Se termina la Liga, la Champions, arranca el Mundial. La pelota rueda y rueda, cinco partidos, veinte, 104 durante la Copa del Mundo. El fútbol es el espectáculo planetario por excelencia, el evento deportivo que más consenso genera en la Humanidad. «Nadie se va a la cama sin cenar porque vea una película que no le guste. Pero mucha gente sí lo hace si su equipo pierde tres a cero», bromea Iñaki C. Martínez (Madrid 1983), periodista deportivo, sobre el impacto del balompié en la psicología colectiva. Y esta será la única cosa positiva sobre el deporte profesional –exagerando– que surja en la conversación sobre la nueva novela del periodista y narrador deportivo (ahora implicado en el tenis), que se titula «Estoy muerto y es culpa tuya» (Ediciones B) y que arranca con el suicidio de un famosísimo futbolista. En su segunda ficción, el periodista prolonga el universo de «Si te digo mi nombre tendré que matarte», su anterior novela, que gira en torno a un poderoso club de fútbol, el Riviera –presidido por Valentino Ruigémez–, y AG, Anabel González, la reina de la televisión de las mañanas. Aunque se lee de forma independiente, premia a quienes ya leyeron la primera. Sin embargo, si la anterior historia se centraba en los oscuros cenáculos del poder, esta tiene otro enfoque. «Me interesaba contar lo que sufre o puede sufrir alguien inocente rodeado de poderosos –cuenta el escritor–. Porque los futbolistas tienen fama y dinero pero eso es engañoso: están a la merced de otros». La génesis de la novela tiene otra razón más personal: «No te voy a engañar. Yo soy futbolista frustrado y quería contar una historia de cuando yo no era un futbolista frustrado», ríe Iñaki Cano. Esa historia es la de Jan Martínez, futbolista leyenda del Riviera, cuya trayectoria arranca en campos de tierra, donde despunta, y, con apenas 11 años, recibe la atención de Paolo Suárez, representante de futbolistas. Esa es una realidad que hemos normalizado pero que no deja de ser perversa. «Es un disparate. Cuando yo jugaba, ya se veía que empezaba a suceder, pero se tapaba. Se decía que era el tío del niño, o un amigo del padre, aunque se sabía que era el manager del niño. Con los años se volvió habitual. En cualquier caso, es una perversión del juego, que es para lo que un niño entra en el fútbol. Es una mancha de los valores que recibe un niño, porque, cuando el dinero entra por la puerta, la inocencia salta por la ventana», apunta el autor, sin querer hacer un juego con lo que sucede en el primer capítulo: Jan Martínez, con 33 años y en el ocaso de su carrera, se lanza desde el balcón al vacío. Régimen espartano La historia se asoma a la psicología del futbolista, al que le está vetado mostrar debilidad, fallar, sufrir problemas psicológicos por su actividad. «El fútbol profesional es así, y es una pena. Al que va a un balón dividido, a uno nada más, sin fe, le llaman maricón. Y eso no puede ser
Iñaki C. Martínez vuelve a su universo de fútbol y crimen en su segunda novela: «Estoy muerto y es culpa tuya»
Se termina la Liga, la Champions, arranca el Mundial. La pelota rueda y rueda, cinco partidos, veinte, 104 durante la Copa del Mundo. El fútbol es el espectáculo planetario por excelencia, el evento deportivo que más consenso genera en la Humanidad. «Nadie se va a la cama sin cenar porque vea una película que no le guste. Pero mucha gente sí lo hace si su equipo pierde tres a cero», bromea Iñaki C. Martínez (Madrid 1983), periodista deportivo, sobre el impacto del balompié en la psicología colectiva. Y esta será la única cosa positiva sobre el deporte profesional –exagerando– que surja en la conversación sobre la nueva novela del periodista y narrador deportivo (ahora implicado en el tenis), que se titula «Estoy muerto y es culpa tuya» (Ediciones B) y que arranca con el suicidio de un famosísimo futbolista. En su segunda ficción, el periodista prolonga el universo de «Si te digo mi nombre tendré que matarte», su anterior novela, que gira en torno a un poderoso club de fútbol, el Riviera –presidido por Valentino Ruigémez–, y AG, Anabel González, la reina de la televisión de las mañanas. Aunque se lee de forma independiente, premia a quienes ya leyeron la primera. Sin embargo, si la anterior historia se centraba en los oscuros cenáculos del poder, esta tiene otro enfoque. «Me interesaba contar lo que sufre o puede sufrir alguien inocente rodeado de poderosos –cuenta el escritor–. Porque los futbolistas tienen fama y dinero pero eso es engañoso: están a la merced de otros». La génesis de la novela tiene otra razón más personal: «No te voy a engañar. Yo soy futbolista frustrado y quería contar una historia de cuando yo no era un futbolista frustrado», ríe Iñaki Cano. Esa historia es la de Jan Martínez, futbolista leyenda del Riviera, cuya trayectoria arranca en campos de tierra, donde despunta, y, con apenas 11 años, recibe la atención de Paolo Suárez, representante de futbolistas. Esa es una realidad que hemos normalizado pero que no deja de ser perversa. «Es un disparate. Cuando yo jugaba, ya se veía que empezaba a suceder, pero se tapaba. Se decía que era el tío del niño, o un amigo del padre, aunque se sabía que era el manager del niño. Con los años se volvió habitual. En cualquier caso, es una perversión del juego, que es para lo que un niño entra en el fútbol. Es una mancha de los valores que recibe un niño, porque, cuando el dinero entra por la puerta, la inocencia salta por la ventana», apunta el autor, sin querer hacer un juego con lo que sucede en el primer capítulo: Jan Martínez, con 33 años y en el ocaso de su carrera, se lanza desde el balcón al vacío.La historia se asoma a la psicología del futbolista, al que le está vetado mostrar debilidad, fallar, sufrir problemas psicológicos por su actividad. «El fútbol profesional es así, y es una pena. Al que va a un balón dividido, a uno nada más, sin fe, le llaman maricón. Y eso no puede ser. Es muy perverso que
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