«Revivir algunas de las batallas y revisar los viejos correos electrónicos, mensajes de texto y notas me han hecho darme cuenta de lo brutal que fue todo en aquel momento», asegura Matthew Elliott. Su nombre es poco conocido en la calle, pero para muchos analistas es la figura clave del Brexit.. El excéntrico Boris Johnson fue quien recorrió el país en un autobús rojo asegurando que el Reino Unido enviaba 350 millones de libras a la UE cada semana —una cifra que posteriormente se demostró engañosa—. El populista Nigel Farage fue quien más presionó al entonces primer ministro David Cameron para sacar las urnas. Pero Elliott, de 48 años y hoy miembro de la Cámara de los Lores por el Partido Conservador, fue el arquitecto de «Vote Leave», la campaña oficial a favor de la salida de la UE en el plebiscito de 2016, y es quien mejor conoce las disputas libradas entre bastidores que desembocaron en el divorcio histórico.. En una reciente entrevista con The Telegraph aseguraba que publicar ahora sus memorias, «Diez años después: la historia jamás contada del Brexit», ha sido «bastante catártico». No es para menos. Uno de los efectos más devastadores del Brexit, y que aún perdura, ha sido la profunda división social que dejó tras de sí. No solo partió al país entre euroescépticos y europeístas, sino que abrió brechas entre generaciones, territorios, niveles educativos y clases sociales.. La salida obtuvo el 51,9% de los votos. El 23 de junio de 2016, el Reino Unido votó por abandonar la UE con un 51,9% de los votos frente al 48,1% que optó por permanecer. Sin embargo, la euforia de los vencedores duró poco. Pronto comenzó a extenderse el llamado Bregret, el arrepentimiento por una decisión que ni siquiera algunos de los protagonistas de la causa euroescéptica esperaban ganar. Elliott admite en sus memorias que el equipo de «Vote Leave» llegó a redactar discursos para asumir lo que iba a ser una derrota.. El resultado escondía una profunda fractura territorial. Aunque el Brexit se presentó como la voluntad del Reino Unido, la realidad es que fue Inglaterra quien inclinó la balanza. Escocia votó por permanecer con un 62% de los sufragios e Irlanda del Norte lo hizo con un 56%. Londres también respaldó claramente la continuidad en el bloque. Solo Inglaterra y Gales apostaron por la salida, aunque el peso demográfico inglés acabó imponiéndose sobre el resto de naciones del país.. El Brexit ganó, pero no logró cerrar definitivamente el debate. Más bien ocurrió lo contrario. Según la media de los sondeos publicados este año, una vez excluidos los indecisos, el 60% de los británicos votaría hoy por permanecer o regresar a la UE, mientras que solo un 40% optaría por seguir fuera. Elliott está convencido de que las próximas elecciones generales, previstas para 2029, «serán básicamente una repetición del referéndum del Brexit».. El Partido Conservador, principal foco de euroescepticismo. Los británicos siempre han mantenido una relación ambivalente con Europa. En 1975 votaron por dos a uno a favor de permanecer en la entonces Comunidad Económica Europea. Sin embargo, el debate nunca desapareció. En 1983, el Partido Laborista defendía la retirada y, durante un tiempo, pareció contar con el respaldo de la mayoría de los votantes. Después, durante la década de 1990, fue el Partido Conservador el que se convirtió en el principal foco del euroescepticismo británico. Las tensiones internas acabaron llevando a David Cameron a convocar el referéndum de 2016, una consulta que, de celebrarse hoy, probablemente arrojaría un resultado muy distinto.. Según John Curtice, profesor de Política en la Universidad de Strathclyde y considerado el gran gurú de los sondeos británicos, «este notable cambio en la opinión pública se debe en parte a la evolución de quienes votaron a favor del Brexit en 2016». «En los sondeos realizados en mayo, solo el 72% de los votantes del Leave decía que volvería a votar por mantenerse fuera de la UE, mientras que el 81% de quienes