Skip to content
Crónica Actual
  domingo 26 abril 2026
  • Titulares
  • Ciencia
    • Tecnología
  • Cultura
    • Libros
    • Música
    • Teatro
    • Arte
  • Televisión y Cine
  • Deportes
    • Fútbol
    • Motor
    • Baloncesto
  • Internacional
  • España
    • Madrid
    • Andalucía
    • Galicia
    • Comunidad de Valencia
    • Castilla La-Mancha
    • Castilla y León
    • Región de Murcia
    • Cataluña
  • Economía
  • Más
    • Gente
    • Sociedad
    • Opinión
Tendencias
26 de abril de 2026El delegado del Gobierno dice que no hay imágenes del robo en el Arqueológico de Badajoz 26 de abril de 2026Los rebeldes matan al ministro de Defensa de Mali mientras prosiguen los combates 26 de abril de 2026Yair Lapid forma nueva coalición para desbancar a Netanyahu en las próximas elecciones 26 de abril de 2026Última hora del intento de atentado contra Trump, en directo: El Reino Unido mantiene el viaje del rey Carlos III a EE UU, pendiente de ajustes de seguridad 26 de abril de 2026Cuatro patas que guían 26 de abril de 2026Descubren una hormona vegetal que reduce hasta un 70% el rajado en cítricos 26 de abril de 2026Laura Escanes revela, 4 años después de su ruptura, su verdadera opinión de su relación con Risto Mejide: «Me mentía en la cara» 26 de abril de 2026Muere la ‘influencer’ KlaudiaGlam tras ser atropellada por una concursante de ‘X Factor’ 26 de abril de 2026La profesión más peligrosa del mundo: los presidentes de EEUU que han estado en el punto de mira de un asesino 26 de abril de 2026El comentado vídeo de Miguel Ángel Silvestre, sin camiseta y a caballo, en Colombia
Crónica Actual
Crónica Actual
  • Titulares
  • Ciencia
    • Tecnología
  • Cultura
    • Libros
    • Música
    • Teatro
    • Arte
  • Televisión y Cine
  • Deportes
    • Fútbol
    • Motor
    • Baloncesto
  • Internacional
  • España
    • Madrid
    • Andalucía
    • Galicia
    • Comunidad de Valencia
    • Castilla La-Mancha
    • Castilla y León
    • Región de Murcia
    • Cataluña
  • Economía
  • Más
    • Gente
    • Sociedad
    • Opinión
Crónica Actual
  Cultura  El secreto inconfesable de Napoleón
Cultura

