Hay un contraste interesante entre la evolución del Ejército y la Justicia a lo largo de los últimos 50 años. Ambos forman parte del núcleo duro del Estado y durante los años de la Transición quedaron al margen del cambio político. La democracia los heredó de la dictadura anterior sin apenas modificaciones. El Ejército se ha modernizado eficazmente, mientras que la justicia sigue arrastrando problemas serios.Seguir leyendo
Nuestros jueces recurren al derecho europeo como recurso último en su lucha encarnizada contra los líderes independentistas
Hay un contraste interesante entre la evolución del Ejército y la Justicia a lo largo de los últimos 50 años. Ambos forman parte del núcleo duro del Estado y durante los años de la Transición quedaron al margen del cambio político. La democracia los heredó de la dictadura anterior sin apenas modificaciones. El Ejército se ha modernizado eficazmente, mientras que la justicia sigue arrastrando problemas serios.La modernización del Ejército es resultado de las reformas introducidas por el ministro Narcís Serra en la etapa de Felipe González y de la apertura hacia el exterior. Frente al Ejército franquista, cuya principal misión era defender la dictadura y mantener el orden en el interior del país, el Ejército de la democracia se integró en la OTAN y ha participado en numerosas maniobras internacionales y misiones de paz. La internacionalización ha sido decisiva para superar muchos de los vicios de una institución que venía muy contaminada por el pasado. Hoy nadie percibe al Ejército como una amenaza para la democracia. Más bien, se lo asocia con un cuerpo profesional y fuertemente implicado en misiones en el extranjero.El contraste con la Justicia resulta interesante. Mientras que el Ejército ha cambiado profundamente, la judicatura continúa presa de múltiples problemas que erosionan su prestigio y legitimidad. Las recientes encuestas de 40dB. e Ipsos son un recordatorio importante, aunque el problema viene de atrás. En las encuestas sobre servicios públicos del CIS, la Justicia aparece con valoraciones muy bajas desde hace años. En el Eurobarómetro, la encuesta europea, España sale en los últimos puestos en cuanto a percepción de independencia judicial. En 2017, cuando se preguntó por primera vez a los jueces de los países de la UE, fueron los propios jueces españoles quienes mostraron, con gran diferencia con respecto a sus colegas europeos, el mayor grado de acuerdo con la afirmación de que “la promoción de los jueces no depende de capacidad y experiencia” (entendiéndose que la alternativa son las conexiones, personales o políticas).El derecho, por su propia naturaleza, tiene un componente fuertemente nacional, por lo que su internacionalización resulta más compleja que la del Ejército. La interacción de los jueces españoles con sus colegas europeos es muy limitada. No hay suficiente aprendizaje ni adaptación a lo que se hace en otros países o en los tribunales supranacionales. Esto afecta a la calidad de la argumentación jurídica: basta comparar el estilo y el rigor de las sentencias de esos tribunales con las de nuestro Tribunal Supremo. Aquí sigue rigiendo un estilo prolijo, con frases largas, construcciones tortuosas e inferencias poco fundamentadas que dan mucho margen a los jueces para vestir jurídicamente sus prejuicios. Cuando el objeto de la deliberación jurídica es político, estos problemas se agrandan, pues muchos ciudadanos no quedan convencidos de que los jueces dejen de lado
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