El domingo 27 de septiembre, cuando las primeras tiendas de campaña de la madrileña Puerta del Sol no llevaban ni 24 horas levantadas, Aitana Sánchez-Gijón visitó la acampada naciente. Repartió kilos de plátanos y empanadas a los jóvenes que no pensaban moverse de ahí en los próximos días. Saludó a su hijo mayor, el cantante Teo Lucadamo, quien había pernoctado con ellos. Grabó un vídeo para sus redes sociales: “Si estáis por Madrid, en vuestras ciudades, organizaos, acampad y haceos oír. Todas y todos juntos creo que podemos conseguir grandes cosas”, pidió a sus seguidores. Y se fue a trabajar, a Alcalá de Henares, donde esos días representaba la obra Malquerida, actualmente de gira. Mientras actuaba, el vídeo se viralizó y su visita se convirtió en uno de los momentos más comentados de aquel primer día de acampada. Lo que estaba sucediendo en Sol, esa rabia acumulada, no era solo cosa de jóvenes.. Seguir leyendo
El domingo 27 de septiembre, cuando las primeras tiendas de campaña de la madrileña Puerta del Sol no llevaban ni 24 horas levantadas, Aitana Sánchez-Gijón visitó la acampada naciente. Repartió kilos de plátanos y empanadas a los jóvenes que no pensaban moverse de ahí en los próximos días. Saludó a su hijo mayor, el cantante Teo Lucadamo, quien había pernoctado con ellos. Grabó un vídeo para sus redes sociales: “Si estáis por Madrid, en vuestras ciudades, organizaos, acampad y haceos oír. Todas y todos juntos creo que podemos conseguir grandes cosas”, pidió a sus seguidores. Y se fue a trabajar, a Alcalá de Henares, donde esos días representaba la obra Malquerida, actualmente de gira. Mientras actuaba, el vídeo se viralizó y su visita se convirtió en uno de los momentos más comentados de aquel primer día de acampada. Lo que estaba sucediendo en Sol, esa rabia acumulada, no era solo cosa de jóvenes. Seguir leyendo
Aitana Sánchez-Gijón: “Ya están aquí. Censurando, denunciando, ganando. Y nos lo estamos comiendo” | EL PAÍS Semanal | EL PAÍSIr al contenido
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Tras su éxito internacional en el cine y consolidarse como una inagotable actriz teatral, Aitana Sánchez-Gijón regresa más fuerte que nunca gracias a sus trabajos con Almodóvar y a una arraigada mirada social. Fue de las primeras en visitar la acampada contra la crisis de la vivienda en la Puerta del Sol: “Era una cuestión de responsabilidad ciudadana”
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El domingo 27 de septiembre, cuando las primeras tiendas de campaña de la madrileña Puerta del Sol no llevaban ni 24 horas levantadas, Aitana Sánchez-Gijón visitó la acampada naciente. Repartió kilos de plátanos y empanadas a los jóvenes que no pensaban moverse de ahí en los próximos días. Saludó a su hijo mayor, el cantante Teo Lucadamo, quien había pernoctado con ellos. Grabó un vídeo para sus redes sociales: “Si estáis por Madrid, en vuestras ciudades, organizaos, acampad y haceos oír. Todas y todos juntos creo que podemos conseguir grandes cosas”, pidió a sus seguidores. Y se fue a trabajar, a Alcalá de Henares, donde esos días representaba la obra Malquerida, actualmente de gira. Mientras actuaba, el vídeo se viralizó y su visita se convirtió en uno de los momentos más comentados de aquel primer día de acampada. Lo que estaba sucediendo en Sol, esa rabia acumulada, no era solo cosa de jóvenes.
Fue solo una anécdota entre todo lo que vendría después, y ella misma se cuidó de no sobredimensionarla. Pero hay una imagen poderosa en ella, la reconfortante estampa de una gran dama del teatro remangada en las calles, su celebridad al servicio de la ciudadanía, que no había ido para solidarizarse con los problemas de otros sino a participar, a ser una más. “Es una cuestión de responsablidad ciudadana”, aduce. “Este es un problema nacional. Los jóvenes igual duermen en una tienda de campaña sin sufrir tanto como los que ya nos duelen los huesos, eso sí lo pueden hacer ellos, pero el reclamo es de todos”. Cuenta también que se acordó de sus visitas al 15-M —“ese mismo espíritu, esa misma ilusión”—, otra de las varias veces que ha dado la cara por la ciudadanía. Aunque esta vez la acción fue parecida, el aplauso que recibió a cambio no lo fue.
Entrevista con Aitana Sánchez-Gijón
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Entrevista con Aitana Sánchez-Gijón
Aitana Sánchez-Gijón (Roma, 57 años) está últimamente en otro nivel. Para casi todo el mundo, esto significa el pico de popularidad que atraviesa en los últimos cinco años o así, más o menos desde que Almodóvar la trajo de vuelta al cine, con un papel secundario pero memorable en Madres paralelas (2021), y fue nominada al Goya por primera vez en cuatro décadas de carrera: de repente, el rostro de siempre, el que tan bien conocemos del teatro, la televisión y algunas películas, parecía iluminado por otra luz, el muy favorable foco de la gran dama, la veterana cuya presencia dignifica los escenarios que pisa. Significa también que Sánchez-Gijón es madre de los veinteañeros Teo y Bruna Lucadamo, cantante el primero y actriz la segunda, quienes en los últimos tres años han ido amasando sus propias legiones de fans, y a través de los cuales una nueva generación de personas nacidas en el siglo XXI lo tiene fácil para conectar con ella (y los que no, la habrán descubierto por Respira, la serie del creador de Élite en Netflix que ella protagoniza desde 2024). Significa que el año pasado recibió el Goya de Honor en reconocimiento a toda su trayectoria, la persona más joven en recibirlo, y la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes, y desde entonces el perfil elevado del que empezaba a disfrutar se sustenta no solo en su trabajo sino en su persona. Significa que sus dos visitas a La revuelta, en febrero de 2025 y marzo de 2026, han dado intervenciones virales, sobre todo aquella en la que habló con orgullo de la bisexualidad de su hija. Significa que esa popularidad ha crecido tanto estos años que, cuando este marzo la prensa del corazón reveló que tenía un romance con un actor un par de décadas más joven que ella, su gestión del revuelo mediático —unos reporteros del corazón la asaltaron en la calle y ella les espetó, con estupor patricio: “Pero ¿de qué vais? ¿Quiénes sois vosotros? Tengo una función que hacer”— fue casi más celebrada y recordada que la noticia en sí. Significa que este año ha vuelto a Almodóvar, con otro personaje secundario pero quizá el más importante de toda Amarga Navidad,por el cual, y por todo esto, no sería descabellado plantearse que podría por fin ganar, y no solo recibir, el premio Goya.