El secreto inconfesable de Napoleón

18 de enero de 2026
FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail

Jaffa (actual Israel), marzo de 1799. Napoleón cruzó entonces una línea que ya no podía desandar. El viento del Mediterráneo traía un olor espeso, dulzón. No era sal. Era muerte.. Napoleón Bonaparte llevaba semanas avanzando hacia el norte desde Egipto. Su ejército, aislado tras la destrucción de la flota en Abukir, marchaba como un animal herido: sin refuerzos, con suministros escasos, hostigado por tribus y por el Imperio otomano, que ya se preparaba para aplastarlo. La campaña de Siria no era una aventura gloriosa; era una huida hacia delante.. Jaffa se alzaba ante él como una necesidad estratégica. Tomarla significaba abrir camino hacia Acre. No tomarla, quedar atrapado. El asalto fue brutal. Las murallas cedieron. La ciudad cayó. Y entonces llegó el primer dilema. Miles de prisioneros otomanos fueron concentrados fuera de la ciudad. Muchos de ellos eran los mismos hombres capturados semanas antes en El-Arish. Habían jurado no volver a combatir… y estaban allí, armados de nuevo, mirándole ahora desde el suelo, derrotados por segunda vez. Napoleón los observó en silencio. No tenía víveres para alimentarlos. No tenía hombres para escoltarlos. Liberarlos significaba encontrarlos otra vez, quizá mañana, apuntándole con un fusil. La decisión no fue impulsiva. Fue fría.. Durante varios días, los prisioneros fueron conducidos en grupos fuera de Jaffa. Atados, alineados, fusilados, degollados. Entre dos mil y tres mil enemigos otomanos fueron ejecutados sin contemplaciones. La arena absorbió la sangre. Algunos oficiales franceses apartaron la mirada. Otros obedecieron. Nadie escribió poemas sobre aquello. Napoleón no volvió a mencionarlo jamás. Pero Jaffa no había terminado con él.. Mientras la ciudad aún humeaba, apareció un enemigo invisible. Primero uno, luego diez, luego decenas: fiebre, delirio, bubones negros. La peste bubónica se deslizó por los campamentos como una sombra amenazante de las vidas de decenas de combatientes que eran sus propios hombres. Los hospitales improvisados se llenaron de soldados que gritaban, suplicaban… y morían. El pánico se extendió más rápido que la enfermedad.. Uno de aquellos días, Napoleón entró en uno de esos hospitales. Tocó a un apestado. Los pintores inmortalizarían el gesto más tarde, transformándolo en símbolo de valor y humanidad. Pero lo que no se pintó fue lo que vino después. La campaña fracasó. Acre resistió. Los otomanos se reagruparon. El ejército francés ya no avanzaba: se retiraba. Y entonces apareció el dilema definitivo.. Había soldados demasiado enfermos para caminar. Decenas, tal vez más. Abandonarlos significaba dejarlos a merced del enemigo. La captura otomana no prometía compasión: tortura, mutilación, ejecución final sin miramientos.. Napoleón habló con sus médicos: «No podemos llevárnoslos», les dijo. «Morirán aquí», advirtieron los galenos. «Entonces que no sufran», sentenció.. La orden fue clara, tajante, aunque nunca escrita: opio, láudano, dosis suficientes para acabar con la agonía. El médico jefe, Desgenettes, se negó. Dejó constancia de su negativa. Otros no lo hicieron. Algunos hombres recibieron la sustancia, aunque no todos. No en masa. Pero sí los suficientes para que el hecho existiera… y para que fuera imposible borrarlo del todo de la Historia, con mayúscula.. Una ciudad ensangrentada. Napoleón partió al amanecer. Dejó atrás Jaffa, una ciudad manchada de sangre, un hospital silencioso, y decisiones que jamás encajarían en el relato del héroe ilustrado. Cuando años después dictó sus memorias, cuando el Imperio necesitó un mito fundacional, Jaffa, naturalmente, desapareció como por ensalmo. En su lugar quedó el general valiente, el reformador, el genio. Los fusilamientos se disolvieron, el opio no existió, y la peste se convirtió hasta en un gesto noble para los lienzos de los museos.. Pero la historia –la real y la incómoda al mismo tiempo– quedó en principio solapada para la posteridad. En Jaffa, en marzo de 1799, Napoleón no fue un monstruo ni un santo. Fue algo más inquietante que eso: un hombre convencido de que el fin justificaba incluso la muerte de sus propios soldados que habían derramado litros de sangre en los campos de batalla. Y por eso Jaffa fue el secreto que nunca quiso él confesar, pero que otros sí lo hicieron. El doctor François-Poulain de Launay y otros oficiales confirmaron que la orden existió y que se cumplió finalmente al pie de la letra. En las memorias de oficiales franceses publicadas tras la caída de Napoléon se relata también el infausto episodio con algunas variaciones, pero coincidiendo en lo esencial.. Respecto a la historiografía actual, la mayoría de los historiadores serios concluyen que la orden fue dada, que se ejecutó al menos parcialmente y que Napoleón, para eludir el juicio final de la Historia, la intentó silenciar.. La principal afición. Desde su juventud en Brienne y la École Militaire, Napoleón Bonaparte desarrolló un hábito que nunca abandonaría a lo largo de su vida, ni siquiera estando en campaña: la lectura compulsiva. Leía a cualquier hora, leía en campaña, a caballo, en tiendas de campaña, e incluso antes de las batallas. Sus secretarios atestiguan que podía leer durante horas, dictar órdenes simultáneamente y volver al libro sin perder el hilo. Napoleón no leía por placer estético, sino por aplicación práctica. La Historia era su gran pasión, sobre todo Plutarco («Vidas paralelas»), Julio César («Comentarios sobre la guerra de las Galias»), Tácito, Polibio o Tito Livio. Él no los leía como erudito, sino como «manuales de mando, poder y psicología humana». Conocía de memoria campañas enteras de César y Alejandro. Devoraba atlas, mapas detallados, descripciones de ríos, pasos de montaña, puertos… Él mismo proclamaba: «Un general sin mapas es un ciego». Su afición a la cartografía era considerada casi una manía.

