En 1982, Kazuo Ishuguro irrumpía con una fuerza inusitada en el mundo de las letras gracias a «Pálida luz en las colinas», notabilísima novela de inusitada madurez narrativa sobre la culpa, el trauma generacional y la maternidad. Ahora, el director Kei Ishikawa (autor, entre otras, de la aclamada «A Man», 2022), ha decidido volcar en la gran pantalla aquella narrativamente compleja y sensible obra en la que se narra de manera simultánea, a través de largos flashbacks, la historia que transcurre en Nagashaki durante 1952 y la que discurre en Reino Unido treinta años más tarde, cuando una joven escritora japonesa-británica decide escribir un libro inspirado en las experiencias de posguerra de su madre, Etsuko, cuya hija mayor se ahorcó, un trauma del que no puede, ni parece querer, desprenderse. Y Etsuko la transporta a aquel tiempo, cuando era una joven embarazada para, paulatinamente, quedar ambas mujeres entrelazadas por los recuerdos de una y otra. Hay verdades sin voz y que, de pronto, estallan violentamente, hay heridas familiares que cuesta cicatrizar y hay, por encima de todo, el impacto imperecedero de la guerra, de cualquier guerra, en la memoria.. Era difícil volcar en el cine una obra tan frágil, tan sutil, lo que ha conseguido en buena parte Ishikawa, cuya cinta, como el libro que adapta, está envuelto por esa capa fina pero persistente de duelo y dolor que quizá un día pueda curar el tiempo. O una pálida, muy pálida luz.. Lo mejor: El respeto y sensibilidad con que el director ha realizado esta adaptación. Lo peor: Es una película de ritmo pausado, lo que a ciertos espectadores quizá les cueste
Director: Kei Ishikawa. Guion: Kei Ishikawa (basado en la novela de Kazuo Ishiguro) Intérpretes: Suzu Hirose, Fumi Nikaidô, Yoh Yoshida, Camilla Aiko, Kôhei Matsushita. Japón, 2025. Duración: 123 minutos. Drama
En 1982, Kazuo Ishuguro irrumpía con una fuerza inusitada en el mundo de las letras gracias a «Pálida luz en las colinas», notabilísima novela de inusitada madurez narrativa sobre la culpa, el trauma generacional y la maternidad. Ahora, el director Kei Ishikawa (autor, entre otras, de la aclamada «A Man», 2022), ha decidido volcar en la gran pantalla aquella narrativamente compleja y sensible obra en la que se narra de manera simultánea, a través de largos flashbacks, la historia que transcurre en Nagashaki durante 1952 y la que discurre en Reino Unido treinta años más tarde, cuando una joven escritora japonesa-británica decide escribir un libro inspirado en las experiencias de posguerra de su madre, Etsuko, cuya hija mayor se ahorcó, un trauma del que no puede, ni parece querer, desprenderse. Y Etsuko la transporta a aquel tiempo, cuando era una joven embarazada para, paulatinamente, quedar ambas mujeres entrelazadas por los recuerdos de una y otra. Hay verdades sin voz y que, de pronto, estallan violentamente, hay heridas familiares que cuesta cicatrizar y hay, por encima de todo, el impacto imperecedero de la guerra, de cualquier guerra, en la memoria.. Era difícil volcar en el cine una obra tan frágil, tan sutil, lo que ha conseguido en buena parte Ishikawa, cuya cinta, como el libro que adapta, está envuelto por esa capa fina pero persistente de duelo y dolor que quizá un día pueda curar el tiempo. O una pálida, muy pálida luz.. Lo mejor: El respeto y sensibilidad con que el director ha realizado esta adaptación. Lo peor: Es una película de ritmo pausado, lo que a ciertos espectadores quizá les cueste
Noticias de cultura en La Razón