respaldaron el Remain afirmaba que votaría por reincorporarse. Sin embargo, igual de importante es la opinión de quienes no participaron en el referéndum de 2016. Entre ellos, el apoyo a volver a la UE supera al de seguir fuera por casi tres a uno: un 51% frente a un 17%», explica.. Muchos de estos últimos eran demasiado jóvenes para votar en 2016. Una década después, son precisamente quienes están transformando el mapa político británico. Dos tercios (67%) de los jóvenes de entre 18 y 24 años votarían por reincorporarse a la UE, mientras que solo uno de cada ocho (13%) apoyaría seguir fuera.. Una fractura generacional. Entre los mayores de 65 años ocurre exactamente lo contrario: un 53% respaldaría permanecer fuera frente a un 35% que optaría por regresar. El Brexit ha dejado así una de las fracturas generacionales más profundas de la historia política reciente del Reino Unido. «La conclusión evidente es que el relevo generacional podría reducir aún más el apoyo a la permanencia fuera de la UE», señala Curtice.. La gran paradoja de la política británica actual es que este giro europeísta de la opinión pública coincide con el ascenso de Nigel Farage. El hombre que contribuyó decisivamente a sacar al Reino Unido de la UE lidera ahora las encuestas al frente de Reform UK, capitalizando el descontento hacia un establishment incapaz de resolver muchos de los problemas que prometió solucionar el Brexit.. Según Anand Menon, director del centro de estudios UK in a Changing Europe, esto se explica porque el electorado ha quedado dividido en dos grandes bloques. El voto euroescéptico se reparte entre Reform UK y los conservadores. El europeísta, por su parte, entre laboristas, liberaldemócratas y verdes. Esta fragmentación favorece a Farage porque los tories quedaron profundamente debilitados tras años de divisiones internas y turbulencias derivadas de las negociaciones de salida.. «En este contexto, Reform UK cuenta con entre un 25% y un 28% de apoyo. Es decir, no tiene el respaldo de la mayoría de la población, que sí apuesta por estrechar vínculos con la UE. Creo que la razón es que, desde el referéndum, la economía británica no ha ido bien. Más gente ve ahora el Brexit como una decisión equivocada, y muchos consideran que acercarse a Europa podría ser una forma de reactivar el crecimiento económico», señala Menon.. «No obstante, cuando a esas mismas personas se les pregunta por las concesiones que eso implicaría, como volver a la libre circulación o contribuir financieramente al presupuesto comunitario, entonces el apoyo a regresar al bloque disminuye. Así que, como todo lo relacionado con el Brexit, sigue siendo bastante complicado», matiza.. Sin rastro de los resultados prometidos. En efecto, muchos votantes han llegado a la conclusión de que la salida de la UE no ha dado los resultados prometidos. Una encuesta de Ipsos realizada en abril constató que más de la mitad de los británicos (51%) considera que el Brexit ha sido «más un fracaso que un éxito», mientras que solo uno de cada ocho (13%) cree que ha sido «más un éxito que un fracaso».. Más concretamente, un sondeo de YouGov realizado en enero de 2025 mostraba que, en dos de los asuntos centrales de la campaña del referéndum —la economía y la inmigración—, la mayoría considera ahora que el Brexit ha tenido un impacto negativo. El 65% cree que ha perjudicado a la economía y el 52% sostiene que ha empeorado la situación migratoria. En el caso de la inmigración, esa percepción es igual de frecuente entre quienes votaron Leave que entre quienes apoyaron el Remain. Incluso respecto a la economía, más de dos de cada cinco votantes del Brexit (43%) consideran que se ha visto perjudicada.. Sin embargo, sigue abierta la cuestión de a quién atribuyen los británicos ese fracaso percibido. Una encuesta de More in Common realizada en abril reveló que hasta un 46% considera que «el Brexit podría haber funcionado bien, pero los políticos lo han gestionado mal». Esta respuesta es especialmente