Ojo al dato: durante la secuencia de créditos de “Supergirl”, Krypto aprovecha para levantar la pata y orinar sobre una noticia que celebra que Superman ha vuelto a salvar el mundo. Se supone que nos lo tenemos que tomar como una declaración de principios por parte del productor James Gunn, que parece haberse planteado la resurrección de la DC Comics bajo el influjo de la irreverencia, aunque, visto el resultado, habríamos preferido una propuesta más clásica. En la versión de 1984, dirigida por Jeanott Szwarc y protagonizada por Helen Slater con alma de ‘exploit’ tardío, la ingenuidad con minifalda era la norma, tal vez intentando emular los orígenes del personaje, allá por 1959, cuando había que combatir la Guerra Fría con nuevas dosis de vitalidad triunfalista y patriótica. Ahora, en tiempos tan descreídos como los nuestros, la prima de Superman tarda más de una hora en probarse su traje, y pasea su cinismo de bar en bar intergaláctico entre chupitos cósmicos y peleas garrulas antes de meterse en el papel de superheroína responsable. La presunta originalidad del enfoque es transformar el imaginario de Supergirl en una suerte de híbrido entre “Guardianes de la galaxia”, la estética postapocalíptica de “Mad Max” y la cantina de Mos Eisley en el planeta Tattoine de “Star Wars”. Superman aparece en pantallas o en flashbacks, igual que la ciudad de Metrópolis, no sabemos si porque Gunn tiene esperanzas de abrir una nueva franquicia con la película o por refutar el código identitario de un personaje que ya nació con el sambenito del sucedáneo. En cualquier caso, el resultado es lamentablemente contradictorio: por un lado, la operación de renovación es hortera y vulgar, y se impone a Supergirl sin asomo de coherencia, y por otro, su presunta audacia no es tal cuando, argumentalmente, incurre en los mismos tópicos de siempre (con venganza incluida), es tediosa y previsible, y presenta un villano decepcionante (¿qué se hizo de aquel actor tan prometedor, Matthias Schoenaerts?). Lo mejor: Que el final devuelve a Supergirl al lugar (la Tierra) de dónde nunca debería haber salido. Lo peor: El inconsistente collage de su imaginario estético y la desgana que contagia el conjunto.
Dirección: Craig Gillespie. Guion: Oren Uziel, Ana Nogueira (cómic de Tom King). Intérpretes: Milly Alcock, David Corenswet, Eve Ridley, Matthias Schoenaerts. Estados Unidos, 2026. Duración: 110 minutos. Ciencia ficción.
Ojo al dato: durante la secuencia de créditos de “Supergirl”, Krypto aprovecha para levantar la pata y orinar sobre una noticia que celebra que Superman ha vuelto a salvar el mundo. Se supone que nos lo tenemos que tomar como una declaración de principios por parte del productor James Gunn, que parece haberse planteado la resurrección de la DC Comics bajo el influjo de la irreverencia, aunque, visto el resultado, habríamos preferido una propuesta más clásica. En la versión de 1984, dirigida por Jeanott Szwarc y protagonizada por Helen Slater con alma de ‘exploit’ tardío, la ingenuidad con minifalda era la norma, tal vez intentando emular los orígenes del personaje, allá por 1959, cuando había que combatir la Guerra Fría con nuevas dosis de vitalidad triunfalista y patriótica. Ahora, en tiempos tan descreídos como los nuestros, la prima de Superman tarda más de una hora en probarse su traje, y pasea su cinismo de bar en bar intergaláctico entre chupitos cósmicos y peleas garrulas antes de meterse en el papel de superheroína responsable.La presunta originalidad del enfoque es transformar el imaginario de Supergirl en una suerte de híbrido entre “Guardianes de la galaxia”, la estética postapocalíptica de “Mad Max” y la cantina de Mos Eisley en el planeta Tattoine de “Star Wars”. Superman aparece en pantallas o en flashbacks, igual que la ciudad de Metrópolis, no sabemos si porque Gunn tiene esperanzas de abrir una nueva franquicia con la película o por refutar el código identitario de un personaje que ya nació con el sambenito del sucedáneo. En cualquier caso, el resultado es lamentablemente contradictorio: por un lado, la operación de renovación es hortera y vulgar, y se impone a Supergirl sin asomo de coherencia, y por otro, su presunta audacia no es tal cuando, argumentalmente, incurre en los mismos tópicos de siempre (con venganza incluida), es tediosa y previsible, y presenta un villano decepcionante (¿qué se hizo de aquel actor tan prometedor, Matthias Schoenaerts?).Lo mejor: Que el final devuelve a Supergirl al lugar (la Tierra) de dónde nunca debería haber salido.Lo peor: El inconsistente collage de su imaginario estético y la desgana que contagia el conjunto.
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