Una alianza histórica permitirá devolverle el brillo de esta obra inconclusa que une arquitectura y arte modernos
Fue en 1952 cuando Diego de Rivera firmó uno de los planes más ambiciosos de su carrera como artista. Pretendía rodear el Estadio Olímpico Universitario de México con un relieve continuo de unos 18.000 metros cuadrados, de forma que le permitiese narrar la historia del deporte en su país. No obstante, nos llega a nuestros días esta obra como una inconclusa, pues la enfermedad del creador y su posterior fallecimiento impidieron que se completara más allá de la sección que hoy cubre el frontón del estadio. Un relieve igualmente monumental, titulado «La universidad, la familia y el deporte en México», y que ahora se someterá a una restauración.. En una alianza histórica, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Embajada de los Estados Unidos en México y World Monuments Fund (WMF) han anunciado el proyecto «AFCP Freedom 250 Celebración el Legado de Diego Rivera en el Estadio Olímpico Universitario», que supone la restauración del legendario mural del artista. Financiado por la subvención del AFCP Freedom 250 otorgada por el gobierno de los EE UU, el proyecto se centra en la estabilización y conservación de la monumental escultura en alto relieve de Rivera.. El proyecto preservará la extraordinaria obra de arte del que fue pareja de Frida Kahlo, al tiempo que atraerá una renovada atención al rico legado del estadio como escenario de históricos eventos deportivos y culturales, incluidos los Juegos Olímpicos de 1968. A través de la participación pública, iniciativas educativas y una experiencia digital bilingüe inmersiva, el proyecto invitará a nuevas audiencias a descubrir las historias, logros y conexiones culturales reflejados en este recinto excepcional. La iniciativa también celebrará los perdurables lazos históricos y culturales entre México y los Estados Unidos a través del legado compartido del deporte, el arte y el intercambio internacional.. Una obra maestra de la arquitectura y el arte modernos. Concluido en 1952, el Estadio Olímpico Universitario fue la primera gran estructura construida en el campus de la UNAM. Diseñado por los arquitectos Augusto Pérez Palacios, Jorge Bravo y Raúl Salinas, el estadio se integró en la oquedad del paisaje volcánico del Pedregal, fusionando la arquitectura con el terreno natural. Diego Rivera lo describió como “un cráter arquitectónico”, y el arquitecto estadounidense Frank Lloyd Wright lo llamó “no una imitación sino una creación en el sentido más auténtico… llamada a ocupar un lugar entre las grandes obras de la arquitectura del presente y del futuro”.. Rivera recibió el encargo de crear relieves escultóricos en piedra alrededor del exterior del estadio. El mural principal en la entrada, una de sus obras más ambiciosas y finales, representa a una familia reunida bajo las alas de la deidad mesoamericana Quetzalcóatl, flanqueada por dos grandes figuras que encienden antorchas olímpicas. Elaborado con piedra volcánica, mármol y piedra de río colocados en las laderas de mampostería, el relieve vincula la herencia prehispánica, el México moderno, la familia y el deporte. Casi 75 años después de su creación, la obra requiere una conservación urgente y especializada para garantizar su permanencia.. Inscrito como Sitio de Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2007 como parte del Campus Central de Ciudad Universitaria, el estadio es uno de los ejemplos más significativos de la arquitectura moderna en América Latina y una obra maestra de la integración plástica. La intervención en el relieve de Rivera requiere protocolos técnicos especializados de conservación de piedra y estabilización estructural.
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Fue en 1952 cuando Diego de Rivera firmó uno de los planes más ambiciosos de su carrera como artista. Pretendía rodear el Estadio Olímpico Universitario de México con un relieve continuo de unos 18.000 metros cuadrados, de forma que le permitiese narrar la historia del deporte en su país. No obstante, nos llega a nuestros días esta obra como una inconclusa, pues la enfermedad del creador y su posterior fallecimiento impidieron que se completara más allá de la sección que hoy cubre el frontón del estadio. Un relieve igualmente monumental, titulado «La universidad, la familia y el deporte en México», y que ahora se someterá a una restauración.. En una alianza histórica, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Embajada de los Estados Unidos en México y World Monuments Fund (WMF) han anunciado el proyecto «AFCP Freedom 250 Celebración el Legado de Diego Rivera en el Estadio Olímpico Universitario», que supone la restauración del legendario mural del artista. Financiado por la subvención del AFCP Freedom 250 otorgada por el gobierno de los EE UU, el proyecto se centra en la estabilización y conservación de la monumental escultura en alto relieve de Rivera.. El proyecto preservará la extraordinaria obra de arte del que fue pareja de Frida Kahlo, al tiempo que atraerá una renovada atención al rico legado del estadio como escenario de históricos eventos deportivos y culturales, incluidos los Juegos Olímpicos de 1968. A través de la participación pública, iniciativas educativas y una experiencia digital bilingüe inmersiva, el proyecto invitará a nuevas audiencias a descubrir las historias, logros y conexiones culturales reflejados en este recinto excepcional. La iniciativa también celebrará los perdurables lazos históricos y culturales entre México y los Estados Unidos a través del legado compartido del deporte, el arte y el intercambio internacional.. Concluido en 1952, el Estadio Olímpico Universitario fue la primera gran estructura construida en el campus de la UNAM. Diseñado por los arquitectos Augusto Pérez Palacios, Jorge Bravo y Raúl Salinas, el estadio se integró en la oquedad del paisaje volcánico del Pedregal, fusionando la arquitectura con el terreno natural. Diego Rivera lo describió como “un cráter arquitectónico”, y el arquitecto estadounidense Frank Lloyd Wright lo llamó “no una imitación sino una creación en el sentido más auténtico… llamada a ocupar un lugar entre las grandes obras de la arquitectura del presente y del futuro”.. Rivera recibió el encargo de crear relieves escultóricos en piedra alrededor del exterior del estadio. El mural principal en la entrada, una de sus obras más ambiciosas y finales, representa a una familia reunida bajo las alas de la deidad mesoamericana Quetzalcóatl, flanqueada por dos grandes figuras que encienden antorchas olímpicas. Elaborado con piedra volcánica, mármol y piedra de río colocados en las laderas de mampostería, el relieve vincula la herencia prehispánica, el México moderno, la familia y el deporte. Casi 75 años después de su creación, la obra requiere una conservación urgente y especializada para garantizar su permanencia.. Inscrito como Sitio de Patrimonio Mundial de la UNESCO en 2007 como parte del Campus Central de Ciudad Universitaria, el estadio es uno de los ejemplos más significativos de la arquitectura moderna en América Latina y una obra maestra de la integración plástica. La intervención en el relieve de Rivera requiere protocolos técnicos especializados de conservación de piedra y estabilización estructural.