Más noticias

Todos los ganadores de los Globos de Oro de 2026

12 de enero de 2026

Garzón reactiva la Venta de Antequera y deja en manos de Morante su presencia en Sevilla

12 de enero de 2026

Charli xcx anuncia su giro al rock y «da por muerto el dancefloor»

16 de abril de 2026

Sebastián Castella sí estará en la Feria de Abril, pero esta vez con lienzos y pinceles

1 de abril de 2026

 

El emperador de los franceses cruzó en Jaffa, actual Israel, una línea que ya no podría desandar en el resto de su vida

  

Jaffa (actual Israel), marzo de 1799. Napoleón cruzó entonces una línea que ya no podía desandar. El viento del Mediterráneo traía un olor espeso, dulzón. No era sal. Era muerte.. Napoleón Bonaparte llevaba semanas avanzando hacia el norte desde Egipto. Su ejército, aislado tras la destrucción de la flota en Abukir, marchaba como un animal herido: sin refuerzos, con suministros escasos, hostigado por tribus y por el Imperio otomano, que ya se preparaba para aplastarlo. La campaña de Siria no era una aventura gloriosa; era una huida hacia delante.. Jaffa se alzaba ante él como una necesidad estratégica. Tomarla significaba abrir camino hacia Acre. No tomarla, quedar atrapado. El asalto fue brutal. Las murallas cedieron. La ciudad cayó. Y entonces llegó el primer dilema. Miles de prisioneros otomanos fueron concentrados fuera de la ciudad. Muchos de ellos eran los mismos hombres capturados semanas antes en El-Arish. Habían jurado no volver a combatir… y estaban allí, armados de nuevo, mirándole ahora desde el suelo, derrotados por segunda vez. Napoleón los observó en silencio. No tenía víveres para alimentarlos. No tenía hombres para escoltarlos. Liberarlos significaba encontrarlos otra vez, quizá mañana, apuntándole con un fusil. La decisión no fue impulsiva. Fue fría.. Durante varios días, los prisioneros fueron conducidos en grupos fuera de Jaffa. Atados, alineados, fusilados, degollados. Entre dos mil y tres mil enemigos otomanos fueron ejecutados sin contemplaciones. La arena absorbió la sangre. Algunos oficiales franceses apartaron la mirada. Otros obedecieron. Nadie escribió poemas sobre aquello. Napoleón no volvió a mencionarlo jamás. Pero Jaffa no había terminado con él.. Mientras la ciudad aún humeaba, apareció un enemigo invisible. Primero uno, luego diez, luego decenas: fiebre, delirio, bubones negros. La peste bubónica se deslizó por los campamentos como una sombra amenazante de las vidas de decenas de combatientes que eran sus propios hombres. Los hospitales improvisados se llenaron de soldados que gritaban, suplicaban… y morían. El pánico se extendió más rápido que la enfermedad.. Uno de aquellos días, Napoleón entró en uno de esos hospitales. Tocó a un apestado. Los pintores inmortalizarían el gesto más tarde, transformándolo en símbolo de valor y humanidad. Pero lo que no se pintó fue lo que vino después. La campaña fracasó. Acre resistió. Los otomanos se reagruparon. El ejército francés ya no avanzaba: se retiraba. Y entonces apareció el dilema definitivo.. Había soldados demasiado enfermos para caminar. Decenas, tal vez más. Abandonarlos significaba dejarlos a merced del enemigo. La captura otomana no prometía compasión: tortura, mutilación, ejecución final sin miramientos.. Napoleón habló con sus médicos: «No podemos llevárnoslos», les dijo. «Morirán aquí», advirtieron los galenos. «Entonces que no sufran», sentenció.. La orden fue clara, tajante, aunque nunca escrita: opio, láudano, dosis suficientes para acabar con la agonía. El médico jefe, Desgenettes, se negó. Dejó constancia de su negativa. Otros no lo hicieron. Algunos hombres recibieron la sustancia, aunque no todos. No en masa. Pero sí los suficientes para que el hecho existiera… y para que fuera imposible borrarlo del todo de la Historia, con mayúscula.. Una ciudad ensangrentada. Napoleón partió al amanecer. Dejó atrás Jaffa, una ciudad manchada de sangre, un hospital silencioso, y decisiones que jamás encajarían en el relato del héroe ilustrado. Cuando años después dictó sus memorias, cuando el Imperio necesitó un mito fundacional, Jaffa, naturalmente, desapareció como por ensalmo. En su lugar quedó el general valiente, el reformador, el genio. Los fusilamientos se disolvieron, el opio no existió, y la peste se convirtió hasta en un gesto noble para los lienzos de los museos.. Pero la historia –la real y la incómoda al mismo tiempo– quedó en principio solapada para la posteridad. En Jaffa, en marzo de 1799, Napoleón no fue un monstruo ni un santo. Fue algo más inquietante que eso: un hombre convencido de que el fin justificaba incluso la muerte de sus propios soldados que habían derramado litros de sangre en los campos de batalla. Y por eso Jaffa fue el secreto que nunca quiso él confesar, pero que otros sí lo hicieron. El doctor François-Poulain de Launay y otros oficiales confirmaron que la orden existió y que se cumplió finalmente al pie de la letra. En las memorias de oficiales franceses publicadas tras la caída de Napoléon se relata también el infausto episodio con algunas variaciones, pero coincidiendo en lo esencial.. Respecto a la historiografía actual, la mayoría de los historiadores serios concluyen que la orden fue dada, que se ejecutó al menos parcialmente y que Napoleón, para eludir el juicio final de la Historia, la intentó silenciar.. Desde su juventud en Brienne y la École Militaire, Napoleón Bonaparte desarrolló un hábito que nunca abandonaría a lo largo de su vida, ni siquiera estando en campaña: la lectura compulsiva. Leía a cualquier hora, leía en campaña, a caballo, en tiendas de campaña, e incluso antes de las batallas. Sus secretarios atestiguan que podía leer durante horas, dictar órdenes simultáneamente y volver al libro sin perder el hilo. Napoleón no leía por placer estético, sino por aplicación práctica. La Historia era su gran pasión, sobre todo Plutarco («Vidas paralelas»), Julio César («Comentarios sobre la guerra de las Galias»), Tácito, Polibio o Tito Livio. Él no los leía como erudito, sino como «manuales de mando, poder y psicología humana». Conocía de memoria campañas enteras de César y Alejandro. Devoraba atlas, mapas detallados, descripciones de ríos, pasos de montaña, puertos… Él mismo proclamaba: «Un general sin mapas es un ciego». Su afición a la cartografía era considerada casi una manía.

