La imagen clásica del cazafortunas—una mujer joven que busca a un hombre mayor y adinerado— no refleja la realidad. Un estudio del Instituto de Ciencias del Comportamiento y Sociales de Viena revela que tanto hombres como mujeres pueden adoptar estrategias de pareja basadas en el interés económico, y que este comportamiento está más relacionado con ciertos rasgos de personalidad que con el género.. Los investigadores encuestaron a 351 personas sobre sus preferencias románticas y su orientación hacia relaciones íntimas o materialistas. El análisis mostró que el cazafortnuas no consiste simplemente en valorar la estabilidad económica, sino en priorizar el dinero por encima del vínculo emocional, una estrategia que los autores califican como “exploitativa”. El estudio, publicado en la revista académica internacional Personality and Individual Differences, señala que esta conducta aparece en ambos sexos, aunque con matices.. Rasgos de personalidad asociados al interés económico. Los participantes que mostraban mayor inclinación hacia relaciones basadas en beneficios materiales puntuaban más alto en psicopatía, un rasgo vinculado a impulsividad y falta de empatía. En el caso de las mujeres, el patrón incluía además narcisismo, tendencias sadísticas y una mayor afinidad por ideologías conservadoras. Entre los hombres, los investigadores advierten de un perfil particular: los llamados “performative males”, hombres que proyectan una imagen de sensibilidad, progresismo o empatía para resultar más atractivos, pero que podrían ocultar motivaciones económicas.. El estudio también detecta que los cazafortunas —independientemente del sexo— tienden a vivir en grandes ciudades, donde las dinámicas sociales y económicas favorecen relaciones más transaccionales. Además, son más frecuentes entre estudiantes, un grupo que a menudo atraviesa etapas de inestabilidad económica.. La investigación parte de una premisa cultural muy arraigada, la idea de que el interés económico en las relaciones es un rasgo femenino. Pero los datos muestran que esta visión es incompleta. Según el autor principal, Lennart Freyth, si esta es una estrategia humana, es lógico que hombres y mujeres puedan recurrir a ella, aunque en proporciones distintas.. Cómo identificar una relación basada en el interés. Los investigadores señalan que no se trata de desconfiar de cualquier preferencia por la estabilidad económica, sino de reconocer patrones donde el dinero se convierte en el eje central de la relación. Freyth recomienda prestar atención a señales como la búsqueda constante de parejas con alto estatus, la evitación sistemática de personas con menos recursos o la presencia de comportamientos manipuladores.. En los últimos años, numerosas mujeres han denunciado en plataformas digitales que “los verdaderos cazafortunas son los hombres”, una percepción que el estudio no confirma, pero sí matiza: el interés económico no es exclusivo de un sexo, sino un comportamiento que puede aparecer en cualquier persona con determinados rasgos de personalidad
La investigación consultó a 351 personas sobre sus preferencias románticas y su orientación hacia relaciones íntimas o materialistas
La imagen clásica del cazafortunas—una mujer joven que busca a un hombre mayor y adinerado— no refleja la realidad. Un estudio del Instituto de Ciencias del Comportamiento y Sociales de Viena revela que tanto hombres como mujeres pueden adoptar estrategias de pareja basadas en el interés económico, y que este comportamiento está más relacionado con ciertos rasgos de personalidad que con el género.. Los investigadores encuestaron a 351 personas sobre sus preferencias románticas y su orientación hacia relaciones íntimas o materialistas. El análisis mostró que el cazafortnuas no consiste simplemente en valorar la estabilidad económica, sino en priorizar el dinero por encima del vínculo emocional, una estrategia que los autores califican como “exploitativa”. El estudio, publicado en la revista académica internacionalPersonality and Individual Differences, señala que esta conducta aparece en ambos sexos, aunque con matices.. Rasgos de personalidad asociados al interés económico. Los participantes que mostraban mayor inclinación hacia relaciones basadas en beneficios materiales puntuaban más alto en psicopatía, un rasgo vinculado a impulsividad y falta de empatía. En el caso de las mujeres, el patrón incluía además narcisismo, tendencias sadísticas y una mayor afinidad por ideologías conservadoras. Entre los hombres, los investigadores advierten de un perfil particular: los llamados “performative males”, hombres que proyectan una imagen de sensibilidad, progresismo o empatía para resultar más atractivos, pero que podrían ocultar motivaciones económicas.. El estudio también detecta que los cazafortunas —independientemente del sexo— tienden a vivir en grandes ciudades, donde las dinámicas sociales y económicas favorecen relaciones más transaccionales. Además, son más frecuentes entre estudiantes, un grupo que a menudo atraviesa etapas de inestabilidad económica.. La investigación parte de una premisa cultural muy arraigada, la idea de que el interés económico en las relaciones es un rasgo femenino. Pero los datos muestran que esta visión es incompleta. Según el autor principal, Lennart Freyth, si esta es una estrategia humana, es lógico que hombres y mujeres puedan recurrir a ella, aunque en proporciones distintas.. Cómo identificar una relación basada en el interés. Los investigadores señalan que no se trata de desconfiar de cualquier preferencia por la estabilidad económica, sino de reconocer patrones donde el dinero se convierte en el eje central de la relación. Freyth recomienda prestar atención a señales como la búsqueda constante de parejas con alto estatus, la evitación sistemática de personas con menos recursos o la presencia de comportamientos manipuladores.. En los últimos años, numerosas mujeres han denunciado en plataformas digitales que “los verdaderos cazafortunas son los hombres”, una percepción que el estudio no confirma, pero sí matiza: el interés económico no es exclusivo de un sexo, sino un comportamiento que puede aparecer en cualquier persona con determinados rasgos de personalidad
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