Aunque sepamos que la historia no se repite y que las circunstancias siempre son otras, es inevitable leer el pasado como espejo del presente, intentar comprender cómo pudo ocurrir lo que ocurrió y establecer paralelismos con lo que sucede ahora. Victor Klemperer era un brillante filólogo alemán que, conforme Hitler se iba haciendo con el poder, fue tomando notas para un ensayo excepcional que analiza tanto los giros lingüísticos de lo que pronto empezaría a denominarse Tercer Reich, como su difusión y normalización entre la ciudadanía; pero, al mismo tiempo, escribió un diario clandestino por su condición de judío en el que explicó minuciosamente cómo se institucionalizó el terror nazi. Mihail Sebastian era un escritor rumano también de ascendencia hebrea, aunque del todo secularizado, y en su extraordinario diario, que abarca desde 1935 a 1944, contó el modo en que el fascismo antisemita se fue extendiendo en su país incluso entre amigos como Cioran o Mircea Eliade.Seguir leyendo
Quién escribirá las palizas de Torre Pacheco o la incertidumbre de muchas familias ante el infame acuerdo del PP con Vox
tribunaArtículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las tribunas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordadoQuién escribirá las palizas de Torre Pacheco o la incertidumbre de muchas familias ante el infame acuerdo del PP con VoxEl audio de esta noticia utiliza una voz sintética generada por Inteligencia Artificial y podría tener algunas inconsistencias.Varios jóvenes con palos y rostros tapados se disponen a enfrentarse a la policía en Torre Pacheco (Murcia), en julio de 2025.ALFONSO DURÁNAunque sepamos que la historia no se repite y que las circunstancias siempre son otras, es inevitable leer el pasado como espejo del presente, intentar comprender cómo pudo ocurrir lo que ocurrió y establecer paralelismos con lo que sucede ahora. Victor Klemperer era un brillante filólogo alemán que, conforme Hitler se iba haciendo con el poder, fue tomando notas para un ensayo excepcional que analiza tanto los giros lingüísticos de lo que pronto empezaría a denominarse Tercer Reich, como su difusión y normalización entre la ciudadanía; pero, al mismo tiempo, escribió un diario clandestino por su condición de judío en el que explicó minuciosamente cómo se institucionalizó el terror nazi. Mihail Sebastian era un escritor rumano también de ascendencia hebrea, aunque del todo secularizado, y en su extraordinario diario, que abarca desde 1935 a 1944, contó el modo en que el fascismo antisemita se fue extendiendo en su país incluso entre amigos como Cioran o Mircea Eliade.Tanto Klemperer como Sebastian dieron testimonio, con una lucidez a medio camino entre el horror y cierta ironía atónita, de cómo los partidos conservadores democráticos fueron acercándose a los ultras que acabaron fagocitándolos. Aunque no en el caso de Klemperer ni de Mihail Sebastian, muchos intelectuales y artistas judíos emigraron a Estados Unidos y se asentaron en aquella tierra nueva, con una mezcla de ímpetu optimista hacia el provenir y de melancolía inconsolable por el mundo perdido. Es lo que cuentan las novelas de Isaac Bashevis Singer o Henry Roth, mientras que Saul Bellow, que pertenecía ya casi a una segunda generación, robusteció la dignidad judía de ser norteamericano de pleno derecho sin perder de vista la pervivencia del antisemitismo. Simultáneamente, escritores como James Baldwin o músicos como Miles Davis trataban de luchar por la igualdad racial y los derechos civiles tras comprobar que eran tratados mejor en París que en su país de nacimiento.Cuando Philip Roth publicó La conjura contra América, que era una novela en la qu
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