Donald Trump continúa engordando su fortuna desde la Casa Blanca. En el primer año de su segunda presidencia, el republicano ha presentado una declaración financiera oficial que apunta a que el último ha sido uno de los ejercicios más lucrativos de carrera como empresario y marca política. El documento, publicado por la Oficina de Ética del Gobierno, recoge activos por al menos 1.600 millones de dólares y más de 600 millones en ingresos procedentes de criptomonedas, clubes de golf, licencias de marca, venta de biblias, relojes con su nombre, propiedades y otros negocios. Durante su gobierno, Trump no solo ha mantenido su gran imperio, sino que también lo ha expandido.. Curiosamente, una de sus mayores `gallinas de los huevos de oro´ es el negocio de las criptomonedas que tanto criticó en el pasado, llegando a calificar el bitcoin de ¨estafa¨ y ¨potencial desastre a punto de ocurrir¨ en una entrevista concedida en 2021. Tres años después de aquellas críticas, él y su familia lanzaban World Liberty Financial, la empresa que emitió el token $WLFI y la stablecoin USD1. En poco tiempo, el presidente pasó del rechazo público del bitcoin a convertir las criptomonedas en una de las nuevas bases de su fortuna. Según Reuters, el líder estadounidense ha llegado a declarar 57,35 millones de dólares en ventas de tokens a través de su compañía.. Según las estimaciones publicadas por Bloomberg, el patrimonio neto del presidente norteamericano se sitúa en torno a los 7.100 millones de dólares, muy por encima del nivel que tenía antes de regresar a la Casa Blanca. Forbes, por su parte, calculó su fortuna en 6.500 millones de dólares en 2026, asentada en parte sobre en su clásico imperio que incluye diez clubes de golf, distribuidos en seis estados, con un valor neto estimado de 549 millones de dólares; su emblemático club Mar-a-Lago con un valor neto de 564 millones de dólares, y su complejo Trump National Doral Miami, de 255 millones de dólares, entre otros negocios. Trump también posee tres campos de golf en Europa con un valor de 116 millones de dólares. Se estima que otras inversiones inmobiliarias del presidente, como la Trump Tower en Manhattan (96 millones de dólares) y el Trump International Hotel Las Vegas (73 millones) tienen un valor neto de 1.200 millones de dólares.. Una riqueza que llega acompañada de otro gran logro, blindar buena parte de su frente fiscal. Trump presentó una demanda contra el IRS, la agencia tributaria de EE. UU., y contra el Departamento del Tesoro después de que sus declaraciones fiscales se filtraran a medios como The New York Times y ProPublica, exigiendo una indemnización de 10.000 millones de dólares. Tras su regreso al poder, el litigio se ha cerrado con un acuerdo extraordinariamente favorable al presidente que pasa por que el IRS quede ¨perpetuamente impedido y excluido¨, indica el acuerdo, ¨de procesar o perseguir la totalidad de las reclamaciones¨ fiscales derivadas de las declaraciones de impuestos antes del 18 de mayo de 2026. Trump renuncia a seguir adelante con la demanda millonaria, pero a cambio consigue un cortafuegos fiscal sobre investigaciones pasadas que no solo le afectan a él, sino también a sus hijos y a la Organización Trump. Es decir, el acuerdo incluye al presidente y sus familiares, así como todas las empresas vinculadas a ellos, sin embargo, no bloquea necesariamente futuras auditorías sobre ejercicios posteriores o asuntos nuevos.. Antes de su regreso al cargo, Trump había estado bajo el foco del IRS por una devolución fiscal de 72,9 millones de dólares solicitada en torno al 2010, vinculada a unas supuestas pérdidas en sus negocios inmobiliarios y casinos. En aquel entonces, el diario The New York Times informó de que el presidente había reclamado ese beneficio dos veces por vías distintas y que una decisión no favorable podía haberle costado más de 100 millones de dólares. Con el nuevo acuerdo, este viejo problema fiscal podría quedar neutralizado dentro del paquete de reclamaciones pasadas que ya no podrán perseguirse, lo que en