Cuando una madre o un padre deja por primera vez a su hijo o a su hija en una escuela infantil, le suele preocupar, por este orden, tres cosas: si ha llorado, si ha comido y si ha dormido. Desprenderse de tu hijo para dejarlo en un lugar desconocido del que apenas se sabe nada es un shock para las vidas de muchas familias, especialmente durante el mes de septiembre, el conocido como mes de adaptación. En Madrid, poder acceder a una escuela infantil pública es un privilegio al que casi nadie puede acceder: solo el 13% de las solicitudes logran un “admitido” en las listas. Que alguien te llame para darte la noticia de que se te ha concedido una plaza es siempre motivo de felicidad.. Seguir leyendo
Las lluvias vuelven a producir el caos en el centro, cuyo deterioro llevan denunciando padres y trabajadoras más de cuatro años a la Consejería de Educación, que no ofrece soluciones
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Cuando una madre o un padre deja por primera vez a su hijo o a su hija en una escuela infantil, le suele preocupar, por este orden, tres cosas: si ha llorado, si ha comido y si ha dormido. Desprenderse de tu hijo para dejarlo en un lugar desconocido del que apenas se sabe nada es un shock para las vidas de muchas familias, especialmente durante el mes de septiembre, el conocido como mes de adaptación. En Madrid, poder acceder a una escuela infantil pública es un privilegio al que casi nadie puede acceder: solo el 13% de las solicitudes logran un “admitido” en las listas. Que alguien te llame para darte la noticia de que se te ha concedido una plaza es siempre motivo de felicidad.. Sin embargo, en la escuela infantil El Encinar —de gestión directa de la Comunidad de Madrid—, en el distrito de Ciudad Lineal y a pocos metros de la calle Arturo Soria, es difícil encontrar un mínimo atisbo de felicidad. Cuando el tiempo es amable, el edificio se muestra bonito, luminoso, acogedor. Pero cuando aparece la lluvia o el calor, las paredes revelan su verdadero ser: unas entrañas carcomidas por la falta de mantenimiento, unas aulas húmedas como el interior de una cueva por donde el agua campa a sus anchas y las techos que comienzan a desprenderse después de casi un lustro de denuncias y quejas por parte de las familias.. View this post on Instagram. El martes, con el primer día de lluvia, El Encinar se convirtió en la escuela infantil de los horrores. El caso es que no fueron lluvias intensas, solo moderadas: en la capital cayeron 14 litros por metro cuadrado, aviso amarillo, el mínimo. Pero dentro del centro, el agua caía directamente del techo. “Quizá fuera el día más grave, pero a nadie le pilló por sorpresa”, cuenta Sandra López, de 37 años, madre de una niña de dos. En el Encinar hay un aula que, según cuentan los padres, está inhabilitada por filtraciones desde hace cuatro cursos. No se utiliza ese espacio, pero sí uno colindante separado por una cortina donde los niños juegan y duermen la siesta.. Cuando llueve, escuchan las gotas caer a pocos metros de ellos. La zona de office y la cocina también tienen daños en las paredes e incluso azulejos desprendidos desde hace tiempo. “La Comunidad de Madrid no ha hecho absolutamente nada. Esta situación penosa está más que denunciada, son perfectamente conocedores de lo que sucede. No han dado ni una capa de pintura. Licitaron una obra una vez, pero el presupuesto era tan bajo que ninguna empresa quiso hacerse cargo y no se llevó a cabo”, cuenta Miriam Carabias, miembro de comité de empresa y de Comisiones Obreras de la FSC.. Pasadas las tres de la tarde del martes, el agua comenzó a colarse no solo por el aula clausurada, sino por dos más. Las trabajadoras, a las que la consejería ha presionado —de acuerdo a los testimonios de las familias y los miembros del comité de empresa— para que no hagan declaraciones sobre lo que sucede de puertas para dentro, empezaron a colocar lo que buenamente encontraban a su alrededor debajo de las goteras, como cubos de fregona o pequeños areneros de plástico con forma de tortuga que los niños utilizan para jugar. Los pequeños, de entre 0 y 3 años, fueron reubicados a la carrera por los pasillos o el hall.. El ‘office’ de la escuela, lleno de humedades y goteras en una imagen cedida por las familias.. A partir de esa hora, los padres empezaron a llegar para recoger a sus hijos. Todo se desmadró cuando, al entrar, algunos como Sandra comprobaron que las trabajadoras vivían momentos de “desesperación” y que la escuela “se inundaba literalmente”. Varios padres empezaron a sacar sus móviles para grabar lo que estaba sucediendo y denunciarlo por los grupos de WhatsApp.. “Mis hijas estaban tan histéricas como yo pidiéndome que no fuera a la lluvia. Cuando llueve saben que esta escuela es un lugar hostil para ellas”, dice Sandra. “Era un descontrol, no me podía imaginar lo que estábamos viendo. Se supone que los traes para que estén en un lugar seguro y agradable mientras tú trabajas. Duermen, literalmente, rodeados de humedad. Es como un monstruo que saben que está detrás de la cortina”, añade Helena Martín, otra madre de 33 años. “Esta escuela sale adelante por las profesionales que tenemos, que se parten el lomo por nuestros hijos”, destaca Sandra.. Los daños causados por la lluvia han provocado que ahora sean tres de las seis aulas del centro las que están cerradas e inutilizadas. La escuela informó a las familias que lo mejor sería no llevar a los niños al día siguiente. El resultado fue que de los cerca de 65 niños que hay en El Encinar, apenas 12 acudieron el miércoles. Allí se presentaron también 12 miembros de la DAT (Direccionales del Área Territorial) para comprobar los daños. A representantes del comité de empresa se les negó el acceso a las instalaciones.. Estos miembros de la DAT también prohibieron a las trabajadoras grabar más vídeos y mucho menos compartirlos con las familias. La consejería afirma que “debido a las intensas tormentas registradas el pasado martes en la región, se produjeron filtraciones de agua en algunas estancias de la escuela infantil El Encinar, de titularidad de la Comunidad de Madrid”. “La escuela está funcionando con total normalidad, se han reubicado algunas clases en las zonas no afectadas y los técnicos de la Consejería de Educación visitaron a primera hora del miércoles las instalaciones para evaluar la situación y proceder de manera inmediata a realizar las reparaciones necesarias”, añade.. Dos trabajadoras de la limpieza friegan los platos en el patio de la escuela.. En un primer momento, la propuesta fue ubicar a los niños en una capilla que hay en la residencia infantil El Encinar, con la que comparten recinto. Las educadoras se negaron en rotundo porque no es un espacio acondicionado como aula. La solución de la DAT es que pasaran el día en el patio a partir de ahora. Como el office también está fuera de servicio, las trabajadoras de la limpieza han recibido la orden de fregar los platos con mangueras en el patio.. “Lo que ha entrado no es el agua, ha entrado la negligencia y el desprecio a los ciudadanos, en este caso a los ciudadanos más pequeños “, opina José Soriano, delegado de CSIT, frente a las puertas del Encinar. En algunas imágenes que han podido grabar nuevamente las familias pueden verse los pasillos como un compendio de cosas amontonadas, entre ellas decenas de botellas de agua mineral. En El Encinar el agua del grifo lleva años con sabor a tubería y las trabajadoras no se fían de que sea potable. Hay casos de niños y niñas, como la hija de Sandra, que entraron con un año y, al marcharse cursos después, no supieron a qué sabía el agua del Encinar más allá de la que llueve del techo.