Significa, en fin, que en este país se reserva un lugar especial, y muy cálido, para los supervivientes, los y las profesionales que siempre han estado ahí, conocidos públicamente solo por su trabajo, por décadas y décadas de muy buen trabajo, un lugar hecho de la autoridad de la experiencia y el cariño de la nostalgia, donde en su día estuvieron Marisa Paredes, Pilar Bardem o incluso Rosa Maria Sardà, y ella empieza a encontrarse en él.
Eso para casi todos. Para ella, sin embargo, estar últimamente en otro nivel significa dos frases: “Ahora me gusta relacionarme contigo de adulta a adulta, mamá. La relación cambiará pero el vínculo se refuerza”. Las escribió Bruna, en una carta que le entregó a su madre muy recientemente, el día que se independizó. La hija pequeña ahora es una mujer adulta. “Me pasé llorando hasta las cuatro de la madrugada; una carta de una hermosura y una inteligencia emocional que yo digo: ya está. Ya está. Lo hemos hecho bien”, se derrite ella. “Si estos hijos míos tienen estas herramientas y tienen el corazón tan abierto y tan esponjoso, tan lleno de amor… ya está”.

Decir que Aitana Sánchez-Gijón está en cualquier otro momento que no sea este sería faltar a la verdad. En la próxima hora, esta mujer va a hablar de Almodóvar, Vargas Llosa, la prensa del corazón, de Naomi Klein o Gramsci, pero en ningún momento se ilumina tanto como cuando habla de sus hijos. No hay épica mediática posible, no hay personaje público, esta es una mujer que se mueve por Madrid en metro, y esa es la clave.
La independencia de Bruna, el verse de repente en el nido vacío (Teo se independizó en 2021, con 20 años), ha coincidido además con la muerte de su propia madre, a finales de abril, lo cual da buena cuenta de qué contrapesos mueven este momento. Los explica a la vez: “Nos hemos ido hace nada a cerrar la casa de mi madre: le dije a mis hijos que era muy importante que me acompañaran y se han organizado y han venido los dos conmigo, cinco días, porque sabían que era importante para mí. Cuando tus hijos te devuelven algo y lo verbalizan o lo demuestran con actos…”. Quizá esto sea lo que hay detrás de todo lo otro, lo que empieza a atraer de ella, esta capacidad de reflejar el paso de los años, la vida en su doloroso esplendor, con las cosas bien atadas. La idea de que la vida se puede afrontar. Lo que nos da una gran dama.

