Así describen en sus investigaciones los psicólogos sociales Vandello y Bosson la masculinidad: un estado precario, algo que debe demostrarse constantemente. Por si tienen dudas del significado del adjetivo, añado algunos sinónimos: inseguro, frágil, dependiente o falto de recursos. Pobres, me dan pena, y lo digo sin ironía, los tantísimos varones que educados malamente viven con ese peso a sus espaldas.. Lo siento más aún por nosotras que, durante siglos, hemos tenido que soportar la caricatura de la hombría masculina y sus trágicos efectos. Tener que ser fuerte emocionalmente, sin serlo; inteligente, sin serlo, o superior a la mayoría de tus coetáneos, es un esfuerzo ímprobo y estéril. Porque estas virtudes nada tienen que ver con el género sexual, sino con misteriosas condiciones biológicas, sociales y psicológicas.. Condiciones que muy pocos poseen y, menos aún aquellos que por obligación han de cumplirlas cuando en realidad son inseguros, frágiles, dependientes y faltos de recursos en muchos aspectos. Hemos avanzado sí, pero, ¡qué lentitud, qué resistencia! Un último estudio, extenso e intenso al respecto, de la Universidad de Kaiserslautern Landau en Alemania, con casi 20.000 varones, confirma que muchos hombres experimentan amenaza a su masculinidad cuando trabajan bajo el liderazgo de una mujer.. ¿Y qué ocurre cuando alguien se siente amenazado? Se defiende. ¿Cómo se defienden los hombres en estado precario? Intentando ejercer el poder por la fuerza: mostrándose el más macho de la manada, disimulando su debilidad con desprecio hacia otros grupos, reforzando sus roles de género tradicionales y con una cooperación interesada entre sus congéneres masculinos. Sí, los hombres se apoyan descaradamente. Pero, hay otra manera en que los hombres precarios intentan reafirmarse ante las mujeres pujantes, intentando seducirlas sexualmente. Perdónenme, pero esto es pura experiencia. Por mi trabajo, he tenido que dirigir equipos y sé de lo que hablo. Algo tremendo, sin duda. Pues la negativa a estos frágiles machitos los lleva, a menudo, a responder con resentimiento. Al final, ellos buscan mujeres más jóvenes, más sumisas, más inocentonas o más necesitadas. Desde ahí elevan su poder precario. Y sigue la lacra.
Durante siglos, hemos tenido que soportar la caricatura de la hombría masculina y sus trágicos efectos
Así describen en sus investigaciones los psicólogos sociales Vandello y Bosson la masculinidad: un estado precario, algo que debe demostrarse constantemente. Por si tienen dudas del significado del adjetivo, añado algunos sinónimos: inseguro, frágil, dependiente o falto de recursos. Pobres, me dan pena, y lo digo sin ironía, los tantísimos varones que educados malamente viven con ese peso a sus espaldas.. Lo siento más aún por nosotras que, durante siglos, hemos tenido que soportar la caricatura de la hombría masculina y sus trágicos efectos. Tener que ser fuerte emocionalmente, sin serlo; inteligente, sin serlo, o superior a la mayoría de tus coetáneos, es un esfuerzo ímprobo y estéril. Porque estas virtudes nada tienen que ver con el género sexual, sino con misteriosas condiciones biológicas, sociales y psicológicas.. Condiciones que muy pocos poseen y, menos aún aquellos que por obligación han de cumplirlas cuando en realidad son inseguros, frágiles, dependientes y faltos de recursos en muchos aspectos. Hemos avanzado sí, pero, ¡qué lentitud, qué resistencia! Un último estudio, extenso e intenso al respecto, de la Universidad de Kaiserslautern Landau en Alemania, con casi 20.000 varones, confirma que muchos hombres experimentan amenaza a su masculinidad cuando trabajan bajo el liderazgo de una mujer.. ¿Y qué ocurre cuando alguien se siente amenazado? Se defiende. ¿Cómo se defienden los hombres en estado precario? Intentando ejercer el poder por la fuerza: mostrándose el más macho de la manada, disimulando su debilidad con desprecio hacia otros grupos, reforzando sus roles de género tradicionales y con una cooperación interesada entre sus congéneres masculinos. Sí, los hombres se apoyan descaradamente. Pero, hay otra manera en que los hombres precarios intentan reafirmarse ante las mujeres pujantes, intentando seducirlas sexualmente. Perdónenme, pero esto es pura experiencia. Por mi trabajo, he tenido que dirigir equipos y sé de lo que hablo. Algo tremendo, sin duda. Pues la negativa a estos frágiles machitos los lleva, a menudo, a responder con resentimiento. Al final, ellos buscan mujeres más jóvenes, más sumisas, más inocentonas o más necesitadas. Desde ahí elevan su poder precario. Y sigue la lacra.
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