común (74%) entre quienes votaron a Reform UK en 2024. Esto ayuda a explicar por qué alrededor de la mitad de quienes votaron Leave en 2016 apoyan ahora a la formación de Farage y por qué la mayoría de los partidarios del Brexit (71%) sigue inclinándose por permanecer fuera de la UE.. Ahora bien, que el Brexit ya no sea una causa especialmente popular no significa necesariamente que los votantes quieran volver a abrir el debate mediante otro referéndum. «A menudo se afirma que no existe apetito para ello. Sin embargo, los sondeos no respaldan esa idea», sostiene Curtice.. Un nuevo referéndum. El gurú de los sondeos recuerda que una encuesta de More in Common realizada en abril constató que algo más de la mitad de los votantes (51%) apoyaría la celebración de un nuevo referéndum sobre el Brexit en los próximos cinco años, mientras que solo un tercio (33%) se opone. Por su parte, un estudio realizado en mayo para UK in a Changing Europe mostró que casi la mitad (48%) está a favor de una nueva consulta en ese plazo, frente a apenas un 27% que se muestra en contra.. Como cabría esperar, quienes votaron Remain son claramente partidarios de otra consulta (73% frente a 12%, según Ipsos), mientras que quienes no participaron en 2016 también se muestran favorables (43% frente a 16%). Entre los votantes del Leave sigue existiendo una considerable resistencia, aunque su oposición (55% frente a 25%) es menos intensa que el entusiasmo mostrado por los partidarios de la permanencia.. Curtice admite que quizá no haya un nuevo referéndum en los próximos cinco años. Sin embargo, advierte de que «salvo que la opinión pública sobre la pertenencia a la UE vuelva a cambiar de forma significativa, resulta difícil creer que el referéndum de 2016 vaya a ser la última palabra sobre la cuestión». Diez años después, el Brexit sigue sin haber resuelto el debate.
«Revivir algunas de las batallas y revisar los viejos correos electrónicos, mensajes de texto y notas me han hecho darme cuenta de lo brutal que fue todo en aquel momento», asegura Matthew Elliott. Su nombre es poco conocido en la calle, pero para muchos analistas es la figura clave del Brexit.. El excéntrico Boris Johnson fue quien recorrió el país en un autobús rojo asegurando que el Reino Unido enviaba 350 millones de libras a la UE cada semana —una cifra que posteriormente se demostró engañosa—. El populista Nigel Farage fue quien más presionó al entonces primer ministro David Cameron para sacar las urnas. Pero Elliott, de 48 años y hoy miembro de la Cámara de los Lores por el Partido Conservador, fue el arquitecto de «Vote Leave», la campaña oficial a favor de la salida de la UE en el plebiscito de 2016, y es quien mejor conoce las disputas libradas entre bastidores que desembocaron en el divorcio histórico.. En una reciente entrevista con The Telegraph aseguraba que publicar ahora sus memorias, «Diez años después: la historia jamás contada del Brexit», ha sido «bastante catártico». No es para menos. Uno de los efectos más devastadores del Brexit, y que aún perdura, ha sido la profunda división social que dejó tras de sí. No solo partió al país entre euroescépticos y europeístas, sino que abrió brechas entre generaciones, territorios, niveles educativos y clases sociales.. La salida obtuvo el 51,9% de los votos. El 23 de junio de 2016, el Reino Unido votó por abandonar la UE con un 51,9% de los votos frente al 48,1% que optó por permanecer. Sin embargo, la euforia de los vencedores duró poco. Pronto comenzó a extenderse el llamado Bregret, el arrepentimiento por una decisión que ni siquiera algunos de los protagonistas de la causa euroescéptica esperaban ganar. Elliott admite en sus memorias que el equipo de «Vote Leave» llegó a redactar discursos para asumir lo que iba a ser una derrota.. El resultado escondía una profunda fractura territorial. Aunque el Brexit se presentó como la voluntad del Reino Unido, la realidad es que fue Inglaterra quien inclinó la balanza. Escocia votó por permanecer