales en el Rocío: lágrimas, campanas sonando sin respuesta y decenas de rocieros hablando abiertamente de “desagravio”. En un universo donde las jerarquías simbólicas importan tanto como la devoción, el episodio evidenció las tensiones soterradas entre tradición, protocolo y poder interno dentro del mundo rociero. Este año el obispo de Huelva, Santiago Gómez Sierra, llamó expresamente a los rocieros a «custodiar la unidad que Dios regala» y «no alimentar divisiones inútiles, enfrentamientos permanentes ni sospechas constantes» en «una cultura que habla de solidaridad y de unidad, pero que a menudo produce fragmentación».. Porque el salto de la reja es mucho más que una salida procesional. Es probablemente uno de los rituales de religiosidad popular más singulares de toda Europa. No existe un horario oficial cerrado. No hay un mecanismo exacto. La escena depende del clima emocional de la noche, del discurrir del Rosario, de la presión de la multitud y del criterio no escrito de los almonteños, custodios históricos de la Virgen. La espontaneidad sigue siendo parte esencial del rito aunque cada año aumenten las medidas de seguridad y coordinación.. La aldea afronta además una edición especialmente multitudinaria. El crecimiento constante de hermandades, retransmisiones digitales y visitantes ha convertido al Rocío en un fenómeno que trasciende desde hace tiempo lo estrictamente religioso. Más de un centenar de filiales y miles de peregrinos atravesaron estos días enclaves tradicionales como Villamanrique o el Vado del Quema hasta la aldea marismeña.. La aldea otra madrugada vive suspendida entre el fervor y la tendencia a la entropia. El Rocío todo lo cambia -la presión turística, la logística, las retransmisiones en directo- salvo una certeza: cuando salta la reja, Andalucía entera contiene el aliento ante la certeza de que la Blanca Paloma ya está en las calles.
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