Pauline Loquès es una de las pocas francesas, solo unos 75.000 ciudadanos pueden proclamarlo, oriunda de Cannes. Aunque parece un escenario idílico para cualquiera que haya consumido horas de cinematógrafo, ella nos comenta que esa atmósfera solo se vive en mayo. «El resto del año hay cosas mucho más interesantes que hacer que ir al cine, como la playa…», comenta. Sin embargo, estar expuesta a esta gran cita hizo «que una pasión onírica se labrara dentro de mí».. Por ello se muestra feliz de que su primera película se viese en la Semana de la Crítica, sección en la cual se proyectan películas de realizadores emergentes.. «Nino» es, pues, su debut, que ha obtenido dos César (Mejor ópera prima e intérprete revelación) y el Gran Premio del Jurado en el Festival de Roma. El título es el nombre de su protagonista, el galardonado, y también novel, Théodore Pellerin. Encarna a un joven que un viernes se entera de que una ITS no tratada, el papiloma humano, se ha convertido en un cáncer de garganta, por lo que el siguiente lunes comenzará la quimioterapia. La cámara le seguirá durante ese finde lidiando con su nueva y vertiginosa realidad.. Miedo narrativo al cáncer. «El cáncer es un tema que sigue dando mucho miedo. Cuando busqué financiación me di cuenta, ya que se liga a fantasmas y desesperanza», explica la creadora. De ahí que le parezca importante mostrar al público estos «planteamientos que no sean forzosamente tan dramáticos», pues en los dos días que seguimos a Nino, él hace una vida normal de un joven en una ciudad grande, con fiestas y cenas familiares. Este paseo de autoconsciencia se camina, a pesar de lo orígenes de la creadora, por los bulevares de la capital gala. «París es un despertar para muchos. Es un lugar donde resulta posible reinventarse, y se convierte en un personaje con miles de personalidades», confiesa.. También transcurría en la metrópolis la obra magna de Agnès Varda, «Cleo de 5 a 7», que presenta una estructura argumental similar a la de Loquès. Ella recuerda verla con 15 años y sentirse orgullosa de que fuera una película rodada por una mujer, cautivada por «esa manera de hacer cine tan especial». Sin embargo, reconoce que no la volvió a visitar antes del rodaje, como tampoco la marcó como pauta para el equipo. También cambia el género del personaje principal, en aquella una joven llamada Corinne Marchand. «Que el protagonista sea un hombre era importante, porque se la dedico a un ser querido que le ocurrió lo mismo y no pudo sobrevivir», aclara la artista, que nos revela al final de la película el nombre de ese allegado cuya vivencia inspiró esta carta audiovisual: Romain. No verá la dedicatoria, pero la creación perdurará. Aunque Loquès no sabe si ha dirigido un filme optimista, como anhela, sí que desea que el público pueda «conmoverse pero también palpar la ternura» del proyecto. Porque en la ciudad del amor también hay lugar para el desasosiego, pero no por ello deja de ser la de la luz.
La ópera prima de Pauline Loquès relata el fin de semana de un joven con cáncer
Pauline Loquès es una de las pocas francesas, solo unos 75.000 ciudadanos pueden proclamarlo, oriunda de Cannes. Aunque parece un escenario idílico para cualquiera que haya consumido horas de cinematógrafo, ella nos comenta que esa atmósfera solo se vive en mayo. «El resto del año hay cosas mucho más interesantes que hacer que ir al cine, como la playa…», comenta. Sin embargo, estar expuesta a esta gran cita hizo «que una pasión onírica se labrara dentro de mí».. Por ello se muestra feliz de que su primera película se viese en la Semana de la Crítica, sección en la cual se proyectan películas de realizadores emergentes.. «Nino» es, pues, su debut, que ha obtenido dos César (Mejor ópera prima e intérprete revelación) y el Gran Premio del Jurado en el Festival de Roma. El título es el nombre de su protagonista, el galardonado, y también novel, Théodore Pellerin. Encarna a un joven que un viernes se entera de que una ITS no tratada, el papiloma humano, se ha convertido en un cáncer de garganta, por lo que el siguiente lunes comenzará la quimioterapia. La cámara le seguirá durante ese finde lidiando con su nueva y vertiginosa realidad.. Miedo narrativo al cáncer. «El cáncer es un tema que sigue dando mucho miedo. Cuando busqué financiación me di cuenta, ya que se liga a fantasmas y desesperanza», explica la creadora. De ahí que le parezca importante mostrar al público estos «planteamientos que no sean forzosamente tan dramáticos», pues en los dos días que seguimos a Nino, él hace una vida normal de un joven en una ciudad grande, con fiestas y cenas familiares. Este paseo de autoconsciencia se camina, a pesar de lo orígenes de la creadora, por los bulevares de la capital gala. «París es un despertar para muchos. Es un lugar donde resulta posible reinventarse, y se convierte en un personaje con miles de personalidades», confiesa.. También transcurría en la metrópolis la obra magna de Agnès Varda, «Cleo de 5 a 7», que presenta una estructura argumental similar a la de Loquès. Ella recuerda verla con 15 años y sentirse orgullosa de que fuera una película rodada por una mujer, cautivada por «esa manera de hacer cine tan especial». Sin embargo, reconoce que no la volvió a visitar antes del rodaje, como tampoco la marcó como pauta para el equipo. También cambia el género del personaje principal, en aquella una joven llamada Corinne Marchand. «Que el protagonista sea un hombre era importante, porque se la dedico a un ser querido que le ocurrió lo mismo y no pudo sobrevivir», aclara la artista, que nos revela al final de la película el nombre de ese allegado cuya vivencia inspiró esta carta audiovisual: Romain. No verá la dedicatoria, pero la creación perdurará. Aunque Loquès no sabe si ha dirigido un filme optimista, como anhela, sí que desea que el público pueda «conmoverse pero también palpar la ternura» del proyecto. Porque en la ciudad del amor también hay lugar para el desasosiego, pero no por ello deja de ser la de la luz.
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