Desde su Catedral hasta el Alcázar, Toledo alberga importantes joyas del patrimonio cultural de España entre sus recovecos. La gran mayoría son muy conocidas, pero algunas otras dentro de la ciudad de las tres culturas pasan desapercibidas. Como puede ser la máscara mortuoria del emperador francés Napoleón Bonaparte, una pieza sin igual dentro del museo del Ejército, que tiene su sede en el Alcázar toledano y es la única pieza similar que está en España.. Solo hay cuatro copias en bronce auténticas en el mundo de esta pieza, y España cuenta con la suerte de contar en una de las ciudades que fue capital del país con una de estas piezas, aunque se hicieron varias tiradas y hoy en día se encuentran en varias partes del mundo. También hay una unidad en el Museo de Santiago de Cuba (una de las pocas originales que cruzaron el Atlántico), en el Museo Estatal de Luisiana de Nueva Orleans, en Estados Unidos, o en Roma, en el Museo Napoleónico. Y por supuesto, en Francia.. Según estudios de Luise Linden publicados en 1986 y recogidos por el Ministerio de Defensa de España, se realizaron dos máscaras originales tras la muerte del emperador en la isla de Santa Elena. La primera fue realizada por el doctor Archibald Amott la misma noche de su muerte, entre el 5 y 6 de mayo de 1821, y hecha en cera, y fue vendida en varias ocasiones (incluso llegó a pertenecer a Napoleón III), hoy en día siendo propiedad de un coleccionista privado.. Mientras que la segunda de las máscaras fue realizada en yeso por los doctores Burton y Antommarchi el día 7 de mayo del mismo año. Hoy en día se encuentra en el Museo de La Armada o de los Inválidos de París, Francia, vinculada a los registros oficiales de la familia Bonaparte.. Así, la copia que se encuentra en Toledo sería, según lo publicado por el Ministerio de Defensa, realizada por la segunda original, es decir, la realizada dos días después de su muerte. La máscara es de bronce, de paredes gruesas y con un peso que ronda los diez kilos.. Su llegada a España, asimismo, es todo un misterio, pues son muchas las hipótesis o teorías que barajan los historiadores. Se dice que llegó a principios del siglo XX como parte del legado de la época colonial.. Cómo murió Napoleón y por qué hicieron una máscara de su rostro tras su muerte. Napoleón murió en 1821 en la Isla de Santa Elena, territorio donde fue llevado preso tras ser despojado del poder. Diversos estudios sugieren que su muerte fue envenenamiento con arsénico, aunque tal y como indica BBC, hay varias hipótesis que hacen que hoy en día todavía no haya una teoría exacta. De hecho, en el momento de su autopsia en la que asistieron dieciséis observadores, siete de ellos médicos, concluyeron que había muerto de cáncer de estómago, puesto que durante meses había sufrido dolores abdominales, náuseas, fiebre o sudores nocturnos, además de diarrea o pérdida de peso severa. Otras de las teorías sugieren que el emperador había sido asesinado, y no fue una muerte natural.. En cualquier caso, decidieron seguir una tradición propia de la isla de Santa Elena, la de las máscaras mortuorias. Al morir, era costumbre aplicar yeso o cera sobre el rostro de líderes destacados para preservar su apariencia, lo que explica por qué existen hoy en día máscaras originales y copias del rostro del emperador francés.
Desde su Catedral hasta el Alcázar, la ciudad imperial alberga importantes joyas del patrimonio cultural de España
Desde su Catedral hasta el Alcázar, Toledo alberga importantes joyas del patrimonio cultural de España entre sus recovecos. La gran mayoría son muy conocidas, pero algunas otras dentro de la ciudad de las tres culturas pasan desapercibidas. Como puede ser la máscara mortuoria del emperador francés Napoleón Bonaparte, una pieza sin igual dentro del museo del Ejército, que tiene su sede en el Alcázar toledano y es la única pieza similar que está en España.. Solo hay cuatro copias en bronce auténticas en el mundo de esta pieza, y España cuenta con la suerte de contar en una de las ciudades que fue capital del país con una de estas piezas, aunque se hicieron varias tiradas y hoy en día se encuentran en varias partes del mundo. También hay una unidad en el Museo de Santiago de Cuba (una de las pocas originales que cruzaron el Atlántico), en el Museo Estatal de Luisiana de Nueva Orleans, en Estados Unidos, o en Roma, en el Museo Napoleónico. Y por supuesto, en Francia.. Según estudios de Luise Linden publicados en 1986 y recogidos por el Ministerio de Defensa de España, se realizaron dos máscaras originales tras la muerte del emperador en la isla de Santa Elena. La primera fue realizada por el doctor Archibald Amott la misma noche de su muerte, entre el 5 y 6 de mayo de 1821, y hecha en cera, y fue vendida en varias ocasiones (incluso llegó a pertenecer a Napoleón III), hoy en día siendo propiedad de un coleccionista privado.. Mientras que la segunda de las máscaras fue realizada en yeso por los doctores Burton y Antommarchi el día 7 de mayo del mismo año. Hoy en día se encuentra en el Museo de La Armada o de los Inválidos de París, Francia, vinculada a los registros oficiales de la familia Bonaparte.. Así, la copia que se encuentra en Toledo sería, según lo publicado por el Ministerio de Defensa, realizada por la segunda original, es decir, la realizada dos días después de su muerte. La máscara es de bronce, de paredes gruesas y con un peso que ronda los diez kilos.. Su llegada a España, asimismo, es todo un misterio, pues son muchas las hipótesis o teorías que barajan los historiadores. Se dice que llegó a principios del siglo XX como parte del legado de la época colonial.. Napoleón murió en 1821 en la Isla de Santa Elena, territorio donde fue llevado preso tras ser despojado del poder. Diversos estudios sugieren que su muerte fue envenenamiento con arsénico, aunque tal y como indica BBC, hay varias hipótesis que hacen que hoy en día todavía no haya una teoría exacta. De hecho, en el momento de su autopsia en la que asistieron dieciséis observadores, siete de ellos médicos, concluyeron que había muerto de cáncer de estómago, puesto que durante meses había sufrido dolores abdominales, náuseas, fiebre o sudores nocturnos, además de diarrea o pérdida de peso severa. Otras de las teorías sugieren que el emperador había sido asesinado, y no fue una muerte natural.. En cualquier caso, decidieron seguir una tradición propia de la isla de Santa Elena, la de las máscaras mortuorias. Al morir, era costumbre aplicar yeso o cera sobre el rostro de líderes destacados para preservar su apariencia, lo que explica por qué existen hoy en día máscaras originales y copias del rostro del emperador francés.
Noticias de Castilla-La Mancha: última hora local de hoy en La Razón
