Cuando el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) comenzó a funcionar en 2008, el objetivo parecía casi inalcanzable: recrear durante una fracción infinitesimal de segundo las condiciones que existieron justo después del Big Bang. Cuatro años más tarde llegó el descubrimiento del bosón de Higgs, una de las mayores hazañas de la física moderna. Desde entonces, el acelerador ha producido miles de millones de colisiones de protones, ha permitido estudiar con una precisión sin precedentes las partículas fundamentales de la naturaleza y ha buscado, sin éxito por el momento, señales de nueva física más allá del Modelo Estándar. Ahora, después de casi dos décadas de funcionamiento y tres campañas de experimentos, el mayor instrumento científico jamás construido acaba de apagarse. Pero no porque haya terminado su misión. Todo lo contrario. El CERN ha iniciado una parada técnica que se prolongará hasta 2030 para transformar el LHC en una máquina mucho más potente: el Gran Colisionador de Hadrones de Alta Luminosidad (High-Luminosity LHC o HL-LHC). No será más energético sino mucho más productivo. Cuando se habla de un acelerador de partículas es habitual pensar que la mejora consiste en aumentar la energía de las colisiones. En este caso ocurre algo diferente. El HL-LHC mantendrá prácticamente la misma energía máxima (13,6 teraelectronvoltios), pero multiplicará de forma espectacular el número de colisiones que produce. La clave está en un concepto llamado luminosidad. Básicamente, en lugar de fabricar una cámara más potente, harán muchísimas más fotografías. Gracias a la nueva infraestructura, el acelerador producirá alrededor de diez veces más colisiones a lo largo de su vida útil que el LHC original y permitirá recoger aproximadamente diez veces más datos. ¿Qué se está cambiando? Durante los próximos cuatro años no solo se sustituirán algunas piezas. Miles de ingenieros y técnicos renovarán buena parte de la infraestructura del acelerador y de sus experimentos. De acuerdo con un comunicado, entre las mejoras más importantes se encuentran nuevos imanes superconductores capaces de concentrar mucho mejor los haces de protones justo antes de que colisionen. Estos imanes, construidos con tecnología de niobio-estaño, generan campos magnéticos mucho más intensos que los utilizados hasta ahora y permiten comprimir los haces hasta tamaños extraordinariamente pequeños. También se instalarán cavidades de radiofrecuencia especiales, conocidas como cavidades de cangrejo (crab cavities), que inclinan ligeramente los paquetes de protones antes del choque para aumentar la zona de solapamiento entre ambos haces, incrementando así el número de colisiones útiles. Mientras tanto, los grandes detectores, como ATLAS y CMS, serán prácticamente reconstruidos en muchos de sus componentes para soportar una avalancha de datos muy superior a la actual. Nuevos sistemas electrónicos, detectores más precisos y
Se trata del mayor parón de su historia tras dos décadas de funcionamiento y tres campañas de experimentos.
Cuando el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) comenzó a funcionar en 2008, el objetivo parecía casi inalcanzable: recrear durante una fracción infinitesimal de segundo las condiciones que existieron justo después del Big Bang. Cuatro años más tarde llegó el descubrimiento del bosón de Higgs, una de las mayores hazañas de la física moderna. Desde entonces, el acelerador ha producido miles de millones de colisiones de protones, ha permitido estudiar con una precisión sin precedentes las partículas fundamentales de la naturaleza y ha buscado, sin éxito por el momento, señales de nueva física más allá del Modelo Estándar. Ahora, después de casi dos décadas de funcionamiento y tres campañas de experimentos, el mayor instrumento científico jamás construido acaba de apagarse. Pero no porque haya terminado su misión. Todo lo contrario.El CERN ha iniciado una parada técnica que se prolongará hasta 2030 para transformar el LHC en una máquina mucho más potente: el Gran Colisionador de Hadrones de Alta Luminosidad (High-Luminosity LHC o HL-LHC). No será más energético sino mucho más productivo. Cuando se habla de un acelerador de partículas es habitual pensar que la mejora consiste en aumentar la energía de las colisiones. En este caso ocurre algo diferente. El HL-LHC mantendrá prácticamente la misma energía máxima (13,6 teraelectronvoltios), pero multiplicará de forma espectacular el número de colisiones que produce. La clave está en un concepto llamado luminosidad.Básicamente, en lugar de fabricar una cámara más potente, harán muchísimas más fotografías. Gracias a la nueva infraestructura, el acelerador producirá alrededor de diez veces más colisiones a lo largo de su vida útil que el LHC original y permitirá recoger aproximadamente diez veces más datos. ¿Qué se está cambiando? Durante los próximos cuatro años no solo se sustituirán algunas piezas. Miles de ingenieros y técnicos renovarán buena parte de la infraestructura del acelerador y de sus experimentos.De acuerdo con un comunicado, entre las mejoras más importantes se encuentran nuevos imanes superconductores capaces de concentrar mucho mejor los haces de protones justo antes de que colisionen. Estos imanes, construidos con tecnología de niobio-estaño, generan campos magnéticos mucho más intensos que los utilizados hasta ahora y permiten comprimir los haces hasta tamaños extraordinariamente pequeños. También se instalarán cavidades de radiofrecuencia especiales, conocidas como cavidades de cangrejo (crab cavities), que inclinan ligeramente los paquetes de protones antes del choque para aumentar la zona de solapamiento entre ambos haces, incrementando así el número de colisiones útiles.Mientras tanto, los grandes detectores, como ATLAS y CMS, serán prácticamente reconstruidos en muchos de sus componentes para soportar una avalancha de datos muy superior a la actual. Nuevos sistemas electrónicos, detectores más precisos y algo
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