con un 62% de los sufragios e Irlanda del Norte lo hizo con un 56%. Londres también respaldó claramente la continuidad en el bloque. Solo Inglaterra y Gales apostaron por la salida, aunque el peso demográfico inglés acabó imponiéndose sobre el resto de naciones del país.. El Brexit ganó, pero no logró cerrar definitivamente el debate. Más bien ocurrió lo contrario. Según la media de los sondeos publicados este año, una vez excluidos los indecisos, el 60% de los británicos votaría hoy por permanecer o regresar a la UE, mientras que solo un 40% optaría por seguir fuera. Elliott está convencido de que las próximas elecciones generales, previstas para 2029, «serán básicamente una repetición del referéndum del Brexit».. El Partido Conservador, principal foco de euroescepticismo. Los británicos siempre han mantenido una relación ambivalente con Europa. En 1975 votaron por dos a uno a favor de permanecer en la entonces Comunidad Económica Europea. Sin embargo, el debate nunca desapareció. En 1983, el Partido Laborista defendía la retirada y, durante un tiempo, pareció contar con el respaldo de la mayoría de los votantes. Después, durante la década de 1990, fue el Partido Conservador el que se convirtió en el principal foco del euroescepticismo británico. Las tensiones internas acabaron llevando a David Cameron a convocar el referéndum de 2016, una consulta que, de celebrarse hoy, probablemente arrojaría un resultado muy distinto.. Según John Curtice, profesor de Política en la Universidad de Strathclyde y considerado el gran gurú de los sondeos británicos, «este notable cambio en la opinión pública se debe en parte a la evolución de quienes votaron a favor del Brexit en 2016». «En los sondeos realizados en mayo, solo el 72% de los votantes del Leave decía que volvería a votar por mantenerse fuera de la UE, mientras que el 81% de quienes respaldaron el Remain afirmaba que votaría por reincorporarse. Sin embargo, igual de importante es la opinión de quienes no participaron en el referéndum de 2016. Entre ellos, el apoyo a volver a la UE supera al de seguir fuera por casi tres a uno: un 51% frente a un 17%», explica.. Muchos de estos últimos eran demasiado jóvenes para votar en 2016. Una década después, son precisamente quienes están transformando el mapa político británico. Dos tercios (67%) de los jóvenes de entre 18 y 24 años votarían por reincorporarse a la UE, mientras que solo uno de cada ocho (13%) apoyaría seguir fuera.. Una fractura generacional. Entre los mayores de 65 años ocurre exactamente lo contrario: un 53% respaldaría permanecer fuera frente a un 35% que optaría por regresar. El Brexit ha dejado así una de las fracturas generacionales más profundas de la historia política reciente del Reino Unido. «La conclusión evidente es que el relevo generacional podría reducir aún más el apoyo a la permanencia fuera de la UE», señala Curtice.. La gran paradoja de la política británica actual es que este giro europeísta de la opinión pública coincide con el ascenso de Nigel Farage. El hombre que contribuyó decisivamente a sacar al Reino Unido de la UE lidera ahora las encuestas al frente de Reform UK, capitalizando el descontento hacia un establishment incapaz de resolver muchos de los problemas que prometió solucionar el Brexit.. Según Anand Menon, director del centro de estudios UK in a Changing Europe, esto se explica porque el electorado ha quedado dividido en dos grandes bloques. El voto euroescéptico se reparte entre Reform UK y los conservadores. El europeísta, por su parte, entre laboristas, liberaldemócratas y verdes. Esta fragmentación favorece a Farage porque los tories quedaron profundamente debilitados tras años de divisiones internas y turbulencias derivadas de las negociaciones de salida.. «En este contexto, Reform UK cuenta con entre un 25% y un 28% de apoyo. Es decir, no tiene el respaldo de la mayoría de la población, que sí apuesta por estrechar vínculos con la UE. Creo que la razón es que, desde el referéndum, la