la práctica supondría que Trump se ahorra una multa millonaria.. En los últimos años, Donald Trump, que en junio cumplirá 80 años, ha ido entrelazando progresivamente sus negocios familiares con la presidencia de una manera sin precedentes en la política moderna estadounidense. A diferencia de otros presidentes, él jamás rompió sus vínculos empresariales, pese a los posibles conflictos de intereses. El republicano decidió mantener sus activos en un fideicomiso gestionado por su familia, que puede revocar en cualquier momento, alimentando así las dudas éticas sobre dónde termina la presidencia y dónde empieza el negocio.. La última prueba de ello está en los mercados. Declaraciones financieras recientes revelaron miles de operaciones con acciones y bonos vinculadas al presidente entre enero y febrero, por un valor de entre 220 y 750 millones de dólares, según la agencia Reuters. Entre dichas operaciones, figuraban compras de acciones en dos compañías fabricantes de chips que estaban directamente afectadas por las políticas comerciales de Washington. Se compraron acciones por valor de entre 500.000 y 1 millón de dólares DE Nvidia, y de entre 50.000 y 100.000 dólares en AMD. Una semana después se anunció la flexibilización de las restricciones de venta de chips a China, lo que supuso que el valor de las participaciones de Nvidia se disparara de 187 a 219, y las de AMD, que estaban en 214 dólares superaran los 435 en cuestión de días, movimiento que reavivaron las sospechas sobre el solapamiento entre las decisiones oficiales e intereses privados. La Trump Organization enseguida aseguró que esas inversiones son gestionadas por terceros y que ni Trump ni su familia participan en las decisiones concretas de compraventa.. Trump insiste en presentarse como una víctima política perseguida por sus oponentes, y ahora ha llegado su momento de vengarse, en un movimiento que aún podría aumentará, todavía más, sus arcas personales.
Donald Trump continúa engordando su fortuna desde la Casa Blanca. En el primer año de su segunda presidencia, el republicano ha presentado una declaración financiera oficial que apunta a que el último ha sido uno de los ejercicios más lucrativos de carrera como empresario y marca política. El documento, publicado por la Oficina de Ética del Gobierno, recoge activos por al menos 1.600 millones de dólares y más de 600 millones en ingresos procedentes de criptomonedas, clubes de golf, licencias de marca, venta de biblias, relojes con su nombre, propiedades y otros negocios. Durante su gobierno, Trump no solo ha mantenido su gran imperio, sino que también lo ha expandido.. Curiosamente, una de sus mayores gallinas de los huevos de oro es el negocio de las criptomonedas que tanto criticó en el pasado, llegando a calificar el bitcoin de estafa y potencial desastre a punto de ocurrir en una entrevista concedida en 2021. Tres años después de aquellas críticas, él y su familia lanzaban World Liberty Financial, la empresa que emitió el token $WLFI y la stablecoin USD1. En poco tiempo, el presidente pasó del rechazo público del bitcoin a convertir las criptomonedas en una de las nuevas bases de su fortuna. Según Reuters, el líder estadounidense ha llegado a declarar 57,35 millones de dólares en ventas de tokens a través de su compañía.. Según las estimaciones publicadas por Bloomberg, el patrimonio neto del presidente norteamericano se sitúa en torno a los 7.100 millones de dólares, muy por encima del nivel que tenía antes de regresar a la Casa Blanca. Forbes, por su parte, calculó su fortuna en 6.500 millones de dólares en 2026, asentada en parte sobre en su clásico imperio que incluye diez clubes de golf, distribuidos en seis estados, con un valor neto estimado de 549 millones de dólares; su emblemático club Mar-a-Lago con un valor neto de 564 millones de dólares, y su complejo Trump National Doral Miami, de 255 millones de dólares, entre otros negocios. Trump también posee tres campos de golf en Europa con un valor de 116 millones de dólares. Se estima que otras inversiones