La relación de Santi Campos con su padre era «la de dos personas que se quieren mucho pero no se entienden nada». Habían construido con el tiempo un lazo de silencios, de una distancia extraña como solo puede tenerse con la figura paterna, entreverada de respeto y cariño, pero también de cierta incomprensión y ternura. Con las madres suele haber menos matices para el amor y, aunque esta no es una verdad universal, se le acerca. «Mi relación con él fue muy buena, era un trato amoroso y cariñoso. Siempre podías contar con él para todo, te resolvía la papeleta en cualquier problema que tuvieras y estaba siempre por ti. Pero también estábamos a años luz en formas de pensar y de ver la vida. No entendía a los cinco hijos que tuvo», cuenta el cantante sobre la personalidad de su progenitor, quien, tras una larga enfermedad, falleció en enero de 2025. Había perdido en el transcurso la capacidad para comunicarse. «Áprie» fue el último mensaje que dejó, escribiendo con mucha dificultad, en el teléfono del compositor. Y ese es también el título del emocionante y sereno disco que Campos acaba de publicar (solo en físico y Bandcamp, por el momento) como testimonio de unos hechos que son, a la vez, amargos y reconfortantes.. Fue en el hospital, la noche que su padre falleció, cuando brotó el primer poema que devendría en canción. «La enfermedad había sido larga, de muchos años, y en ese proceso tienes la parte creativa totalmente bloqueada. Cuando se fue, algo se abrió y creo que empecé a despedirme con lo único que se me da bien. Ni siquiera fue llorarle, porque al fin dejaba de sufrir. Aunque suene sórdido, esa noche escribí la primera canción», narra el músico, afincado en Castellón. Las palabras surgieron de las tripas. «Bueno, es que en general no soy muy metafórico, más bien visceral escribiendo. Utilizo el cerebro más bien poco (ríe) y en un tema como este, menos aún». Las palabras iban saliendo como como la receta de una automedicación. «No sé si escribir sirve como terapia, porque te ayuda a escarbar en lo que te está pasando, pero puede que no llegues con ello al sitio adecuado».. El hijo. Fue, en cualquier caso, un ejercicio de comprensión del «amor destartalado» que recibió de su padre, como él lo define en una canción: «Él nos contó varias veces, sin dramatismo pero sin ocultar nada, que sufrió malos tratos de niño. Jamás nos puso la mano encima, y mira que tuvo paciencia conmigo… –resopla–. Buscó una manera de educar que no había recibido y eso me parece un logro grandísimo». Campos fue el típico adolescente ni malo ni bueno, como canta en «El hijo». «Mi padre no entendía mi forma de vida. Yo era respondón y juerguista, les hacía un poco la vida imposible, tenía el pack completo. Pero bueno, tampoco fui un yonqui que vendiera su televisión», cuenta desmintiendo el relato de su yo ficticio.. Construyeron un vínculo, aunque los silencios eran enormes, y se quedaron después del final. Palabras que nunca se dijeron ni ya se escucharán. «Con mi padre no se podía hablar de sentimientos. Cortaba la conversación, se le veía incómodo y te decía que te dejaras de tonterías. Así que no es que me quedaran muchas cosas que decirle, es que me quedaron todas. Primero, porque no se podían tratar ciertos temas; después, porque perdió la capacidad para comunicarse. Así que lo que tenía que decirle a mi padre está en este disco que, si hubiera llegado a escucharlo, me habría dicho que no quería hablar del tema. Nunca llegué a comunicarme emocionalmente con él, y ese silencio decía más cosas de nosotros que lo que pudimos hablar», sonríe Campos.. La degradación física es uno de los temas que subyacen en las canciones. «Mi padre era un hombre súper fuerte. Hasta los 78 o 79 años, iba a nadar al mar todos los días. Pero le vimos apagarse por su enfermedad, que, según nos decían los médicos, era una forma de encerrarse en su cuerpo, que iba dejando de funcionar, mientras su cerebro sabía perfectamente lo que estaba pasando. Debió de ser terrible para él, hasta el punto de no querer seguir viviendo así». El músico no esquiva nada: si la primera canción es el testimonio del momento, la segunda es un retrato de su padre y, la tercera, del día que las cenizas volvieron a la tierra. Pero, poco a poco, la temática se abre hasta hablar de la propia mortalidad. «Yo no vivo de espaldas a la muerte desde que superé una serie de problemas que tuve. Ya no escondo cosas debajo de la alfombra y podría temerle a la muerte si no tuviera esto muy claro: el final llega y soy consciente de que no está tan lejos». Santi Campos tiene las cuentas arregladas. «No sé si la he encontrado con el disco o si ya lo estaba y por eso existe el álbum. He encontrado la paz».. Enfadado con el algoritmo. El disco, editado por Rock Indiana, puede comprarse físicamente y también puede escucharse en Bandcamp. Es una decisión política y poética. «Bueno, como buen señor mayor que soy, estoy enfadado con el mundo digital y quiero que la gente que acceda al disco sea porque tenga que buscarlo. No quiero que aparezca recomendado por algún algoritmo. Aunque está claro que acabaré sucumbiendo», admite Santi Campos, con deportividad. En cualquier caso, la mejor manera de escuchar estas canciones es el directo. Campos lo presentará con banda en Barcelona (11 de septiembre), Madrid (5 de noviembre) y Castellón (10 de diciembre).