Lo demás lo tiende a relativizar, incluso lo que otros venderían como trascendental. Esta ola de popularidad, por ejemplo. “Bueno, es algo con lo que ya he convivido cuando era más joven. Ahora me pilla más madura. Ya sabemos que esta profesión es muy cíclica, ya he vivido el estar en el foco, en lo más alto, y que luego venga una época más tranquila, momentos de apuro, no hacer exactamente lo que me apetece, incluso no estar del todo bien económicamente. Esto de ahora: maravilla. Pero te pilla distinto. Ya está, ¿sabes?”.
Durante una época en los años noventa, cuando Sánchez-Gijón iba por los veintipico, fue la estrella del momento. Había apuntado maneras a los 21, en la adaptación cinematográfica de la obra Bajarse al moro, dirigida por Fernando Colomo y estrenada en 1989; en 1995, la versión televisiva de La regenta, de Fernando Méndez-Leite, la terminó de catapultar. De repente estaba protagonizando los grandes éxitos del cine español, a las órdenes de Bigas Lunas (La camarera del Titanic, Volavérunt), Manuel Gómez Pereira (Boca a boca) o Pilar Miró (El pájaro de la felicidad). De repente estaba en Hollywood, rodando con Keanu Reeves y Anthony Quinn Un paseo por las nubes (1995), o El maquinista (2004) con Christian Bale.

Luego el cine hizo lo que el cine hace siempre: dejar de llamar. Pero ella tenía lo suyo, el teatro, que llevaba haciendo toda la vida. Incluso en 1995, su época más solicitada en platós, fundó una compañía y financió una producción de Dulce pájaro de juventud junto a Carmelo Gómez. Sin el sambenito de estrella, resultó ser una actriz de cuerpo entero y no de primeros planos; de tablas y contacto con el público. El teatro resultó un gran refugio. “Más que un refugio”, alerta ella. “Ha sido y es el lugar donde siento el trabajo de actriz con más plenitud, más dueña de lo que hago. Es donde me llegan sin parar, o yo puedo generar, si me lo propongo, proyectos en los que hay personajes de una dimensión brutal que rara vez me ocurren en cine. Con Pedro, sí, he trabajado estas dos veces, son personajazos, pero son secundarios. En teatro son mujeres más grandes que la vida, mujeres que atraviesan”.

Su cara (¡esos pómulos!) ha sido la de Hécuba o Medea, el nuevo aliento de las palabras de Ibsen, Tennessee Williams, Jean Genet o Yasmina Reza, la que se recorre el país en una gira u otra, la que ha actuado incluso junto a Mario Vargas Llosa en varias ocasiones, La verdad de las mentiras en 2005, Penélope y Odiseo en 2006 y en 2015, en Los cuentos de la peste (el premio Nobel escribiría después un relato donde sale ella). Con los años fue desarrollando el tipo de profundidad que solo tienen las actrices de largo recorrido. Cuando Almodóvar la llamó para Madres paralelas, la cámara recogió esa cosa honda y empezó el hallazgo. (En Amarga Navidad, se potenció este rasgo e incluso se apoyó en la experiencia teatral de la actriz: ella y Leonardo Sbaraglia ensayaron durante cuatro semanas la escena final de la historia, una tremenda batalla dialéctica de ocho minutos y medio, como si fuera una obra: “Sentíamos que estábamos al borde de un precipicio”, resume hoy ella. Es el momento más celebrado de la película).

Como es ciudadana, es política cuando siente que toca. Como cualquier otro ciudadano, pero también un poco de forma distinta a los demás. Por Ángel.
—Por todo esto que te cuento, todo lo que me recuerda los momentos de infancia últimamente me remueve mucho.
Ángel Sánchez-Gijón tenía reputación de ser un hombre muy leído y, según la prensa de la época, muy atractivo. Gaditano, catedrático de Historia y militante del Partido Comunista, abandonó la España franquista en los años cincuenta. Se afincó en Italia, se hizo amigo de Rafael Alberti, como tantos progresistas españoles, y sus críticas a la dictadura fueron tan conocidas que, durante un viaje a la Península a principios de los años sesenta, fue detenido y encarcelado. Volvió a Roma al recuperar la libertad, conoció en 1967 a Fiorella de Angelis, profesora de Ciencias y Matemáticas, y se casó. En 1968 nació su hija, a quien llamaron Aitana porque ese nombre encerraba mucho de esta historia, también la nuestra. Era el de su madrina, Aitana Alberti, hija de Rafael, y ella lo había recibido porque, al exiliarse el poeta, a bordo de un avión que volaba de Alicante a Argel, el último trozo de tierra española que vio fue eso, la sierra de Aitana en el faro interior de la Costa Blanca.
En 1969 se mudaron a Madrid. En 1976, Aitana Sánchez-Gijón entró en una escuela de teatro infantil. Decidió que lo suyo sería eso y nunca cambió de opinión. A los 13 años ingresó en una compañía de teatro. En 1986, debutaba en televisión, en Segunda enseñanza, junto a Javier Bardem, Héctor Alterio, Maribel Verdú, Jorge Sanz o Ana Torrent. En febrero de 2007, Ángel Sánchez-Gijón murió. Tenía 73 años. En una mano sostenía una novela policiaca de Henning Mankell. Sobre el regazo, el diario EL PAÍS.

