Cuando Keir Starmer se convirtió en 2024 en el nuevo inquilino de 10 Downing Street, en Gales confiaban en que su victoria reforzara la alianza en el poder entre Cardiff y Londres. Pero la impopularidad del primer ministro ha dibujado una realidad muy distinta, mucho más dramática para una formación que, por primera vez en más de un siglo, puede perder su hegemonía.. El laborismo galés ha sido, hasta ahora, la máquina electoral más exitosa del mundo democrático: ha quedado primero en Gales en todas las elecciones generales desde 1922 y en todas las elecciones autonómicas desde la creación del Parlamento galés en 1999. Sin embargo, en las elecciones al Senedd Cymru del próximo jueves, todo apunta a que esa racha histórica llegará a su fin.. El desplome del Labour ha dejado un vacío y hasta sus votantes más fieles están emigrando hacia extremos opuestos del espectro político. Los nacionalistas de Plaid Cymru y la derecha radical de Reform UK, liderada por Nigel Farage, aparecen empatados en las últimas encuestas.. La derrota, de confirmarse, se sumaría al varapalo que los sondeos también pronostican para los laboristas en las elecciones locales de Inglaterra y en los comicios al Parlamento escocés, que se celebran igualmente este jueves. Un triple revés que ha disparado las conspiraciones internas sobre una posible moción de confianza contra el todavía jefe de Gobierno.. 96 escaños en juego en Gales. Tras la reforma aprobada en la pasada legislatura, los escaños en juego en Gales han pasado de 60 a 96, acercando así el tamaño del Senedd al del parlamento escocés, con 129 diputados, y la Asamblea de Irlanda del Norte, con 90 miembros. Las proyecciones sugieren que, mientras los laboristas podrían caer hasta la tercera posición con apenas 12 escaños, Reform UK podría hacerse con 37, frente a los 36 de Plaid Cymru. Ninguno alcanzaría, sin embargo, la mayoría absoluta.. En teoría, los nacionalistas podrían intentar una coalición con laboristas y verdes para articular una alternativa progresista, aunque la entrada del Labour en un acuerdo formal parece, a día de hoy, poco probable. Ese escenario convierte estos comicios en una cita «trascendental», según Laura McAllister, profesora de políticas públicas en Cardiff University.. Tener a fuerzas separatistas gobernando por primera vez en las tres naciones descentralizadas —Plaid Cymru en el Senedd Cymru, el Scottish National Party en el Parlamento escocés y Sinn Féin en Irlanda del Norte— significaría que quien ocupe el Número 10 de Downing Street en los próximos años tendrá una batalla constitucional entre manos.. 14 años de Gobiernos conservadores. Los galeses emprendieron el proceso de descentralización con más cautela que Escocia e Irlanda del Norte, y unos poderes inicialmente muy limitados lastraron a las administraciones de Cardiff Bay desde el principio. Sus defensores sostienen que el laborismo resistió 14 años de Gobiernos conservadores en Westminster, protegiendo los servicios públicos del impacto de la austeridad, el Brexit y la pandemia.. Pero, tras 27 años de autogobierno, Gales ha quedado rezagado respecto al resto de naciones británicas en indicadores clave. Alrededor del 20% de los pacientes del NHS galés tienen que esperar más de un año para recibir tratamiento hospitalario, frente al 4% en Inglaterra. Las competencias de lectura, matemáticas y ciencias de los escolares galeses cayeron en 2024 a los niveles más bajos registrados por la OCDE entre las cuatro naciones del Reino Unido.. Según la Joseph Rowntree Foundation, más de una de cada cinco personas en Gales vive en la pobreza, y la proporción de quienes se encuentran en pobreza severa aumentó del 33% en los años noventa al 47% en 2023. Al presentar el manifiesto del partido para el Senedd Cymru, la primera ministra galesa, Eluned Morgan, admitió: «Creo que tenemos que ser honestos sobre dónde está la gente. Todos lo habéis escuchado en la calle… La gente tiene razón al esperar más, y comparto vuestra impaciencia. Vuestro deseo de cambio es también el mío».. Un electorado agotado. Nacida en Cardiff, Morgan es afable y cercana; pincha música como DJ en las fiestas de los congresos y tiene facilidad para hacer reír. Ha dedicado buena parte de su carrera política a defender la descentralización y mayores poderes para Gales. Pero la incapacidad de su partido para ofrecer resultados con la rapidez que exige un electorado agotado podría acabar costándole incluso su escaño.. El mandato plagado de escándalos de su predecesor, Vaughan Gething —que apenas ocupó el cargo durante cuatro meses en 2024— fue profundamente dañino: desgarró al partido por dentro y alejó a muchos votantes.. Se esperaba que la llegada de Starmer a 10 Downing Street cambiara esa dinámica. Pero ocurrió justo lo contrario. Su Gobierno ha salvado empleos en Tata Steel en Port Talbot, ha decidido que la primera central nuclear modular pequeña del país se construirá en Ynys Môn y ha dado pasos para corregir la histórica infrafinanciación de la red ferroviaria galesa. Sin embargo, la intervención de Westminster no ha frenado el precipitado declive de la rama galesa del partido. Hasta el punto de que el nombre de Starmer no aparece ni una sola vez en el manifiesto electoral.