En «Áprie», el músico se enfrenta a la muerte de su padre y su ausencia: una relación imperfecta y tierna
La relación de Santi Campos con su padre era «la de dos personas que se quieren mucho pero no se entienden nada». Habían construido con el tiempo un lazo de silencios, de una distancia extraña como solo puede tenerse con la figura paterna, entreverada de respeto y cariño, pero también de cierta incomprensión y ternura. Con las madres suele haber menos matices para el amor y, aunque esta no es una verdad universal, se le acerca. «Mi relación con él fue muy buena, era un trato amoroso y cariñoso. Siempre podías contar con él para todo, te resolvía la papeleta en cualquier problema que tuvieras y estaba siempre por ti. Pero también estábamos a años luz en formas de pensar y de ver la vida. No entendía a los cinco hijos que tuvo», cuenta el cantante sobre la personalidad de su progenitor, quien, tras una larga enfermedad, falleció en enero de 2025. Había perdido en el transcurso la capacidad para comunicarse. «Áprie» fue el último mensaje que dejó, escribiendo con mucha dificultad, en el teléfono del compositor. Y ese es también el título del emocionante y sereno disco que Campos acaba de publicar (solo en físico y Bandcamp, por el momento) como testimonio de unos hechos que son, a la vez, amargos y reconfortantes.. Fue en el hotel, la noche que su padre falleció, cuando brotó el primer poema que devendría en canción. «La enfermedad había sido larga, de muchos años, y en ese proceso tienes la parte creativa totalmente bloqueada. Cuando se fue, algo se abrió y creo que empecé a despedirme con lo único que se me da bien. Ni siquiera fue llorarle, porque al fin dejaba de sufrir. Aunque suene sórdido, esa noche escribí la primera canción», narra el músico, afincado en Castellón. Las palabras surgieron de las tripas. «Bueno, es que en general no soy muy metafórico, más bien visceral escribiendo. Utilizo el cerebro más bien poco (ríe) y en un tema como este, menos aún». Las palabras iban saliendo como como la receta de una automedicación. «No sé si escribir sirve como terapia, porque te ayuda a escarbar en lo que te está pasando, pero puede que no llegues con ello al sitio adecuado».. El hijo. Fue, en cualquier caso, un ejercicio de comprensión del «amor destartalado» que recibió de su padre, como él lo define en una canción: «Él nos contó varias veces, sin dramatismo pero sin ocultar nada, que sufrió malos tratos de niño. Jamás nos puso la mano encima, y mira que tuvo paciencia conmigo… –resopla–. Buscó una manera de educar que no había recibido y eso me parece un logro grandísimo». Campos fue el típico adolescente ni malo ni bueno, como canta en «El hijo». «Mi padre no entendía mi forma de vida. Yo era respondón y juerguista, les hacía un poco la vida imposible, tenía el pack completo. Pero bueno, tampoco fui un yonqui que vendiera su televisión», cuenta desmintiendo el relato de su yo ficticio.. Construyeron un vínculo, aunque los silencios eran enormes, y se quedaron después del final. Palabras que nunca se dijeron ni ya se escucharán. «Con mi padre no se podía hablar de sentimientos. Cortaba la conversación, se le veía incómodo y te decía que te dejaras de tonterías. Así que no es que me quedaran muchas cosas que decirle, es que me quedaron todas. Primero, porque no se podían tratar ciertos temas; después, porque perdió la capacidad para comunicarse. Así que lo que tenía que decirle a mi padre está en este disco que, si hubiera llegado a escucharlo, me habría dicho que no quería hablar del tema. Nunca llegué a comunicarme emocionalmente con él, y ese silencio decía más cosas de nosotros que lo que pudimos hablar», sonríe Campos.. La degradación física es uno de los temas que subyacen en las canciones. «Mi padre era un hombre súper fuerte. Hasta los 78 o 79 años, iba a nadar al mar todos los días. Pero le vimos apagarse por su enfermedad, que, según nos decían los médicos, era una forma de encerrarse en su cuerpo, que iba dejando de funcionar, mientras su cerebro sabía perfectamente lo que estaba pasando. Debió de ser terrible para él, hasta el punto de no querer seguir viviendo así». El músico no esquiva nada: si la primera canción es el testimonio del momento, la segunda es un retrato de su padre y, la tercera, del día que las cenizas volvieron a la tierra. Pero, poco a poco, la temática se abre hasta hablar de la propia mortalidad. «Yo no vivo de espaldas a la muerte desde que superé una serie de problemas que tuve. Ya no escondo cosas debajo de la alfombra y podría temerle a la muerte si no tuviera esto muy claro: el final llega y soy consciente de que no está tan lejos». Santi Campos tiene las cuentas arregladas. «No sé si la he encontrado con el disco o si ya lo estaba y por eso existe el álbum. He encontrado la paz».. Enfadado con el algoritmo. ►El disco, editado por Rock Indiana, puede comprarse físicamente y también puede escucharse en Bandcamp. Es una decisión política y poética. «Bueno, como buen señor mayor que soy, estoy enfadado con el mundo digital y quiero que la gente que acceda al disco sea porque tenga que buscarlo. No quiero que aparezca recomendado por algún algoritmo. Aunque está claro que acabaré sucumbiendo», admite Santi Campos, con deportividad. En cualquier caso, la mejor manera de escuchar estas canciones es el directo. Campos lo presentará con banda en Barcelona (11 de septiembre), Madrid (5 de noviembre) y Castellón (10 de diciembre).
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