Decían los griegos que si ibas por el monte solo y te encontrabas al dios Pan, con sus cuernos y su flauta, un miedo súbito, irracional y absoluto te invadía el cuerpo con tanta violencia que era capaz de volverte loco hasta morir. Era el terror de Pan; el «pánico».. En el ámbito político, el pánico impacta de forma distinta en el espectro ideológico. Se dice que el votante de izquierdas intima más con la psicosis porque vive con muchos problemas: Trump, Ayuso, la ultraderecha, el cambio climático, Netanyahu, las cárceles salvadoreñas, Amazon, Mercadona o la Copa América de Vela. Mientras, el votante de derechas solo vive con uno: Pedro Sánchez. Un votante de izquierdas, estos días, se acuesta por las noches deseando soñar profundamente en «La bola negra» de los Javis y quedarse a vivir ahí, en la película, pero no se puede dormir porque le da miedo mirar debajo de la cama y encontrarse a Flávio Bolsonaro. Pero gracias a su alta exposición al pánico en los últimos años el votante de izquierdas ha ido transformando el miedo psicótico en una especie de neurosis sostenible, una herida hecha costra, que le pertrecha de una capacidad de avanzar por los ciclos electorales con una disfuncionalidad perimetrada.. En cambio, el votante de derechas, que navega de empopada gracias a los vientos actuales del mundo, acaba de encontrarse a Pan tras la convocatoria electoral. Pedro Sánchez disuelve las Cortes y se metamorfosea por televisión en el dios arcádico y así, también, la imperiosa necesidad de echarle de La Moncloa muta en el miedo atávico de que el «resistente» vuelva a ganar.. Existe la ligera sospecha de que estas elecciones no tratan de la vivienda sino del miedo. Desde 2023 flota en el inconsciente conservador un severo trauma por la insuficiente victoria. La izquierda lo explota pregonando que ahora también le salen los números. Agita el miedo en sus votantes a la ultraderecha y a los recortes, pero ha descubierto que es igual de útil asustar a los votantes de los otros: amenaza por supuesto con ganar, pero también con que, aunque pierda, Sánchez se queda.. Las encuestas dan hoy a la derecha unos 200 escaños. Sánchez invoca la épica de las remontadas del Bernabéu donde, sin jugar a nada en especial, se puede aterrorizar al rival hasta su colapso. Pero el voto conservador está hoy más cerca de una mayoría cualificada (210 escaños) que permita entrar en el BOE con la artillería que de caer por debajo de los 175. ¿Y por qué no? Se puede salir al césped a defender o a atacar, aunque es probable que se necesite alguna hora de terapia.
En el ámbito político, el pánico impacta de forma distinta en el espectro ideológico
Decían los griegos que si ibas por el monte solo y te encontrabas al dios Pan, con sus cuernos y su flauta, un miedo súbito, irracional y absoluto te invadía el cuerpo con tanta violencia que era capaz de volverte loco hasta morir. Era el terror de Pan; el «pánico».. En el ámbito político, el pánico impacta de forma distinta en el espectro ideológico. Se dice que el votante de izquierdas intima más con la psicosis porque vive con muchos problemas: Trump, Ayuso, la ultraderecha, el cambio climático, Netanyahu, las cárceles salvadoreñas, Amazon, Mercadona o la Copa América de Vela. Mientras, el votante de derechas solo vive con uno: Pedro Sánchez. Un votante de izquierdas, estos días, se acuesta por las noches deseando soñar profundamente en «La bola negra» de los Javis y quedarse a vivir ahí, en la película, pero no se puede dormir porque le da miedo mirar debajo de la cama y encontrarse a Flávio Bolsonaro. Pero gracias a su alta exposición al pánico en los últimos años el votante de izquierdas ha ido transformando el miedo psicótico en una especie de neurosis sostenible, una herida hecha costra, que le pertrecha de una capacidad de avanzar por los ciclos electorales con una disfuncionalidad perimetrada.. En cambio, el votante de derechas, que navega de empopada gracias a los vientos actuales del mundo, acaba de encontrarse a Pan tras la convocatoria electoral. Pedro Sánchez disuelve las Cortes y se metamorfosea por televisión en el dios arcádico y así, también, la imperiosa necesidad de echarle de La Moncloa muta en el miedo atávico de que el «resistente» vuelva a ganar.. Existe la ligera sospecha de que estas elecciones no tratan de la vivienda sino del miedo. Desde 2023 flota en el inconsciente conservador un severo trauma por la insuficiente victoria. La izquierda lo explota pregonando que ahora también le salen los números. Agita el miedo en sus votantes a la ultraderecha y a los recortes, pero ha descubierto que es igual de útil asustar a los votantes de los otros: amenaza por supuesto con ganar, pero también con que, aunque pierda, Sánchez se queda.. Las encuestas dan hoy a la derecha unos 200 escaños. Sánchez invoca la épica de las remontadas del Bernabéu donde, sin jugar a nada en especial, se puede aterrorizar al rival hasta su colapso. Pero el voto conservador está hoy más cerca de una mayoría cualificada (210 escaños) que permita entrar en el BOE con la artillería que de caer por debajo de los 175. ¿Y por qué no? Se puede salir al césped a defender o a atacar, aunque es probable que se necesite alguna hora de terapia.
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