A veces, obtener menor rentabilidad puede ser la mejor forma de optimizar los retornos. Especialmente si hablamos del mercado high yield, donde, actualmente, las rentabilidades se sitúan en niveles ajustados en torno al 7% en dólares y al 5,5% en euros y cerca del punto de equilibrio si se materializa un ciclo de impagos.Seguir leyendo
El miedo podría llevar a abandonar bonos de compañías que, pese a las dificultades, terminarán sobreviviendo
A veces, obtener menor rentabilidad puede ser la mejor forma de optimizar los retornos. Especialmente si hablamos del mercado high yield, donde, actualmente, las rentabilidades se sitúan en niveles ajustados en torno al 7% en dólares y al 5,5% en euros y cerca del punto de equilibrio si se materializa un ciclo de impagos.Lo que suele ocurrir en este punto es que aumentan los impagos y, ante esa posibilidad, los inversores exigen mayores rentabilidades, ampliando los diferenciales de crédito. En este entorno, los bonos que parecen más atractivos únicamente por ofrecer las rentabilidades más elevadas suelen ser también los que sufren las mayores caídas. Por el contrario, los bonos con calificación BB tienden a registrar menores tasas de impago y, en consecuencia, menores pérdidas de valoración. Una situación que exige una postura prudente.Pero ¿por qué podrían subir los impagos?Las perspectivas de beneficios empresariales siguen siendo razonablemente positivas y el crecimiento económico estadounidense continúa mostrando cierta solidez. Sin embargo, el aumento de los precios de la energía ha afectado a todos los sectores económicos, lo que podría lastrar directamente al crecimiento europeo.Además, existe la posibilidad de que se desinfle la actual burbuja asociada a la inteligencia artificial, lo que podría incrementar los costes de financiación en los mercados. Y es que el entusiasmo en torno a la IA está estrechamente ligado a la financiación de centros de datos, donde compañías con calificaciones propias del mercado high yield han conseguido acceder a capital para proyectos que requieren inversiones en infraestructuras sin precedentes y cuyos ingresos futuros siguen siendo inciertos. Esta situación recuerda, en cierta medida, a los excesos de financiación observados durante la burbuja tecnológica de las puntocom a comienzos de siglo.Incluso si las valoraciones relacionadas con la inteligencia artificial no corrigieran significativamente, la irrupción de herramientas de programación de bajo coste también está alterando profundamente el sector del software; una tendencia que ya se ha trasladado al crédito privado y al mercado de préstamos apalancados, tradicionalmente considerado más seguro. Aunque todavía existe incertidumbre sobre cómo evolucionarán las tasas de impago en este sector, el temor de los inversores podría provocar una caída de los precios de los bonos con calificación B y encarecer considerablemente su refinanciación.Una situación muy concentrada en determinados segmentosPese a este entorno, nuestro escenario central contempla una economía global con un crecimiento más reducido durante los próximos años. Sin embargo, salvo que se produzca una corrección significativa en las valoraciones de las grandes compañías tecnológicas conocidas como las Siete Magníficas, no esperamos una recesión global.Esto implica que los impagos probablemente aumentarán, pero de forma muy concentrada en
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