Las fiestas de San Fermín cuentan con un nuevo enfoque divulgativo que traslada las tradiciones de las calles de la capital navarra al terreno del análisis empírico. El Museo de Ciencias de la Universidad de Navarra ha presentado de forma oficial el proyecto titulado «La ciencia en blanco y rojo», una propuesta de divulgación urbana integrada por nueve carteles informativos distribuidos por los puntos estratégicos de Pamplona. La campaña cuenta con el respaldo institucional de la Fundación Caja Navarra, el Ayuntamiento de Pamplona y la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, buscando demostrar que cualquier manifestación popular es idónea para la explicación de los fenómenos científicos. La mesa de trabajo de este proyecto ha reunido a un equipo multidisciplinar compuesto por historiadores, biólogos, químicos, físicos y especialistas en literatura. El director del Museo de Ciencias, Ignacio López-Goñi, ha destacado en la presentación que la investigación abarca desde el estudio analítico de la pólvora del chupinazo del 6 de julio, donde una combinación exacta de 25 gramos de nitrato de potasio, carbón vegetal y azufre propulsa el cohete a 500 metros de altura generando 133 decibelios, hasta el comportamiento de las multitudes en la plaza Consistorial, detectando que la masa humana realiza movimientos oscilatorios sincrónicos cada 18 segundos, un dato clave para la prevención de accidentes. El apartado de la física aplicada al encierro desvela la simetría de velocidades que se registra sobre los adoquines del recorrido. Los estudios técnicos demuestran que las reses bravas alcanzan una velocidad media de 25 kilómetros por hora, mientras que los corredores más experimentados se desplazan entre los 20 y los 22 kilómetros por hora, obligando a los mozos a emplear la inteligencia estratégica para sobrevivir en el recorrido. El informe pormenorizado destaca que cuando aumenta la densidad de la aglomeración ante un obstáculo, el instinto empuja a acelerar en lugar de aminorar la marcha, provocando los montones y las caídas colectivas. La investigación biológica dedicada al comportamiento del toro de lidia desmitifica de forma tajante una de las creencias más extendidas de la fiesta popular. Las conclusiones de los expertos confirman que los astados no perciben el color rojo de las telas ni de los pañuelos, respondiendo únicamente al estímulo visual del movimiento debido a una estructura ocular diseñada evolutivamente para la detección de depredadores. Asimismo, el estudio científico constata la existencia de un punto ciego de visión ubicado de forma exacta justo al frente de la cabeza del animal, precisamente en el eje de colocación donde los profesionales de la tauromaquia ejecutan las suertes. La muestra urbana se complementa con carteles específicos orientados a la física de la comparsa de gigantes, la neurología de la música y la historia literaria. El equilibrio de las figuras de los
La iniciativa «La ciencia en blanco y rojo» divulga a través de nueve carteles en Pamplona los secretos físicos, químicos y biológicos de las fiestas
Las fiestas de San Fermín cuentan con un nuevo enfoque divulgativo que traslada las tradiciones de las calles de la capital navarra al terreno del análisis empírico. El Museo de Ciencias de la Universidad de Navarra ha presentado de forma oficial el proyecto titulado «La ciencia en blanco y rojo», una propuesta de divulgación urbana integrada por nueve carteles informativos distribuidos por los puntos estratégicos de Pamplona. La campaña cuenta con el respaldo institucional de la Fundación Caja Navarra, el Ayuntamiento de Pamplona y la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, buscando demostrar que cualquier manifestación popular es idónea para la explicación de los fenómenos científicos.La mesa de trabajo de este proyecto ha reunido a un equipo multidisciplinar compuesto por historiadores, biólogos, químicos, físicos y especialistas en literatura. El director del Museo de Ciencias, Ignacio López-Goñi, ha destacado en la presentación que la investigación abarca desde el estudio analítico de la pólvora del chupinazo del 6 de julio, donde una combinación exacta de 25 gramos de nitrato de potasio, carbón vegetal y azufre propulsa el cohete a 500 metros de altura generando 133 decibelios, hasta el comportamiento de las multitudes en la plaza Consistorial, detectando que la masa humana realiza movimientos oscilatorios sincrónicos cada 18 segundos, un dato clave para la prevención de accidentes.El apartado de la física aplicada al encierro desvela la simetría de velocidades que se registra sobre los adoquines del recorrido. Los estudios técnicos demuestran que las reses bravas alcanzan una velocidad media de 25 kilómetros por hora, mientras que los corredores más experimentados se desplazan entre los 20 y los 22 kilómetros por hora, obligando a los mozos a emplear la inteligencia estratégica para sobrevivir en el recorrido. El informe pormenorizado destaca que cuando aumenta la densidad de la aglomeración ante un obstáculo, el instinto empuja a acelerar en lugar de aminorar la marcha, provocando los montones y las caídas colectivas.La investigación biológica dedicada al comportamiento del toro de lidia desmitifica de forma tajante una de las creencias más extendidas de la fiesta popular. Las conclusiones de los expertos confirman que los astados no perciben el color rojo de las telas ni de los pañuelos, respondiendo únicamente al estímulo visual del movimiento debido a una estructura ocular diseñada evolutivamente para la detección de depredadores. Asimismo, el estudio científico constata la existencia de un punto ciego de visión ubicado de forma exacta justo al frente de la cabeza del animal, precisamente en el eje de colocación donde los profesionales de la tauromaquia ejecutan las suertes.La muestra urbana se complementa con carteles específicos orientados a la física de la comparsa de gigantes, la neurología de la música y la historia literaria. El equilibrio de las figuras de los giga
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