Cuando Keir Starmer se convirtió en 2024 en el nuevo inquilino de 10 Downing Street, en Gales confiaban en que su victoria reforzara la alianza en el poder entre Cardiff y Londres. Pero la impopularidad del primer ministro ha dibujado una realidad muy distinta, mucho más dramática para una formación que, por primera vez en más de un siglo, puede perder su hegemonía.. El laborismo galés ha sido, hasta ahora, la máquina electoral más exitosa del mundo democrático: ha quedado primero en Gales en todas las elecciones generales desde 1922 y en todas las elecciones autonómicas desde la creación del Parlamento galés en 1999. Sin embargo, en las elecciones al Senedd Cymru del próximo jueves, todo apunta a que esa racha histórica llegará a su fin.. El desplome del Labour ha dejado un vacío y hasta sus votantes más fieles están emigrando hacia extremos opuestos del espectro político. Los nacionalistas de Plaid Cymru y la derecha radical de Reform UK, liderada por Nigel Farage, aparecen empatados en las últimas encuestas.. La derrota, de confirmarse, se sumaría al varapalo que los sondeos también pronostican para los laboristas en las elecciones locales de Inglaterra y en los comicios al Parlamento escocés, que se celebran igualmente este jueves. Un triple revés que ha disparado las conspiraciones internas sobre una posible moción de confianza contra el todavía jefe de Gobierno.. 96 escaños en juego en Gales. Tras la reforma aprobada en la pasada legislatura, los escaños en juego en Gales han pasado de 60 a 96, acercando así el tamaño del Senedd al del parlamento escocés, con 129 diputados, y la Asamblea de Irlanda del Norte, con 90 miembros. Las proyecciones sugieren que, mientras los laboristas podrían caer hasta la tercera posición con apenas 12 escaños, Reform UK podría hacerse con 37, frente a los 36 de Plaid Cymru. Ninguno alcanzaría, sin embargo, la mayoría absoluta.. En teoría, los nacionalistas podrían intentar una coalición con laboristas y verdes para articular una alternativa progresista, aunque la entrada del Labour en un acuerdo formal parece, a día de hoy, poco probable. Ese escenario convierte estos comicios en una cita «trascendental», según Laura McAllister, profesora de políticas públicas en Cardiff University.. Tener a fuerzas separatistas gobernando por primera vez en las tres naciones descentralizadas —Plaid Cymru en el Senedd Cymru, el Scottish National Party en el Parlamento escocés y Sinn Féin en Irlanda del Norte— significaría que quien ocupe el Número 10 de Downing Street en los próximos años tendrá una batalla constitucional entre manos.. 14 años de Gobiernos conservadores. Los galeses emprendieron el proceso de descentralización con más cautela que Escocia e Irlanda del Norte, y unos poderes inicialmente muy limitados lastraron a las administraciones de Cardiff Bay desde el principio. Sus defensores sostienen que el laborismo resistió 14 años de Gobiernos conservadores en Westminster, protegiendo los servicios públicos del impacto de la austeridad, el Brexit y la pandemia.. Pero, tras 27 años de autogobierno, Gales ha quedado rezagado respecto al resto de naciones británicas en indicadores clave. Alrededor del 20% de los pacientes del NHS galés tienen que esperar más de un año para recibir tratamiento hospitalario, frente al 4% en Inglaterra. Las competencias de lectura, matemáticas y ciencias de los escolares galeses cayeron en 2024 a los niveles más bajos registrados por la OCDE entre las cuatro naciones del Reino Unido.. Según la Joseph Rowntree Foundation, más de una de cada cinco personas en Gales vive en la pobreza, y la proporción de quienes se encuentran en pobreza severa aumentó del 33% en los años noventa al 47% en 2023. Al presentar el manifiesto del partido para el Senedd Cymru, la primera ministra galesa, Eluned Morgan, admitió: «Creo que tenemos que ser honestos sobre dónde está la gente. Todos lo habéis escuchado en la calle… La gente tiene razón al esperar más, y comparto vuestra impaciencia. Vuestro deseo de cambio es también el mío».. Un electorado agotado. Nacida en Cardiff, Morgan es afable y cercana; pincha música como DJ en las fiestas de los congresos y tiene facilidad para hacer reír. Ha dedicado buena parte de su carrera política a defender la descentralización y mayores poderes para Gales. Pero la incapacidad de su partido para ofrecer resultados con la rapidez que exige un electorado agotado podría acabar costándole incluso su escaño.. El mandato plagado de escándalos de su predecesor, Vaughan Gething —que apenas ocupó el cargo durante cuatro meses en 2024— fue profundamente dañino: desgarró al partido por dentro y alejó a muchos votantes.. Se esperaba que la llegada de Starmer a 10 Downing Street cambiara esa dinámica. Pero ocurrió justo lo contrario. Su Gobierno ha salvado empleos en Tata Steel en Port Talbot, ha decidido que la primera central nuclear modular pequeña del país se construirá en Ynys Môn y ha dado pasos para corregir la histórica infrafinanciación de la red ferroviaria galesa. Sin embargo, la intervención de Westminster no ha frenado el precipitado declive de la rama galesa del partido. Hasta el punto de que el nombre de Starmer no aparece ni una sola vez en el manifiesto electoral.
La derrota, de confirmarse, se sumaría al varapalo que los sondeos también pronostican para los laboristas en las elecciones locales de Inglaterra y en los comicios al Parlamento escocés
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