economía británica no ha ido bien. Más gente ve ahora el Brexit como una decisión equivocada, y muchos consideran que acercarse a Europa podría ser una forma de reactivar el crecimiento económico», señala Menon.. «No obstante, cuando a esas mismas personas se les pregunta por las concesiones que eso implicaría, como volver a la libre circulación o contribuir financieramente al presupuesto comunitario, entonces el apoyo a regresar al bloque disminuye. Así que, como todo lo relacionado con el Brexit, sigue siendo bastante complicado», matiza.. Sin rastro de los resultados prometidos. En efecto, muchos votantes han llegado a la conclusión de que la salida de la UE no ha dado los resultados prometidos. Una encuesta de Ipsos realizada en abril constató que más de la mitad de los británicos (51%) considera que el Brexit ha sido «más un fracaso que un éxito», mientras que solo uno de cada ocho (13%) cree que ha sido «más un éxito que un fracaso».. Más concretamente, un sondeo de YouGov realizado en enero de 2025 mostraba que, en dos de los asuntos centrales de la campaña del referéndum —la economía y la inmigración—, la mayoría considera ahora que el Brexit ha tenido un impacto negativo. El 65% cree que ha perjudicado a la economía y el 52% sostiene que ha empeorado la situación migratoria. En el caso de la inmigración, esa percepción es igual de frecuente entre quienes votaron Leave que entre quienes apoyaron el Remain. Incluso respecto a la economía, más de dos de cada cinco votantes del Brexit (43%) consideran que se ha visto perjudicada.. Sin embargo, sigue abierta la cuestión de a quién atribuyen los británicos ese fracaso percibido. Una encuesta de More in Common realizada en abril reveló que hasta un 46% considera que «el Brexit podría haber funcionado bien, pero los políticos lo han gestionado mal». Esta respuesta es especialmente común (74%) entre quienes votaron a Reform UK en 2024. Esto ayuda a explicar por qué alrededor de la mitad de quienes votaron Leave en 2016 apoyan ahora a la formación de Farage y por qué la mayoría de los partidarios del Brexit (71%) sigue inclinándose por permanecer fuera de la UE.. Ahora bien, que el Brexit ya no sea una causa especialmente popular no significa necesariamente que los votantes quieran volver a abrir el debate mediante otro referéndum. «A menudo se afirma que no existe apetito para ello. Sin embargo, los sondeos no respaldan esa idea», sostiene Curtice.. Un nuevo referéndum. El gurú de los sondeos recuerda que una encuesta de More in Common realizada en abril constató que algo más de la mitad de los votantes (51%) apoyaría la celebración de un nuevo referéndum sobre el Brexit en los próximos cinco años, mientras que solo un tercio (33%) se opone. Por su parte, un estudio realizado en mayo para UK in a Changing Europe mostró que casi la mitad (48%) está a favor de una nueva consulta en ese plazo, frente a apenas un 27% que se muestra en contra.. Como cabría esperar, quienes votaron Remain son claramente partidarios de otra consulta (73% frente a 12%, según Ipsos), mientras que quienes no participaron en 2016 también se muestran favorables (43% frente a 16%). Entre los votantes del Leave sigue existiendo una considerable resistencia, aunque su oposición (55% frente a 25%) es menos intensa que el entusiasmo mostrado por los partidarios de la permanencia.. Curtice admite que quizá no haya un nuevo referéndum en los próximos cinco años. Sin embargo, advierte de que «salvo que la opinión pública sobre la pertenencia a la UE vuelva a cambiar de forma significativa, resulta difícil creer que el referéndum de 2016 vaya a ser la última palabra sobre la cuestión». Diez años después, el Brexit sigue sin haber resuelto el debate.
En junio de 2016 el Reino Unido votó por abandonar la UE, pero pronto comenzó a extenderse el arrepentimiento por una decisión que algunos de los protagonistas de la causa euroescéptica no esperaban ganar
Internacional: noticias internacionales de hoy en La Razón
