No había manera de encontrar el balón para sacar de banda en el Arsenal – Atlético de Madrid y el reloj corría, agónico e inexorable, hacia el minuto cinco de añadido. El partido se consumía en balones que no se encontraban, jugadores en la banda y la rabia y el dolor y la pena de Simeone, que hacía gestos como de echar a alguien, sin poder hacer nada más, porque en los noventa minutos anteriores el Arsenal había marcado un gol y el Atlético, no. Ahí estaba la final.. El Arsenal es un grande del fútbol, un clásico, pero que no tiene la Copa de Europa y casi no se ha acercado. La única final la jugó hace 20 años contra el Barcelona: se adelantó en el marcador, pero Eto’o y Belletti remontaron el partido para que el conjunto azulgrana sumara su segundo trofeo.. Aburrido Arsenal. Este mayo, el Arsenal, dirigido por un entrenador español, tendrá su segunda oportunidad de entrar en el club de los elegidos. Hace 20 años lo entrenaba Wenger, el técnico francés que cambió la cultura del club. El Arsenal era famoso en Inglaterra por su estilo tan pragmático que la broma era cantarle «boring, boring Arsenal» cuando jugaba como visitante. Si podía ganar los encuentros por un gol a cero, pues mejor que mejor. «One nil to the Arsenal» («Uno a cero para el Arsenal») cantaba su afición más fiel, la que aguantaba los partidos con estoicismo en aquellos años 70 y 80 del fútbol inglés, tan violento y tan cerrado.. Para ganar al Atlético, el Arsenal disparó cuatro veces a puerta en los dos encuentros disputados: dos en Madrid (y una de penalti), dos en Londres. El Atlético remató dos veces a puerta en el Emirates, pero cinco en el Metropolitano. En cuartos, contra el Sporting de Lisboa, ganó 1-0 en la ida y empató a cero en la vuelta. No ha necesitado más el equipo de Mikel Arteta, el entrenador español que empezó con Pep Guardiola en el Manchester City como ayudante, que está muy cerca de ganar la Premier y que ya ha igualado la final de Wenger.. Y ha conseguido volver a las esencias de aquel Arsenal pre-Wenger, el aburrido, queremos decir, el pragmático.
El conjunto de Mikel Arteta ha sacado a relucir su pragmatismo más radical para llegar a la final de la Champions
No había manera de encontrar el balón para sacar de banda en el Arsenal – Atlético de Madrid y el reloj corría, agónico e inexorable, hacia el minuto cinco de añadido. El partido se consumía en balones que no se encontraban, jugadores en la banda y la rabia y el dolor y la pena de Simeone, que hacía gestos como de echar a alguien, sin poder hacer nada más, porque en los noventa minutos anteriores el Arsenal había marcado un gol y el Atlético, no. Ahí estaba la final.. El Arsenal es un grande del fútbol, un clásico, pero que no tiene la Copa de Europa y casi no se ha acercado. La única final la jugó hace 20 años contra el Barcelona: se adelantó en el marcador, pero Eto’o y Belletti remontaron el partido para que el conjunto azulgrana sumara su segundo trofeo.. Aburrido Arsenal. Este mayo, el Arsenal, dirigido por un entrenador español, tendrá su segunda oportunidad de entrar en el club de los elegidos. Hace 20 años lo entrenaba Wenger, el técnico francés que cambió la cultura del club. El Arsenal era famoso en Inglaterra por su estilo tan pragmático que la broma era cantarle «boring, boring Arsenal» cuando jugaba como visitante. Si podía ganar los encuentros por un gol a cero, pues mejor que mejor. «One nil to the Arsenal» («Uno a cero para el Arsenal») cantaba su afición más fiel, la que aguantaba los partidos con estoicismo en aquellos años 70 y 80 del fútbol inglés, tan violento y tan cerrado.. Para ganar al Atlético, el Arsenal disparó cuatro veces a puerta en los dos encuentros disputados: dos en Madrid (y una de penalti), dos en Londres. El Atlético remató dos veces a puerta en el Emirates, pero cinco en el Metropolitano. No ha necesitado más el equipo de Mikel Arteta, el entrenador español que empezó con Pep Guardiola en el Manchester City como ayudante, que está muy cerca de ganar la Premier y que ya ha igualado la final de Wenger.. Y ha conseguido volver a las esencias de aquel Arsenal pre-Wenger, el aburrido, queremos decir, el pragmático.
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