—¿Piensa mucho en su padre viendo las noticias?
—Sí, y pienso que menos mal que ya no está aquí. [Pausa, como sorprendida por lo que acaba de decir] Es horrible pensarlo. Es… muy duro pensarlo.
Prolonga la pausa y se le escapa un sollozo. Ha tocado hueso. “Por otro lado, él era historiador y tenía siempre una perspectiva, lo miraba todo desde fuera. Pero yo no sé si hubiera podido soportar todo esto. Sentir que todo lo que has hecho, por lo que has sacrificado tantas cosas, todo lo que te pasa factura en muchos momentos se va a la mierda…”. Hueso de nuevo. Pausa. “Soy eso que decía Gramsci, pesimista en el pensamiento y optimista en la acción. Lo mínimo que puedo hacer es levantar la voz, ser altavoz de cosas en las que creo como ciudadana, votar. Formar parte de la deuda de la democracia, aunque a veces me pueda el desaliento. Gestos pequeños, quizás simbólicos, pero es una manera de estar en el mundo. No votar en blanco nunca, por ejemplo”.

—¿El mundo derechizado de ahora se le hace muy remoto o, por el contrario, le recuerda al de su infancia?
—Estoy muy asustada. Cuanto más avanzamos el despropósito de la derechización de la sociedad, de nuestros políticos, del fascismo rampante, te das cuenta de lo frágil que es todo. Damos por sentadas las conquistas cuando no es verdad, están siempre en el filo de la navaja. Estamos perdiendo. Ya hemos perdido posiciones y derechos en otros países de manera muy clara —el aborto en Estados Unidos—; estamos viviendo un genocidio a la vista del mundo entero y no pasa nada. Y me da miedo que el miedo me paralice. Lo contaba Naomi Klein en La doctrina del shock: te van sacudiendo de una manera caótica, absurda, desprejuiciada, y van colocando a la sociedad en un estado de shock.
Vuelve al teatro, lo suyo. Un monólogo: Una noche sin luna, que Juan Diego Botto escenificó en 2021 y 2026. En él, el actor interpreta a Lorca, pero durante los primeros minutos juega al engaño y anuncia que la función debe cancelarse porque ha sido censurada. “Al principio, la reacción del público a diario era casi como de revolución. La gente indignada, gritando… Esta segunda vez, lo comentaba con Juan, la respuesta del público era como [silencio] encogidos en el asiento. Cinco años después, el público, ante la posibilidad de que se esté censurando la palabra de Federico García Lorca, no se levanta para hacer la revolución. Ya están aquí. Ya está pasando. Ya están denunciando. Ya están ganando y están censurando. Y nos lo estamos comiendo”.

“Pero al mismo tiempo, uno quiere ser feliz y no pensar en las catástrofes que le rodean y entonces, bueno, cierras los ojos. Pienso en [la relatora especial de las Naciones Unidas para los territorios palestinos ocupados] Francesca Albanese, una de las mujeres que más admiro en este planeta, cómo después de dar una conferencia nos lleva al karaoke a cantar hits. La última derrota sería que pudieran con nuestra alegría de vivir”.
El miércoles 23 de septiembre, Maricarmen Abascal fue desahuciada de su piso en la calle del Alcalde Sainz de Baranda, en Madrid. Teo Lucadamo, muy nieto de abuelo, fue a Sol, como tantos otros, a la manifestación de aquel día 26 (entre las pancartas, perfectamente podría haber estado aquella vieja frase, “Estoy cansada de no saber dónde morirme”, de María Teresa de León, buena amiga de Ángel). Se quedó a dormir en la acampada. Aitana Sánchez-Gijón, hija de su padre, fue al día siguiente —un gesto pequeño, quizás simbólico, pero una manera de estar en el mundo—, una mujer más en la plaza, una estrella en la plaza.
EQUIPO
Estilismo: Beatriz Machado
Maquillaje y peluquería: Alba Esteban (TEN Agency)
Manicura: Lucero Hurtado para OPI
Producción: Cristina Serrano
Asistentes de fotografía: Maitane Huidobro y Ayub El Kadmiri
Asistente de estilismo: Paloma Gutiérrez
Asistente de producción: Marina Marco
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