Hay una costumbre que se ha ido imponiendo sin que casi nadie se haya dado cuenta. Los relojes inteligentes llevan ya años monitorizando el sueño, la frecuencia cardíaca y el rendimiento deportivo de millones de personas, por lo que muchos usuarios han dejado de quitárselos. Para dormir, para ducharse, para entrenar… los llevan a todas horas. Los modelos más recientes aguantan semanas sin carga y resisten el agua, por lo que es más fácil todavía el hecho de no tener que quitárselos de la muñeca. No obstante, los dermatólogos llevan tiempo advirtiendo de que esa costumbre tiene un precio que conviene conocer. El problema empieza en el espacio que queda entre la correa y la piel. Ahí se acumula sudor, humedad, restos de suciedad y calor, un entorno que favorece la proliferación de bacterias y hongos. La Dra. Leire Barrutia, especialista en dermatología, ha explicado en varias ocasiones que estas reacciones suelen responder a una dermatitis irritativa de contacto, a una dermatitis alérgica de contacto o, directamente, a una infección fúngica o bacteriana derivada de esa humedad. Los síntomas más habituales: enrojecimiento, picazón, sensación de ardor y la aparición de pequeñas erupciones Los síntomas más habituales son enrojecimiento, picazón, sensación de ardor y la aparición de pequeñas erupciones justo en la zona cubierta por la correa. Por su parte, una correa demasiado ajustada impide que la humedad se disipe y multiplica el roce sobre la piel. Pero llevarla demasiado suelta tampoco resuelve el problema: el reloj se mueve constantemente y genera una irritación continua. Lo ideal, según los especialistas, es aquel que permite que circule el aire pero mantiene el dispositivo estable sobre la muñeca. En cualquier caso, lo que está claro es que no quitárselo en todo el día, y menos aún durante días seguidos, convierte ese espacio en un lugar perfecto para infecciones como la foliculitis, una inflamación de los folículos pilosos que en los casos más graves puede generar pus y requerir tratamiento médico. El material de la correa también es de suma importancia. Un estudio publicado en la revista Environmental Science & Technology Letters advirtió de que muchas correas de relojes inteligentes y de fitness, incluidas las que se anuncian como de fluoroelastómero, contienen compuestos PFAS, conocidos como químicos eternos por su resistencia a degradarse. Lo mejor: quitarse el reloj con mucha regularidad La Sociedad Química Estadounidense alertó de que estas sustancias, pensadas para repeler la suciedad y el sudor, podrían atravesar la piel con el uso habitual. A eso se suma la presencia de níquel en algunos acabados metálicos, uno de los alérgenos más frecuentes en dermatología, que puede desencadenar erupciones en personas con sensibilidad a ese metal. Es por eso que los expertos apuntan a que lo mejor es quitarse el reloj con regularidad. En particular, después de hacer deporte o de cual
El espacio entre la correa y la muñeca acumula sudor, humedad y restos de suciedad, un entorno que favorece la aparición de dermatitis, foliculitis e infecciones fúngicas con el uso continuado del dispositivo
Hay una costumbre que se ha ido imponiendo sin que casi nadie se haya dado cuenta. Los relojes inteligentes llevan ya años monitorizando el sueño, la frecuencia cardíaca y el rendimiento deportivo de millones de personas, por lo que muchos usuarios han dejado de quitárselos. Para dormir, para ducharse, para entrenar… los llevan a todas horas.Los modelos más recientes aguantan semanas sin carga y resisten el agua, por lo que es más fácil todavía el hecho de no tener que quitárselos de la muñeca. No obstante, los dermatólogos llevan tiempo advirtiendo de que esa costumbre tiene un precio que conviene conocer.El problema empieza en el espacio que queda entre la correa y la piel. Ahí se acumula sudor, humedad, restos de suciedad y calor, un entorno que favorece la proliferación de bacterias y hongos. La Dra. Leire Barrutia, especialista en dermatología, ha explicado en varias ocasiones que estas reacciones suelen responder a una dermatitis irritativa de contacto, a una dermatitis alérgica de contacto o, directamente, a una infección fúngica o bacteriana derivada de esa humedad. Los síntomas más habituales: enrojecimiento, picazón, sensación de ardor y la aparición de pequeñas erupcionesLos síntomas más habituales son enrojecimiento, picazón, sensación de ardor y la aparición de pequeñas erupciones justo en la zona cubierta por la correa.Por su parte, una correa demasiado ajustada impide que la humedad se disipe y multiplica el roce sobre la piel. Pero llevarla demasiado suelta tampoco resuelve el problema: el reloj se mueve constantemente y genera una irritación continua.Lo ideal, según los especialistas, es aquel que permite que circule el aire pero mantiene el dispositivo estable sobre la muñeca. En cualquier caso, lo que está claro es que no quitárselo en todo el día, y menos aún durante días seguidos, convierte ese espacio en un lugar perfecto para infecciones como la foliculitis, una inflamación de los folículos pilosos que en los casos más graves puede generar pus y requerir tratamiento médico.El material de la correa también es de suma importancia. Un estudio publicado en la revista Environmental Science & Technology Letters advirtió de que muchas correas de relojes inteligentes y de fitness, incluidas las que se anuncian como de fluoroelastómero, contienen compuestos PFAS, conocidos como químicos eternos por su resistencia a degradarse.Lo mejor: quitarse el reloj con mucha regularidadLa Sociedad Química Estadounidense alertó de que estas sustancias, pensadas para repeler la suciedad y el sudor, podrían atravesar la piel con el uso habitual. A eso se suma la presencia de níquel en algunos acabados metálicos, uno de los alérgenos más frecuentes en dermatología, que puede desencadenar erupciones en personas con sensibilidad a ese metal.Es por eso que los expertos apuntan a que lo mejor es quitarse el reloj con regularidad. En particular, después de hacer deporte o d
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