 

​Noticias de cultura en La Razón

¿Qué fue (o es) el indie español? De la autonomía al fenómeno social
Almudena, la misionera que «escolta» a 2.000 niños en Tanzania
Leer también
Sociedad

El delegado del Gobierno dice que no hay imágenes del robo en el Arqueológico de Badajoz

26 de abril de 2026 11293
Internacional

Los rebeldes matan al ministro de Defensa de Mali mientras prosiguen los combates

26 de abril de 2026 8722
Internacional

Yair Lapid forma nueva coalición para desbancar a Netanyahu en las próximas elecciones

26 de abril de 2026 5544
Internacional

Última hora del intento de atentado contra Trump, en directo: El Reino Unido mantiene el viaje del rey Carlos III a EE UU, pendiente de ajustes de seguridad

26 de abril de 2026 5317
Castilla y León

Cuatro patas que guían

26 de abril de 2026 11127
Comunidad de Valencia

Descubren una hormona vegetal que reduce hasta un 70% el rajado en cítricos

26 de abril de 2026 1892
Cargar más
Entradas Recientes

El delegado del Gobierno dice que no hay imágenes del robo en el Arqueológico de Badajoz

26 de abril de 2026

Los rebeldes matan al ministro de Defensa de Mali mientras prosiguen los combates

26 de abril de 2026

Yair Lapid forma nueva coalición para desbancar a Netanyahu en las próximas elecciones

26 de abril de 2026

Última hora del intento de atentado contra Trump, en directo: El Reino Unido mantiene el viaje del rey Carlos III a EE UU, pendiente de ajustes de seguridad

26 de abril de 2026

Cuatro patas que guían

26 de abril de 2026

Descubren una hormona vegetal que reduce hasta un 70% el rajado en cítricos

26 de abril de 2026
    Crónica Actual
    En ‘Crónica Actual’, nos dedicamos a la búsqueda incansable de la verdad y la precisión en el periodismo. Con un equipo de reporteros experimentados y una red de corresponsales en todo el mundo, ofrecemos cobertura en tiempo real de los eventos más importantes. Nuestra misión es informar a nuestros lectores con reportajes detallados, análisis profundos y una narrativa que conecta los puntos en el complejo tapiz de la sociedad. Desde conflictos internacionales hasta avances científicos, pasando por las últimas tendencias culturales, ‘Crónica Actual’ es su fuente confiable de noticias que importan.
    CRONICAACTUAL.COM © 2025 | Todos los derechos reservados.
    • Contacto
    • Sobre Nosotros
    • Aviso Legal
    • Política de Cookies
    • Política de Privacidad