inmobiliarias del presidente, como la Trump Tower en Manhattan (96 millones de dólares) y el Trump International Hotel Las Vegas (73 millones) tienen un valor neto de 1.200 millones de dólares.. Una riqueza que llega acompañada de otro gran logro, blindar buena parte de su frente fiscal. Trump presentó una demanda contra el IRS, la agencia tributaria de EE. UU., y contra el Departamento del Tesoro después de que sus declaraciones fiscales se filtraran a medios como The New York Times y ProPublica, exigiendo una indemnización de 10.000 millones de dólares. Tras su regreso al poder, el litigio se ha cerrado con un acuerdo extraordinariamente favorable al presidente que pasa por que el IRS quede perpetuamente impedido y excluido, indica el acuerdo, de procesar o perseguir la totalidad de las reclamaciones fiscales derivadas de las declaraciones de impuestos antes del 18 de mayo de 2026. Trump renuncia a seguir adelante con la demanda millonaria, pero a cambio consigue un cortafuegos fiscal sobre investigaciones pasadas que no solo le afectan a él, sino también a sus hijos y a la Organización Trump. Es decir, el acuerdo incluye al presidente y sus familiares, así como todas las empresas vinculadas a ellos, sin embargo, no bloquea necesariamente futuras auditorías sobre ejercicios posteriores o asuntos nuevos.. Antes de su regreso al cargo, Trump había estado bajo el foco del IRS por una devolución fiscal de 72,9 millones de dólares solicitada en torno al 2010, vinculada a unas supuestas pérdidas en sus negocios inmobiliarios y casinos. En aquel entonces, el diario The New York Times informó de que el presidente había reclamado ese beneficio dos veces por vías distintas y que una decisión no favorable podía haberle costado más de 100 millones de dólares. Con el nuevo acuerdo, este viejo problema fiscal podría quedar neutralizado dentro del paquete de reclamaciones pasadas que ya no podrán perseguirse, lo que en la práctica supondría que Trump se ahorra una multa millonaria.. En los últimos años, Donald Trump, que en junio cumplirá 80 años, ha ido entrelazando progresivamente sus negocios familiares con la presidencia de una manera sin precedentes en la política moderna estadounidense. A diferencia de otros presidentes, él jamás rompió sus vínculos empresariales, pese a los posibles conflictos de intereses. El republicano decidió mantener sus activos en un fideicomiso gestionado por su familia, que puede revocar en cualquier momento, alimentando así las dudas éticas sobre dónde termina la presidencia y dónde empieza el negocio.. La última prueba de ello está en los mercados. Declaraciones financieras recientes revelaron miles de operaciones con acciones y bonos vinculadas al presidente entre enero y febrero, por un valor de entre 220 y 750 millones de dólares, según la agencia Reuters. Entre dichas operaciones, figuraban compras de acciones en dos compañías fabricantes de chips que estaban directamente afectadas por las políticas comerciales de Washington. Se compraron acciones por valor de entre 500.000 y 1 millón de dólares DE Nvidia, y de entre 50.000 y 100.000 dólares en AMD. Una semana después se anunció la flexibilización de las restricciones de venta de chips a China, lo que supuso que el valor de las participaciones de Nvidia se disparara de 187 a 219, y las de AMD, que estaban en 214 dólares superaran los 435 en cuestión de días, movimiento que reavivaron las sospechas sobre el solapamiento entre las decisiones oficiales e intereses privados. La Trump Organization enseguida aseguró que esas inversiones son gestionadas por terceros y que ni Trump ni su familia participan en las decisiones concretas de compraventa.. Trump insiste en presentarse como una víctima política perseguida por sus oponentes, y ahora ha llegado su momento de vengarse, en un movimiento que aún podría aumentará, todavía más, sus arcas personales.
Un acuerdo blinda a la familia Trump y a sus empresas de toda investigación fiscal anterior a mayo de 2026
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