Para cualquier aficionado al cine de ciencia-ficción, “Turno de noche” no puede resultar más prometedora, no solo porque su arranque rinde homenaje a una de las secuencias más inquietantes (la del pueblo fantasma en medio del desierto) de “La amenaza de Andrómeda”, un clásico del género, sino también porque nos hace creer que lo que sigue podría jugar en la liga del Larry Cohen de “The Stuff” o del Ellory Elkayem de “Arac Attack”. Es decir, “Turno de noche” tiene los genes de la mejor y más descarada serie B: por eso nos fastidia tanto que, al final, resulte tan rutinaria.. Cuando el Skylab cruzó la órbita terrestre en su viaje de vuelta en 1979, traía consigo a un octavo pasajero de comprobada letalidad, un hongo que sabían colonizar a su huésped pudriendo su carne y controlando su voluntad para obligarlo a expandirse como la pólvora. Huelga decir que el cambio climático y la torpeza humana desclasifican a semejante asesino biológico en un almacén remoto, poniendo en bandeja de plata un apocalipsis fúngico y purulento.. Lamentablemente, el guion de David Koepp no aprovecha la situación para hacer leña del árbol caído del gobierno americano, y tampoco sabe sacar punta ni de la supuesta química de los protagonistas, ni del cinismo crepuscular del ‘solucionador’ de turno (Liam Neeson), ni del carisma casual de los secundarios (un ex inoportuno, una panda de ladrones moteros). Tampoco los distintos niveles del espacio del almacén estimulan la creatividad visual del director, que nos hace añorar la estética zombilúdica de los “Resident Evil” de P.W.S. Anderson.. Lo mejor:. La escena inicial, feliz homenaje al clásico de Robert Wise, “La amenaza de Andrómeda”.. Lo peor:. Desaprovecha la oportunidad de recuperar el espíritu de la serie B más gamberra.
Dirección: Jonny Campbell. Guion: David Koepp. Intérpretes: Joe Keery, Georgina Campbell, Liam Neeson, Lesley Manville, Sosie Bacon. Estados Unidos, 2026. Duración: 99 minutos. Comedia.
Para cualquier aficionado al cine de ciencia-ficción, “Turno de noche” no puede resultar más prometedora, no solo porque su arranque rinde homenaje a una de las secuencias más inquietantes (la del pueblo fantasma en medio del desierto) de “La amenaza de Andrómeda”, un clásico del género, sino también porque nos hace creer que lo que sigue podría jugar en la liga del Larry Cohen de “The Stuff” o del Ellory Elkayem de “Arac Attack”. Es decir, “Turno de noche” tiene los genes de la mejor y más descarada serie B: por eso nos fastidia tanto que, al final, resulte tan rutinaria.. Cuando el Skylab cruzó la órbita terrestre en su viaje de vuelta en 1979, traía consigo a un octavo pasajero de comprobada letalidad, un hongo que sabían colonizar a su huésped pudriendo su carne y controlando su voluntad para obligarlo a expandirse como la pólvora. Huelga decir que el cambio climático y la torpeza humana desclasifican a semejante asesino biológico en un almacén remoto, poniendo en bandeja de plata un apocalipsis fúngico y purulento.. Lamentablemente, el guion de David Koepp no aprovecha la situación para hacer leña del árbol caído del gobierno americano, y tampoco sabe sacar punta ni de la supuesta química de los protagonistas, ni del cinismo crepuscular del ‘solucionador’ de turno (Liam Neeson), ni del carisma casual de los secundarios (un ex inoportuno, una panda de ladrones moteros). Tampoco los distintos niveles del espacio del almacén estimulan la creatividad visual del director, que nos hace añorar la estética zombilúdica de los “Resident Evil” de P.W.S. Anderson.. Lo mejor:. La escena inicial, feliz homenaje al clásico de Robert Wise, “La amenaza de Andrómeda”.. Lo peor:. Desaprovecha la oportunidad de recuperar el espíritu de la serie B más gamberra.
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